EL MUNDO › OPINIóN

Un político

 Por Joe Goldman

Hablamos de un político.

Es alguien que quiere perpetuarse en el poder y, con tal meta, logró cambiar la ley que sólo había permitido una reelección. Para hacer tal enmienda tuvo que dar regalitos políticos para conseguir los votos necesarios y revocar las viejas reglas. Durante el proceso, el político dijo que lo hacía porque los ciudadanos “me necesitan”.

Una vez logrado, él empezó su campaña para el tercer mandato en la cual ha gastado una fortuna, estimada en hasta 140 millones de dólares. Lo más increíble es que ha hecho ese gasto a pesar de tener una ventaja en todas las encuestas de entre veinte y veinticinco puntos frente a su retador más cercano que, para comparar, apenas usó 6 millones de dólares en su campaña.

Hay varios escándalos que siguen a nuestro político, pero los medios no lo han investigado lo suficiente. Y la Justicia sólo amaga hacer algunas averiguaciones de proyectos faraónicos con presupuestos fuera de control, sobreprecios de construcción y promesas incumplidas a la gente que sufre estos proyectos casi demenciales.

Todo esto en el medio de una dramática situación económica con alta desocupación, empresas cerrando, y poca inversión.

–Seguramente estamos hablando de un político argentino.

–Ehhh, no.

–Entonces debe ser de algún país sudamericano, una república bananera.

–Ehhh, no.

–O un populista latino con ojos de loco y bigotudo.

–Ehhh, no.

Estamos hablando del multibillonario alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, quien en su carrera por su tercer mandato contó con el apoyo de los tres diarios de mayor tirada de la ciudad (incluyendo The New York Times) y también, por supuesto, el Wall Street Journal. Los mismos medios que despotrican contra cualquier líder latinoamericano que intente la re–re.

Siendo Bloomberg el dueño de Bloomberg News Service, una de las agencias de noticias económicas más importante en el mundo, y con una fortuna estimada en 16 mil millones de dólares, su aporte a la campaña es casi insignificante.

Es el magnate que empezó demócrata, después se hizo republicano y hoy es candidato independiente. Pero nadie allá lo acusa de ser Borocotó, y los mismos diarios y agencias que, cuando cubren Argentina, se quejan de la poca seriedad de la política aquí en el Sur consideran estos cambios de Bloomberg como muestras de su independencia y manejo hábil.

El nuevo estadio de béisbol de los Yankees fue construido por un precio de más de mil millones de dólares, casi todo de las arcas estatales, aunque el estadio queda en las manos privadas de los dueños del club. Para construir el nuevo estadio demolieron el famoso McCombs Dam, un parque gigante al lado del viejo estadio que fue una de las bellezas de mi Bronx querido, donde nací y pasé tardes jugando béisbol y básquet. La promesa fue que iban a construir un nuevo parque donde existía el viejo estadio. Casi un año después de inaugurar el nuevo estadio, el viejo estadio sigue en pie y los vecinos (en su mayoría pobres latinos) están enojadísimos. Es sólo uno de muchos ejemplos de una ciudad que va perdiendo su encanto, su alma.

Nueva York hoy es la versión moderna de la película de Scorsese, Pandillas de Nueva York, sólo que Daniel Day-Lewis es más limpio y presentable.

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