ECONOMíA

Nadie espera un milagro y sí problemas políticos

En el equipo de Lavagna admiten que no esperan gran cosa de la misión del Fondo Monetario que aterrizó ayer en Buenos Aires. Pero sí temen que puedan complicar aún más las cosas para Duhalde. El fantasma del 20 de diciembre.

“No estamos esperando nada de esta misión. Al contrario, políticamente nos puede complicar las cosas.” El comentario de un estrecho colaborador de Lavagna, sobre la misión del FMI que desembarcó ayer en Buenos Aires, no deja espacio a dudas. Después de que la Argentina cayera abiertamente en default con el Banco Mundial, el viernes último, sólo un milagro podría destrabar las negociaciones con el Fondo Monetario en los próximos días. Y en el Ministerio de Economía, por ahora, son agnósticos.
Ayer aterrizó en Ezeiza el pelotón de técnicos fondomonetaristas, encabezados por John Thorton, jefe del caso argentino, y Dods Worsht, segundo de Anoop Singh en el Departamento para el Hemisferio Occidental.
La misión tiene como objetivo oficial informarse de los últimos acontecimientos ocurridos en el país. Pero este “team informativo” podría convertirse en negociador, supuestamente, si en Washington perciben que existe buena predisposición en la administración Duhalde para no sacar los pies del plato.
Los burócratas del Fondo se reunirá por primera vez con el flamante titular del Banco Central, Alfonso Prat Gay, quien deberá ponerlos al tanto de sus planes para reestructurar el sistema financiero.
A diferencia de su antecesor, Aldo Pignanelli, Prat Gay coincide con Lavagna en que un acuerdo con el Fondo no puede realizarse a cambio de seguir pagando con reservas los vencimientos con los organismos internacionales. Más aún, el ex economista del JP Morgan pretende incluso iniciar una renegociación de la deuda con dichos organismos similar a la que se pondrá en marcha con los acreedores privados, por lo que difícilmente los técnicos del FMI pueden encontrar en él la complicidad que jugaban con Pignanelli, en contra de Lavagna.
Otro tema clave es el problema de los amparos judiciales en favor de ahorristas con plazos fijos acorralados, una cuestión a la que Washington le otorga mucha más importancia que el Ministerio de Economía. En este aspecto, si bien un eventual fallo dolarizador de la Corte parece frenado, Lavagna ya transmitió una y otra vez a Washington que no hay una solución a la vista.
La misión del Fondo también auditará las cuentas fiscales. Como es sabido, presionan por un mayor ajuste para el presupuesto del año próximo, algo que Lavagna y Prat Gay rechazan de plano. Ambos sostienen que las recetas de ajuste, en medio de la recesión, no hacen más que profundizarla. Pero en el FMI también quieren saber cuál fue el impacto de la rebaja de 2 puntos en el IVA, dispuesta por el Gobierno el mes pasado.
Además, la Cámara de Diputados debe votar esta semana un amplio paquete impositivo para reforzar en mil millones de pesos los ingresos fiscales el año próximo. Los proyectos prioritarios, como la prórroga del impuesto al cheque y la reforma al impuesto a los combustibles, tienen un alto grado de consenso entre el justicialismo y el radicalismo; pero otros, como el pago de ganancias al reintegro de las exportaciones y la eliminación de los planes de competitividad, seguramente serán más difíciles de aprobar.
Finalmente, los técnicos de Washington analizarán los alcances del ajuste tarifario en los servicios públicos, que no sólo fue mucho menor al que reclamaban sino que encima cuenta con varios fallos judiciales en contra.
En este contexto, en Economía temen que la misión del Fondo en Buenos Aires cree nuevamente expectativas desmedidas sobre un eventual acuerdo.
Pero, además, les preocupa la posibilidad de que complique, políticamente, aún más las cosas para el gobierno de Duhalde. Así, ya se iniciaron gestiones para que el equipo de técnicos retorne a Washington antes del viernes próximo. El motivo de tan corta estadía sería obvio. El 20 de diciembre se cumple un año del estallido social que derrumbó al gobierno de De la Rúa. Y a ese estallido se llegó pocos días después de que Washington cortara las negociaciones y abriera definitivamente la mano al gobierno de la Alianza.

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John Thorton, el inglés a cargo del caso argentino, desembarcó ayer en Ezeiza.
Tanteará si existe buena predisposición de Duhalde para no sacar los pies del plato.
 
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