DEPORTES › OPINION

Día de la barra xeneize

 Por Facundo Martínez

El fútbol argentino, desgraciadamente, en su afán de disimular sus propias debilidades nos ha malacostumbrado a los eufemismos. En lugar de violencia nos habla de folklore tribunero, o del día del “hincha de Boca” en lugar del día de la barra brava, La Doce, que no por nada se festeja desde el año pasado el 12/12. El de los eufemismos no es un problema menor, porque es lo que les permite a los principales responsables de la violencia del fútbol, me refiero por supuesto a los dirigentes, que son los que les dan rienda suelta a los barrabravas, además de entradas, lugares para vender mercancías dentro de los clubes y hasta el poder de usufructo de las zonas aledañas a los estadios donde los violentos montan estacionamientos provisorios, con autos montados a 90 grados sobre las veredas, sin que ni la policía ni los clubes hagan algo incluso por la cantidad de hinchas y vecinos que se ven afectados por estos accionares.

En Boca, no nos cansamos de repetirlo, esto es moneda corriente. ¿Lo ven los dirigentes? Por supuesto, salvo que ingresen a la Bombonera cada domingo con anteojeras. ¿Y qué hacen al respecto? Poco o nada. Apenas si ensayan algún atisbo de reacción cuando aparece algún muerto demasiado cerca y, como suele ocurrir en estos casos, no es posible taparlo debajo de la alfombra.

Y aunque el muerto que dejaron los incidentes del jueves en el Obelisco apareció en Lanús, Rafael Ruiz, un chico de 18 años que recibió dos balazos en la cabeza cuando regresaba de los festejos que terminaron en vandalismo, con comercios destrozados, peleas entre hinchas y con la policía, y un saldo de 25 detenidos, alguien debería comenzar a combatir a los violentos y a sus protectores –llámense dirigentes, políticos y policía–, como bien lo indica la ley de prevención de la violencia en los espectáculos deportivos que está a la mano pero que, por lo visto, nadie se anima a aplicar con rigor. El problema de la violencia del fútbol es urgente y reclama un tratamiento serio, sin más dilaciones o paliativos.

Otra pregunta que cabe sobre los hechos registrados es si éstos, teniendo en cuenta lo que había ocurrido el mismo día del año 2012, y con los mismos protagonistas, no podían haberse prevenido. El hecho de que a la misma hora, el secretario de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, el ex juez federal Guillermo Montenegro, se encontrara jugando “un picadito” en la mismísima Bombonera no es un dato soslayable. Al contrario. Del descargo del funcionario poco se puede agregar. “No fue oportuno”, declaró en la mañana de ayer, y sobre los hechos, agregó: “No era algo que se previera el nivel de violencia que se llegó a generar”. ¿Qué esperaba Montenegro del festejo del día de la barra brava de Boca?

No obstante, el funcionario macrista comentó que “parte de la policía Metropolitana estuvo trabajando con la Policía Federal”. Ni siquiera eso parece creíble. Sobre todo si se comparan esas declaraciones radiales con lo expuesto a primera hora de la mañana de ayer por el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, quien remarcó ante los periodistas que fue la Policía Federal y no la Metropolitana la que hizo frente a la violencia y los destrozos. “La única fuerza que intervino fue la Federal. Hemos tenido que actuar porque ha habido ausencia de otras fuerzas”, apuntó el chaqueño. No fue el único funcionario del Gobierno en señalar la ausencia de la Metropolitana. El secretario de Seguridad, Sergio Berni, también salió al cruce de las declaraciones de Montenegro, y remarcó que no hubo coordinación. “Cuando se necesita templanza, la conducción de la Metropolitana no está, estamos nosotros”, dijo.

Por el lado de la dirigencia xeneize, el presidente del club, Daniel Angelici, buscó rápidamente deslindar responsabilidades. “Esto no es Boca”, fueron sus palabras, al tiempo que prometió: “Vamos a tomar medidas para que esto no ocurra más”. ¿No debió haberlo hecho para los incidentes del jueves? En fin. El mismo camino de excusas tomó el vicepresidente de Boca y diputado porteño por el PRO, Oscar Moscariello. “Los hinchas se autoconvocaron por las redes sociales, Boca institución no tiene nada que ver”, afirmó. Y con ellos también se encontró el titular de fútbol profesional e integrante de la Comisión Directiva, César Martucci: “Nada tiene que ver con los hinchas de Boca, siempre es una minoría la de la violencia”. Ninguno habló de la relación que Boca y los demás clubes del fútbol argentino tienen con sus barras bravas. No prometieron dejar de entregarles entradas o de impedirles a los violentos que ingresen la pirotecnia a la Bombonera, que la ley prohíbe y que motivó ayer un allanamiento en la sede del club. Porque de eso los dirigentes no hablan, lo hacen sólo con eufemismos. Y así la violencia seguirá ganando los estadios y también las calles, y sumando muertos.

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