EL MUNDO › EN LA ARGENTINA, LOS ITALIANOS TIENEN TIEMPO PARA VOTAR HASTA EL MIéRCOLES

Candidatos distintos, pero con el mismo acento

 Por María Laura Carpineta

Desde Esteban Caselli, hombre de Silvio Berlusconi y fiel aliado del Vaticano, hasta la Sinistra L’Arcobaleno, coalición en la que se refugiaron los pequeños partidos de izquierda, todos hablan de lo mismo, pero no son lo mismo. Las cinco listas de candidatos que compiten en la Argentina y Sudamérica por cinco escaños del Parlamento italiano proponen más beneficios para los ciudadanos en el exterior, más desarrollo de la cultura italiana, mejor asistencia consular y la posibilidad de ciudadanía a todos los hijos y nietos, aun por vía materna. Salvo la Sinistra, todos rehuyeron a las “viejas denominaciones” de derecha e izquierda.

En el país hay 450 mil personas autorizadas para votar, lo que equivale a la mitad del electorado de toda la circunscripción sudamericana. Muchos ya votaron, pero el Consulado en Buenos Aires espera una oleada de sobres en los próximos días antes del cierre. El plazo final es el miércoles 9. Todos los votos deben estar en la sede diplomática el día siguiente, para ser contados, registrados y enviados de inmediato al viejo continente. Los resultados se sabrán, con suerte, a la noche del lunes 14, al mismo tiempo que se empiece a difundir el escrutinio de los votos emitidos en Italia.

Si la campaña en Italia es una de las más aburridas de últimos años –como no cesan de repetir los medios locales–, en la Argentina fue además superficial. El caso más claro es el de Caselli. Durante su campaña, que se basó principalmente en empapelar todo Buenos Aires, casi ni mencionó sus buenas migas con el Vaticano. Su único desliz fue hablar de “donaciones a organizaciones de la salud” en Sudamérica, en vez del derecho universal a una cobertura médica.

Menos conocidos, y por eso menos criticados, fueron los candidatos de la Unión Demócrata Cristiana y de Centro (UDC), Eugenio Sangregorio y Donato de Santis. Ellos tampoco quisieron hacer énfasis en la excelente relación que mantiene su partido con el Vaticano, o su apoyo a la guerra en Afganistán o que fue su líder, Pier Ferdinanno Casini, quien truncó las negociaciones del presidente Giorgio Napolitano para crear un gobierno interino y estabilizar la situación política antes de llamar a elecciones. Por el contrario, tanto la UDC como el PD de Veltroni, presentado por los medios italianos como el único candidato de centroizquierda con chances, prefieren hablar de que “los italianos están cansados del pasado”. Cada uno tiene sus matices, pero en esencia se trata de un rechazo a la convulsionada y multicolor política italiana. La candidata de Veltroni para Diputados, la venezolana Mariza Bafile, le dijo recientemente a este diario que el PD había “revolucionado la política italiana” al terminar con las grandes coaliciones.

Desde que Veltroni fracturó en dos L’Unione que llevó al poder a Romano Prodi, el PD y su líder tratan desesperadamente de despegarse de la palabra izquierda. “No soy de izquierda, soy reformista”, dijo hace unas semanas el ex alcalde de Roma, una de las últimas generaciones del antiguo Partido Comunista italiano (PC). Sus candidatas en Argentina, sin embargo, se definían como progresistas.

La izquierda, la que se sigue reconociendo como tal, quedó representada por la Sinistra L’Arcobaleno, una coalición formada por Refundación Comunista, los Verdes, Sinistra Democrática (una escisión de los Demócratas de Izquierda de Veltroni), el Partido de los Comunistas Italianos (un pequeño grupo del ex PC) y varias organizaciones sociales vinculadas al pacifismo, feminismo, sindicalismo y a la defensa del medio ambiente. En la Argentina hicieron campaña codo a codo con organizaciones como Barrios de Pie, Movimiento Libres del Sur y la diputada y nieta recuperada Victoria Donda.

Las otras dos listas están encabezadas por dos independientes. Por un lado, y con el nombre de Movimiento Associazioni, se presenta a Diputados Ricardo Merlo, un joven politólogo de Mataderos que se lleva bien con Veltroni, y al Senado, Mirella Giai, una veterana dirigente social rosarina e hija de miembros de la resistencia italiana al fascismo. La otra lista es la Associazioni Italiane in Sud America, la agrupación que dirige Luigi Pallaro, el hombre cuyo nombre dio vuelta al mundo cuando cayó el gobierno de Prodi. El entonces senador disfrutaba de sus vacaciones en Punta del Este cuando la crisis explotó y, “en un acto de conciencia”, decidió quedarse en la costa uruguaya.

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