EL MUNDO › OPINION

Tres días después

 Por Michael Cohen *

Desde Nueva York

La gente en el subte está tranquila, muy tranquila. Miran hacia adelante, sin hacer ruidos, atrapados en sus propios pensamientos y la sorpresa de la elección de Donald Trump. Parecen aturdidos. No entienden.

Tiene miedo. ¿Empeorará las relaciones raciales? ¿Comenzará una guerra? ¿Negará el cambio climático y obstruirá cualquier movimiento para que el mundo encuentre una solución? ¿Cómo administrarán la economía sus encargados? ¿La gente perderá sus trabajos? ¿Qué sorpresas nos esperan? Un colega afroamericano de la facultad mencionó que su hija de 15 años dijo que Estados Unidos no se siente como un “lugar seguro”. Muchos estudiantes secundarios hispanos de en Newark fueron vistos llorando en la escuela, preocupados porque pueden ser deportados.

Cruzando la calle de mi oficina de la Nueva Escuela en la Quinta Avenida, los estudiantes están manifestándose. Miles de personas están en las calles gritando “Trump, Trump, no, no”. Miles de personas se unieron a ellos el miércoles y jueves por la noche en Union Square y marcharon a la Trump Tower en Quinta Avenida y Calle 57. Estos manifestantes fueron acompañados por cientos más en San Francisco, Seattle, Chicago y muchas otras ciudades estadounidenses.

A pesar de que Hillary ganó el voto popular, la mayoría de los estudiantes no protestan por el proceso electoral, pero lo cuestionan profundamente y temen el resultado. Los expertos en medios y los encuestadores apenas aceptan su propia responsabilidad en haber “creado a Trump” por su incesante cobertura televisiva del candidato y su continua afirmación de que Hillary ganaría, incluyendo el New York Times repitiendo que Hillary tenía un 85 por ciento de posibilidades de ganar la elección en la mañana misma de la votación.

El presidente electo fue inmediatamente legitimado por su encuentro con el presidente Obama. Ambos lados se comprometieron a “trabajar juntos” para asegurar una transición suave. Pero, ¿una transición a qué? ¿Al nombramiento en altos cargos de personas profundamente conservadoras y peligrosas? ¿A la continuidad de las instituciones que legitiman la violencia policial, el racismo y la desigualdad? ¿A dónde iremos? ¿Cuándo nos despertaremos de esta pesadilla?

Si el resto del mundo está preocupado por cómo se comportará Estados Unidos fronteras afuera, los residentes estadounidenses están más preocupados por las consecuencias de una presidencia de Trump en su país. ¿Qué sucederá con la atención médica, la educación o el empleo? ¿Trump de veras intentará deportar a 12 millones de residentes indocumentados? ¿Intentará construir un muro a lo largo de la frontera con México? ¿Aprobará el Congreso los fondos para este propósito?

Hay demasiadas preguntas y demasiadas incertidumbres. Y no estamos acostumbrados a semejante incertidumbre. Es incómodo y molesto. ¿Qué sucederá? No lo sabemos.

* Profesor de Asuntos Internacionales, en The New School de Nueva York.

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