EL MUNDO

La rosa roja propuso cien medidas para volver más justa a Francia

De cara a la elección de abril, la socialista Ségolène Royal presentó su programa: aumentar el salario mínimo y las pensiones y suprimir el Contrato Nuevo Empleo que elaboró la derecha.

 Por Eduardo Febbro
Desde París

Ségolène Royal apareció en la tribuna sin el saco blanco que se había vuelto un emblema de su imagen. La candidata socialista a las elecciones presidenciales del próximo mes de abril estaba vestida de rojo y la continuidad entre el color de su ropa y las 100 medidas que presentó ayer ante los 20 mil simpatizantes socialistas que fueron hasta la localidad de Villepinte –norte de París– no era un mero detalle. Al cabo de tres meses de un período calificado como “fase de escucha”, Royal detalló el “pacto presidencial” para una Francia “más justa” y “más fuerte”. Al igual que lo había hecho el socialista François Mitterrand antes de acceder a la presidencia en 1981, la candidata concentró sus argumentos en 100 medidas que mezclan los objetivos del proyecto del PS para 2007 con los resultados de los 5000 debates participativos organizados en el último trimestre y algunas propuestas personales que, en su momento, había suscitado cierto malestar en las filas socialistas.

En un discurso de poco más de dos horas, Royal se comprometió a aumentar el salario mínimo a 1800 dólares por mes, a suprimir el controvertido Contrato Nuevo Empleo (CNE) elaborado por la derecha, a reactualizar el mapa escolar que obliga a los alumnos a acudir a las escuelas del barrio, a organizar una gran conferencia sobre los salarios, a aumentar las jubilaciones demasiado bajas en un 5 por ciento, a introducir la democracia participativa en todos los campos –los jueces populares por ejemplo– y a garantizar la seguridad de la vivienda. La candidata también defendió algunas ideas personales como la creación de centros para “encuadrar” a los jóvenes delincuentes con la participación de militares. Royal propuso la construcción de una “espiral ascendente de energías convergentes” en oposición a la “sociedad contra todos y del conflicto permanente” que, para ella, encarnan la derecha y su candidato conservador, Nicolas Sarkozy.

La primera mujer francesa con sólidos argumentos para ganar una elección presidencial defendió también su tan criticado principio basado en el concepto de “participación”. Según dijo Royal, el método participativo está destinado a “construir una Francia que se une y se asemeja”. Con ella, insistió, “nunca más la política se hará sin ustedes”. Royal envolvió su propuesta en un doble pacto: lo que llamó “un pacto presidencial” y “un pacto de honor”. La representante del partido de la rosa resaltó que para aquellos que no creen más en la “magia de las promesas electorales” ha llegado la hora de “la audacia y la imaginación”. La mujer se dirigió varias veces a la juventud, evocó su papel de madre y lo que deseaba para sus hijos, que era lo mismo que anhelaba para Francia. En un tono embargado por la emoción, la candidata resaltó que la elección presidencial iba a permitir que se decida sobre, al menos, el destino de dos generaciones: frente “a la crisis económica, social, educativa, moral, ecológica, internacional,(...), la época no da para tapar los agujeros o para arreglárselas con sistemas que no funcionan más”. En ese contexto y con el fin de convertir a Francia en el “país de la excelencia ecológica”, Royal confirmó su intención de elevar a 20% la porción de energías renovables en el consumo diario y adelantó el lanzamiento de un sistema fiscal ecológico.

A partir de hoy, Royal partirá a un nuevo encuentro con los electores al tiempo que su equipo de campaña organizará 5000 “reuniones sobre el cambio” en todo el país. Con la presentación de las 100 medidas se inicia en Francia una fase realmente activa de la campaña electoral. Hasta ahora, y luego de la investidura del candidato de la derecha, Nicolas Sarkozy, los conservadores habían monopolizado el debate político mientras esta mujer estaba aspirada por una corriente de polémicas múltiples.

El discurso de ayer marca dos líneas: una, el programa presentado se inspira ampliamente en el socialista: dos, con él se establece una reconciliación pública entre los dirigentes del PS y la candidata electa por los militantes. Ese divorcio expuesto ante la opinión pública le había costado a Ségolène Royal numerosos puntos en contra en los sondeos de opinión. La plataforma revelada ayer va incluso más a la izquierda de lo que se esperaba y de lo que figuraba en el mismo programa del PS. La prioridad dada al campo social fue una constante de su discurso: intervención del Estado para frenar la especulación inmobiliaria, medidas para introducir en el mercado las viviendas inactivas, aumento considerable del salario mínimo, reglamentación de los costos bancarios –porcentajes de los créditos, costo del mantenimiento de las cuentas, comisiones bancarias reglamentadas– creación de un pozo estatal de energía. Las propuestas contienen muchas ideas innovadoras surgidas directamente de los controvertidos debates participativos. Las miles de quejas escuchadas en esas ceremonias casi íntimas que reunían a un candidato con los votantes se tradujeron en propuestas claras –ése es el caso de la reglamentación de las comisiones bancarias–. Royal borró ayer la principal crítica que la acechaba: incompetencia y falta de programa claro. Ahora está sobre la mesa. Queda que la derecha ponga el suyo.

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Royal propuso la construcción de una “espiral ascendente de energías convergentes”.
 
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