ECONOMíA › NACE LA ADMINISTRACION NACIONAL DE AVIACION CIVIL

Gabrielli, piloto de tormentas

 Por Cledis Candelaresi

“Siempre voy adonde me convocan”, se jactó el justicialista Rodolfo Gabrielli, desde ayer flamante titular de la Administración Nacional de Aviación Civil. El organismo nace con la pretensión de sustraer de la órbita militar el control del tráfico aéreo comercial que hasta ahora ejerció el Comando de Regiones Aéreas, dependencia castrense que los uniformados ceden con pocas ganas. El ex gobernador mendocino ya dio pruebas de cumplir con tareas quizá más riesgosas, como la de comandar el Ministerio del Interior en los aciagos días de la breve presidencia de Adolfo Rodríguez Saá y, sucesivamente, las de Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde, con quien se lo vincula políticamente.

Al también ex diputado nacional justicialista podría considerárselo un buen servidor de aquellas causas que le ponen por delante, sin discriminación de rubro: es por definición un político y no un técnico. Durante la gestión aliancista fue director del órgano regulador de aeropuertos en representación de las provincias, su única ligazón con el tema aéreo, aunque de modo muy marginal. Según recuerdan algunos allegados al Orsna, que entonces comandaba Eduardo Sgüiglia, la preocupación de Gabrielli no iba mucho más allá de la suerte de la estación aérea de su Mendoza natal. Ahora vuelve al área con más responsabilidad y dejando su puesto como director de Arsat, la firma estatal encargada de poner en órbita los satélites.

La Anac surge algo demorada y distanciada de lo que fue el diseño original sugerido por la Organización Internacional de Aviación Civil, que recomendó que fuera un organismo autárquico tanto desde el punto de vista funcional como financiero. Pero la decisión oficial es que se reporte directamente a la Secretaría de Transporte y sólo durante la “transición” estará también en la mira de Defensa. Por eso en el acto de asunción de ayer de Gabrielli estaban los ministros Julio De Vido y Nilda Garré.

Ese traspaso quizá sea uno de los mayores desafíos. El reformulado Comando de Regiones Aéreas tiene más de cinco mil empleados, de los cuales la gran mayoría son militares. Esta complejidad alimenta la especulación de que el traspaso a la órbita civil pueda transformarse en solo un cambio cosmético como fue la creación de la Policía de Seguridad Aeroportuaria en reemplazo de la Aeronáutica: subsiste indemne la estructura de aquella sólo que bajo un mando sin uniforme.

Además del ordenamiento del tránsito aéreo, la Anac vigilará el destino de los aeropuertos sin concesionar y absorberá las funciones de la Subsecretaría de Transporte Aerocomercial, que desde mediados del 2002 hasta diciembre fue responsabilidad del gremialista en licencia Ricardo Cirielli. El hombre de Apta (técnicos aeronáuticos) partió de Planificación acusando al secretario Ricardo Jaime de “corrupto” e “inútil”. Este, en tanto, había asumido en forma directa las tareas de aquella dependencia, que habilitaba desde rutas y frecuencias a la aparición de nuevas líneas en el mercado.

Manejar la Anac no solo implica tareas diversas y complejas sino también la potestad de un presupuesto muy importante, básicamente nutrido por las tasas de sobrevuelo y aterrizaje que pagan las líneas aéreas. A esto habría que sumarle la inyección de fondos por la vía del presupuesto de Planificación, siempre creciente.

Mientras el mendocino asume esta responsabilidad bajo la tutela de Jaime, varios frustrados candidatos para ese puesto imaginan cuánto podrían haber hecho ellos con esos fondos: Cirielli, el radical K Horacio Quiroga y el experto Julio Semería, entre ellos.

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