EL MUNDO

Revuelo en Pakistán

El poderoso establishment militar de Pakistán se está enfrentando a las preguntas de una población escéptica y entristecida por cómo es visto el país en relación con el operativo que terminó con Bin Laden. Desde las calles de Abbottabad hasta las oficinas de los políticos de Pakistán, se escucha el mismo interrogante: ¿Por qué no sabía Pakistán sobre el paradero de Bin Laden? Ayer por la tarde, el grueso de los cables de los canales de noticias de Pakistán, que generalmente odian criticar al ejército y sus agencias de inteligencia, estaban tratando de encontrarle un sentido a la “vergüenza nacional” a la que se enfrenta Islamabad. “Desde que Abdul Qadeer Khan confesó la transferencia de tecnología nuclear a Irán y Libia, Pakistán no sufría semejante bochorno”, decía el editorial en Dawn. “Osama bin Laden, el hombre más buscado en la década, fue encontrado bajo las narices de nuestro ejército viviendo en un relativo confort en un complejo con una rigurosa seguridad que pasó desapercibida.” Algunos paquistaníes evitan tales comentarios en público o expresan sus críticas con delicadeza. Los políticos con fuertes opiniones sobre el rol del ejército en la política del país (o su historia de apoyar encubiertamente a los grupos jihadistas), a menudo dan una versión aséptica por temor. Pero hay analistas que son contundentes. “Pakistán se convirtió en la burla del mundo”, dijo Ejaz Haider, un respetado experto de seguridad. “Y después de este incidente, la seguridad del establishment debe contestar muchas preguntas relacionadas tanto con sus intenciones como con sus capacidades.” Hay algunos que consideran a Bin Laden un héroe, pero son pocos en número. Unos setenta abogados organizaron una pequeña manifestación contra el ataque estadounidense en Abbottabad ayer.

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