CULTURA › LA FERIA “EL DORREGO/FASE 1”

Una vidriera muy lejos del shopping

Los fines de semana, 120 diseñadores exhiben una rara colección de objetos.

 Por Emanuel Respighi

Extrañísimas botas de neoprene, pequeñas ediciones de libros de autores no consagrados, numerosa discografía de grupos musicales inéditos, juegos de mesa en madera de culturas de miles de años de antigüedad, colgantes y accesorios de vestir hechos con desechos de todo tipo, y los más variados diseños de ropa que suelen no encontrarse en shoppings o locales de marca. Todo eso y mucho más son los objetos, rarezas y accesorios que se pueden encontrar en los más de 120 stands de nuevos diseñadores diseminados por los casi 10 mil metros cuadrados de superficie de El Dorrego/Fase 1, la feria de diseño e industrias culturales que abrió sus puertas el último fin de semana en el corazón de Palermo Hollywood (Dorrego y Zapiola). La feria, que además cuenta con una programación artística al tono de la propuesta, seguirá abierta al público de manera gratuita todos los fines de semana hasta el 5 de junio, de 15 a 20. Un paseo que sirve para encontrarse no sólo con los diseños de vanguardia sino también con los futuros empresarios culturales de la ciudad de Buenos Aires.
Luego de la excelente convocatoria lograda el año pasado, que sirvió de plataforma de lanzamiento de variados diseñadores, la Subsecretaría de Gestión e Industrias Culturales del gobierno porteño y el Centro Metropolitano de Diseño organizaron la feria por segundo año consecutivo. A los diseñadores de indumentaria, accesorios y marroquinería, artículos de bazar, mobiliario, juegos y juguetes didácticos, esta edición amplía su target sumando entre los oferentes la producción de editoriales independientes y sellos discográficos de la ciudad. Sobre más de 300 presentaciones para participar de la feria, finalmente fueron 120 los diseñadores que este año le ponen color y creatividad a un espacio en el que se respira talento en cada stand.
Lo primero que salta a la vista al momento de hacer un tranquilo recorrido por El Dorrego/Fase 1 es que se trata de un emprendimiento en el que se puede encontrar de todo, para todos los gustos y bolsillos. Desde percheros de resina a 10 pesos (Mitchell Colomer) hasta coloridos vestidos de jersey desde 40 pesos (Taiko), pasando por juegos de jardín para chicos, cerámica pintada a mano (Abranpaso) y zapatos de originales diseños y texturas (Unica Huella), el visitante se encuentra con un abanico de propuestas culturales pergeñadas por manos y estéticas que reivindican los proyectos independientes.
“Estar presente en El Dorrego obedece a varios motivos”, explica a Página/12 Gabriel, uno de los dueños de Puro, una marca de calzados y carteras realizados a medida y diseño del gusto de cada cliente. “El nivel de selección de esta feria es muy alto. En Puro Diseño hay 5 mil expositores, pero la selección es heterogénea. En cambio, acá el nivel es muy bueno, lo que hace que haya buena convocatoria y mejores índices de venta”, señala quien se ufana de ser una de las pocas marcas en hacer zapatos hasta el número 48 y con diseño a pedido, por un valor de entre un 20 y un 30 por ciento más que la fabricación industrial.
Pese a lo que se supone, no todos los expositores buscan vender por sobre cualquier otra cosa. Hay también quienes buscan crear un movimiento independiente a nivel cultural. “Nosotros buscamos promover y vincularnos con proyectos independientes y de vanguardia como contracultura a lo dominante”, explica Patricio Crespi, creador de Terrorismo Gráfico, la primera revista postal del país que se distribuye en varios lugares de la ciudad. “Lo nuestro es más una inversión cultural que otra cosa”, dice el diseñador gráfico, que pronto llevará la revista fronteras afuera, más específicamente a varias galerías de España.
Aunque se trata de una feria independiente, si bien casi todos los expositores realizan sus propios diseños y moldes, no pasa lo mismo con la factura, que por lo general tercerizan. Pero no se trata de una traba sino de un recurso que les permite elevar la calidad general del espacio. “No se trata de una feria artesanal”, dicen María Zysman y Paola Flores, diseñadoras de indumentaria egresadas de la UBA y dueñas de Gulubú, ropa infantil. “Nuestra idea apunta a llegar al público, pero no para vender y poder tener nuestro local y listo: nosotros queremos armar una buena marca”, señalan.
Entre adornos hechos en vidrio y ropa de disímiles diseños, se destaca el stand de Azanias, repleto de juegos antiguos de madera. Lejos del ajedrez, las damas o el backgammon, Mónica Mazzucchi se especializa en la construcción y comercialización de juegos antiguos, como El Juego Real de Ur, que tiene más de 4500 años de vida. “Soy la contracara de la feria: entre tanta modernidad, llama la atención que creaciones lúdicas antiguas sean de vanguardia para estos tiempos”, dice, mientras un nene de no más de 12 años intenta entender de qué se tratan esos juegos extraños, muy diferentes de los que juega en su computadora.

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La feria busca “vincularse con proyectos independientes, como contracultura a lo dominante”.
 
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