ECONOMíA › PRAT-GAY CONFIRMO QUE EL GOBIERNO IMPULSARA UNA REFORMA DE LA CARTA ORGANICA

Restauración neoliberal en el Central

La intención oficial es “garantizar la independencia” del Banco y restringir la capacidad de financiamiento al sector público por parte del organismo. Se achicará la posibilidad de coordinar con los objetivos del Gobierno.

 Por Tomás Lukin

El ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, confirmó que el Gobierno pretende “garantizar la independencia” del Banco Central y restringir la capacidad de financiamiento de la entidad al sector público que fue ampliada en 2012. La medida anticipada por el funcionario en una reunión del G-20 en China se conjuga con la decisión de instalar un régimen de metas de inflación estableciendo un diseño institucional y de política para el BCRA que subordina los objetivos de crecimiento, empleo y equidad social al combate de los aumentos de precios. Los cambios propuestos representan la restauración de la matriz neoliberal del Banco y restringe su capacidad de coordinación con los objetivos del gobierno.

El presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, y sus colaboradores comparten la visión. La nueva conducción del organismo entiende que antes que una reforma de Carta Orgánica para lograr la independencia del organismo se necesita una decisión política. Desde su perspectiva lograr ese objetivo “depende de que ante una discusión importante con el Gobierno se haga lo que dice el Banco Central, si eso no pasa no hay independencia”.

Argentina consagró la independencia del Banco Central en 1992. Esa definición se mantuvo inalterada durante la reforma de la Carta Orgánica de la entidad en 2012. Para Prat-Gay el pecado de esa transformación que rechazó como diputado no fue la ampliación de los objetivos del banco sino la ampliación en la capacidad de financiamiento al Tesoro contemplada. La respuesta para ese supuesto sesgo inflacionario del accionar del BCRA será materializar en los hechos esa independencia legal. “No hay muchos países con registros de inflación por encima del 20 por ciento en los últimos años y Argentina es uno de ellos. No nos equivoquemos, la única razón por la que ese fue el caso es porque durante los últimos diez años Central fue parte del Tesoro, más que un Banco Central verdaderamente independiente”, indicó el funcionario a la agencia de noticias EFE revelando su interpretación netamente monetarista de los aumentos de precios.

De acuerdo a la visión ortodoxa donde también comulga Sturzenegger, la coordinación óptima de políticas se logra segmentando los objetivos: el Banco Central debe tener un compromiso exclusivo con la estabilidad de precios y el gobierno debe mantener un presupuesto equilibrado. Por lo tanto, desde esa perspectiva, es fundamental la independencia del Banco Central. Junto con esos aspectos institucionales la receta formal considera imprescindible la plena liberalización de la cuenta capital y la flotación libre (o con el menor grado de intervención posible) del tipo de cambio.

La idea de la “independencia” es simple y atractiva, pero teóricamente falsa: si el Banco Central está controlado por el Gobierno, éste puede utilizar la política monetaria para promover el empleo, la competitividad, el crecimiento del crédito o el financiamiento del déficit, sacrificando así la estabilidad de precios, o sea, causando inflación. Si el Banco Central es independiente, la estabilidad a largo plazo, que arriesgan las políticas supuestamente demagógicas de corto plazo, estaría garantizada. Parte del éxito de la visión dominante reside en su capacidad para simplificar la explicación de los fenómenos económicos a través del uso de analogías aptas para todo público. Por ejemplo, el Estado es presentado como una familia donde los ingresos no pueden superar los gastos y el Banco Central tiene la misma estructura que una empresa privada volviendo imperioso maximizar las ganancias contables y conservar un patrimonio sano. Mediante esas interpretaciones se impulsan las políticas de reducción del gasto y se restringen mecanismos de financiamiento intra sector público. La legitimidad de esa vía de financiamiento es resistida por el establishment y sus voceros donde el instrumento por excelencia prescripto para obtener recursos es el endeudamiento, con los redituables negocios asociados a las operaciones de emisión de deuda soberana.

Las experiencias recientes de los países de la región, fundamentalmente el caso brasileño, indican que la lógica prevista en el manual de instrucciones para instalar ese diseño institucional no siempre exitoso siquiera para mantener a raya los precios amplifica la vulnerabilidad de los países y sabotea la posibilidad de profundizar los procesos de industrialización de esos países. En todo caso el “éxito” de las metas de inflación en Brasil, Chile, Perú y Colombia radicó no en su compromiso con las prescripciones teóricas de los regímenes de metas de inflación y la independencia del Banco Central sino más bien en la moderación fiscal, la apreciación cambiaria, la apertura comercial y la liberalización financiera, el combo tradicional para controlar precios a lo largo de los últimos cincuenta años.

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La medida fue anticipada por Prat-Gay en una reunión del G-20 en China.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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