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Martes, 12 de febrero de 2013

CINE › INFLUENCIA DEL CINE DE LA REPúBLICA DE WEIMAR

Aquella diversidad destruida

Bajo el título The Weimar Touch una retrospectiva recupera, en el marco de una muestra histórica monumental, 31 films en donde participan artistas –directores, fotógrafos, compositores, actores– que después de 1933 debieron seguir el camino del exilio.

 Por Luciano Monteagudo

Desde Berlín

Pasaron 80 años, pero la ciudad no olvida. Y tampoco podría: las cicatrices de la Historia todavía están a la vista, como la legendaria Brandeburger Tor, sobre la avenida Unter den Linden, la puerta de la ciudad levantada a fines del siglo XVIII y bajo la cual el 30 de enero de 1933 unos 15.000 miembros del Partido Nacionalsocialista desfilaron para celebrar la llegada de un tal Adolf Hitler a la Cancillería del Reich. Para volver a dar testimonio de esos tiempos oscuros, Berlín ha declarado la caída de la República de Weimar “Tema del año” y la ciudad toda se pliega al recordatorio.

El imponente Museo Histórico de Berlín es el núcleo del proyecto y su muestra principal –que se extenderá hasta noviembre– se titula Zerstörte Vielfalt Berlin 1933-1938. Esa “diversidad destruida” a la que se refiere la exposición fue la de una ciudad que brilló como ninguna en todos los campos del arte y la cultura durante los años ’20 y comienzos de los ’30 y que luego fue apagada brutalmente por el terror nazi.

Más de 40 instituciones, museos y teatros de la ciudad participan de este proyecto temático y la Berlinale no podía ser la excepción. El Festival de Berlín siempre se caracterizó por el rigor y la calidad de sus retrospectivas y este año vuelve a mantenerse a la altura de su prestigio. Bajo el título “The Weimar Touch” ha reunido 31 films que dan cuenta de la influencia del cine de la República de Weimar después de su caída, cuando a partir de 1933 sus principales talentos –directores, fotógrafos, compositores, actores– tuvieron que seguir el camino del exilio y buscar refugio en otros países, primero cercanos, como Francia y Holanda, y luego del otro lado del Atlántico, en Hollywood, cuando la sombra del totalitarismo nazi se fue extendiendo por toda Europa.

Como señala en el catálogo de la retrospectiva Rainer Rother, el director de la Deutsche Kinemathek, a cargo del proyecto en cooperación con el Museum of Modern Art de Nueva York, “a pesar de que la mayoría de los films incluidos no forman parte, en un sentido estricto, de la historia del cine alemán, son sin embargo un ejemplo de su impacto y de su influencia en otras cinematografías. El espíritu y la estética del cine de la República de Weimar siguieron vivos en aquellos países donde los refugiados buscaron su santuario, aun en el marco de contextos sociales y culturales muy diferentes de los de donde provenían”.

Estructurada en cinco secciones temáticas, que dan cuenta de esta influencia en los géneros más diversos –desde los films de propaganda antinazi hasta la comedia y el film noir–, la retrospectiva no incluye solamente films en los que hubieran participado exiliados berlineses sino también de toda Mitteleuropa. Al fin y al cabo, la doctrina de Gleichschaltung (uniformización) afectó primero a todos los campos de la sociedad alemana, con especial énfasis en la cultura de masas, como por entonces era el cine, pero luego fue poniéndose en práctica en las otras capitales que iban cayendo bajo la bota nazi.

El espectro de los films seleccionados es muy amplio e incluye clásicos emblemáticos, como Casablanca (1942), donde prácticamente el único estadounidense es Humphrey Bogart: desde el director Michael Curtiz (nacido en Hungría como Mihály Kertész) hasta la mayoría del elenco (Ingrid Bergman, Peter Lorre, Conrad Veit, Curt Bois) eran exiliados que conocían en carne propia las penurias de los personajes de la película. La muestra también incluye otros films famosos, muy citados en las historias del cine, pero cada vez menos frecuentados, como Furia (1936), el primer film hollywoodense de Fritz Lang; Los verdugos también mueren (1943), de Lang también, con guión de Bertolt Brecht y música de Hanns Eisler, o la imbatible comedia Ser o no ser (1942), de Ernst Lubitsch, donde el Führer es tomado a la chacota, en plena guerra.

Pero allí donde la retrospectiva de la Berlinale se luce es en sus piezas más oscuras, a las que ahora ilumina con una luz nueva y las vuelve visibles. Es el caso de dos films franceses de Robert Siodmak –Mollenard (1938) y Pieges (1939)– antes de sus obras maestras en Hollywood, o del paso fugaz de Max Ophüls por el cine de los Países Bajos, donde también llegó a filmar como director Kurt Gerron, que fue actor en El ángel azul y murió en 1944 en Auschwitz, luego de haber sido forzado a realizar un supuesto documental sobre el excelente trato que el Tercer Reich le dispensaba al pueblo judío.

Una de estas raras perlas negras es None Shall Escape (1944), dirigida en Hollywood por el húngaro André De Toth, una película que –tal como explicó en su introducción Laurence Kardish, curador de la retrospectiva por parte del MoMA– permaneció olvidada durante décadas. La razón no parece haber sido otra que la censura: uno de sus guionistas, Lester Cole, estuvo entre los famosos “Diez de Hollywood” que desafiaron al Comité de Actividades Antiamericanas durante la caza de brujas y terminó preso y víctima de las listas negras.

Sucede que None Shall Escape –cuyos otros dos guionistas eran exiliados de cepa austrohúngara (el alemán Alfred Neumann, el vienés Josef Than)– supo anticiparse a su época de una manera asombrosa. Antes de que la guerra hubiera terminado y cuando aún en los Estados Unidos poco y nada se sabía de las atrocidades nazis en los campos de concentración, el film imagina un futuro que luego no tardó en concretarse. El protagonista, un alto oficial del ejército del Reich (interpretado por Alexander Knox), aparece en el film rindiendo cuentas ante un tribunal internacional por sus crímenes de guerra, algo que recién sucedería al año siguiente, con el fin de la contienda y los juicios de Nuremberg.

La película también imagina unas “Naciones Unidas” que por entonces no existían como luego se las conoció y retrata una razzia brutal del ejército nazi contra la población judía de una pequeña localidad polaca, a la que pretenden arrastrar a los “trenes de la muerte”, que no se verían en el cine de Hollywood hasta muchos años después. Un film de anticipación, en muchos sentidos, que encuentra su lugar en la historia del cine casi 70 años después de su estreno, gracias a la Berlinale.

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Ser o no ser, de Ernst Lubitsch, filmada en plena guerra (1942).
 
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