EL MUNDO

Las oraciones se elevan por el pontífice enfermo

Una complicación de su cuadro gripal determinó anoche la internación del papa Juan Pablo II, de 84 años y un historial de problemas de salud. El Vaticano desmintió que esté conectado a un reanimador.

Los cristianos rezan para que lo peor no llegue. El estado del papa Juan Pablo II se había “complicado” ayer a la noche, cuando su gripe derivó en una laringotraqueítis aguda y una crisis de laringoespasmos por lo cual fue internado en el Policlínico Gemelli de Roma, informó ayer el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls. La gripe, que sufría desde hace tres días, había obligado al Sumo Pontífice a aplazar sus actividades, incluida la audiencia pública de los miércoles que le permite un contacto más directo con los fieles de todo el mundo. Cientos de creyentes le enviaban sus mensajes cariñosos y multiplicaban sus plegarias para que el Papa sane pronto.
El pontífice, de 84 años, fue trasladado al hospital romano por algunas complicaciones en un estado gripal de tres días que le provocaron una laringotraqueítis aguda y crisis de laringoespasmos. “Por esta razón se decidió ingresarlo de urgencia en el hospital Gemelli”, precisó el portavoz Navarro Valls. Desde ayer a la noche, el Papa se hallaba alojado en una sala del décimo piso del policlínico, cuyas luces difusas permanecían encendidas. Cientos de periodistas y feligreses se apiñaban a sus puertas a la espera de noticias. Según fuentes médicas, el Papa fue hospitalizado por iniciativa de su médico personal, quien tomó dicha medida a raíz de la tos persistente del Sumo Pontífice, peligrosa para las personas que sufren mal de Parkinson, como Juan Pablo II. Los enfermos con dicho mal corren el riesgo de ahogarse en caso de tos y bloqueo de los bronquios. Por su parte, el portavoz de la Santa Sede negó rotundamente las versiones de que el pontífice se hallaba en servicio de reanimación.
Si bien anteriormente los comunicados oficiales buscaron recalcar lo inofensivo de la situación, hasta última hora de ayer la incertidumbre reinaba acerca de la evolución de la salud del papa. A media tarde los informes desde la Santa Sede afirmaban que su estado no revestía especiales problemas porque, si bien persistía la tos, el Papa no padecía fiebre. Poco antes, Navarro Valls había minimizado el cuadro, al atribuirlo a “un proceso gripal caracterizado por esos síntomas tan bien conocidos por millones de italianos en estas fechas”.
Aquejado de una gripe desde el domingo, el Papa tuvo que anular todos sus encuentros programados, entre ellos la audiencia general y una misa en San Pedro. El Vaticano había informado que el “aplazamiento” de las actividades del papa Juan Pablo II no excedería “un breve espacio de tiempo”, e incluso aventuró que para el domingo el papa habría reanudado su agenda. Juan Pablo II tenía previsto recibir ayer en audiencia a obispos suizos en visita “ad limina” y al nuncio apostólico en Gran Bretaña, el arzobispo español Faustino Sainz Muñoz. El pontífice tuvo que anular también la celebración de un misa solemne en la basílica de San Pedro, programada para la tarde de hoy con ocasión de la jornada de la vida consagrada. Para el viernes próximo estaba previsto que recibiera en audiencia al presidente del Parlamento Europeo, el español Josep Borrell.
Juan Pablo II comenzó a sentirse mal el pasado domingo. Durante el rezo del Angelus se lo vio tembloroso, con la voz ronca y graves dificultades para hablar y respirar. A pesar de la enfermedad de Parkinson, el Papa en contadas ocasiones ha faltado a sus compromisos de trabajo. La última vez que cambió su agenda fue el 25 de septiembre del 2003, cuando tuvo que anular la audiencia general del miércoles a raíz de una indisposición intestinal.

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El papa Juan Pablo II, durante sus oraciones el domingo.
 
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