ECONOMIA › OPINION

Los más desfavorecidos no pagaron la crisis

 Por Ariel Sujarchuk *

En medio de una de las crisis económicas más grandes a nivel mundial, las políticas de este gobierno lograron mantener el bienestar y la mejora en la calidad de vida de los argentinos. Ante la misma situación, una década atrás, nuestro pueblo sufrió en carne propia ajustes injustificados en educación y salud, escasa inversión del Estado para generar producción y empleo, y recortes en salarios y jubilaciones.

Pero los tiempos cambiaron y hoy podemos afirmar que esta vez los más desfavorecidos no pagaron la crisis. Porque por ellos trabajamos especialmente, para mejorar su calidad de vida al ofrecerles el acceso a derechos básicos y a oportunidades de desarrollo a través de la inclusión y desde un abordaje integral de cada caso. Porque cada persona es una oportunidad y un proyecto para nosotros, porque estamos cerca de la gente. Desde el 2003 el gobierno nacional viene trabajando para brindarles a todos los ciudadanos el acceso a un trabajo digno, lo que nosotros entendemos como el mejor organizador social. Por eso, se generaron cinco millones de puestos, de los cuales un millón corresponde a la economía social. Esta herramienta promueve el desarrollo general de las distintas localidades y regiones de nuestro país a través del impulso de proyectos productivos personales, familiares o asociativos que fomentan el autoempleo e incorporan a la economía bienes y servicios de buena calidad. Es una nueva manera de entender la economía, fomentando el comercio justo, el trabajo digno y el consumo responsable. Y apunta a todos los actores de nuestra sociedad porque, como dijera nuestra presidenta, Cristina Fernández, “este modelo no deja afuera a nadie”.

El papel activo del Estado y su apoyo a los distintos emprendimientos productivos son un aspecto fundamental para promover y sostener en el tiempo distintas formas asociativas de producción, organización del trabajo, conformación de cadenas de valorización y comercialización. Los gobiernos de Néstor y Cristina nunca dejaron de lado sus convicciones para gobernar y lo hicieron con la valentía y el coraje que eso representa: ser la voz y la representación del pueblo. Siempre antepusieron los derechos de los 40 millones de argentinos a los negociados y prebendas de las corporaciones que arrasaron con las riquezas de nuestra patria durante las tristes y oscuras décadas del neoliberalismo. Por eso representan un faro para la consolidación de la democracia.

Si bien el modelo de acumulación y concentración de riqueza, basado en la exclusión social y la desigualdad de derechos, es moneda corriente en los países centrales, en la última década, en América latina, tal vez la región más azotada por las recetas enlatadas del mal llamado Consenso de Washington, surgieron democracias populares que diseñaron políticas de ampliación de derechos e igualdad de oportunidades –a partir de un Estado presente y proactivo– con el fin de alcanzar sociedades libres, soberanas y justas. Ese es el camino que nos trazó Néstor, el que hoy profundiza nuestra Presidenta, y al que suscribimos todos los argentinos. La codicia y la ambición de unos pocos no nos robarán el promisorio futuro de dignidad y esperanza que estamos construyendo como pueblo.

* Subsecretario de Comercialización de la Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

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