EL MUNDO › TONY BLAIR GANO EN LA CAMARA PERO NO EN SU PROPIO PARTIDO

Zafar raspando, y gracias a la oposición

 Por Marcelo Justo

Victoria de los números, derrota moral. El primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, ganó la votación parlamentaria pero perdió la batalla con su propio partido. El gobierno laborista obtuvo 396 votos a favor del “desarme de Irak por todos los medios necesarios” pero debió apoyarse en la oposición conservadora para lograr un respaldo sólido a la guerra. Entre los 217 votos que se opusieron a la política laborista, 129 pertenecen a las filas del oficialismo. Victoria pírrica del blairismo si a este resultado se le suma la renuncia de tres altos funcionarios en las pasadas 48 horas en protesta por el inminente operativo bélico contra Irak sin autorización de la ONU.
El debate se prolongó hasta altas horas de la noche. Blair realizó una apasionada defensa de su posición y de las razones de ir a la guerra sin una segunda resolución de la ONU. El primer ministro reiteró que Saddam Hussein tiene un arsenal de armas de destrucción masiva y que no dudaría en utilizarlo, como ya lo hizo en el pasado contra Irán y los kurdos. “El único lenguaje que entiende Saddam Hussein es el de los 250.000 efectivos que tenemos en sus propias fronteras”, dijo. El primer ministro laborista insistió en los vínculos de Hussein con el terrorismo y la amenaza que esto representaba para la seguridad de Gran Bretaña. “Es cierto. Irak no es el único país que tiene armas de destrucción masiva. Pero si no actuamos ahora, los futuros conflictos que deberemos enfrentar serán mucho más devastadores”, dijo el primer ministro.
Durante el debate, la Cámara ofreció un espectáculo inusual. El primer ministro recibió su más importante apoyo de labios del líder de la oposición, Ian Duncan-Smith. En una muestra de infrecuente camaradería, las intervenciones de los diputados conservadores se complementaban con las de los laboristas leales a Tony Blair. Los más feroces opositores pertenecían al partido gubernamental. Entre ellos, el diputado más veterano de la Cámara, el laborista Tam Dalyell, quien respondió a Blair que si lo que se busca con una invasión a Irak es neutralizar el peligro terrorista, el resultado será exactamente el contrario. “Una guerra servirá como fuente de reclutamiento en todo el mundo árabe e islámico. Nada mejor que un misil occidental para generar nuevos militantes radicalizados”, dijo Dalyell. A los rebeldes laboristas se sumaron los del tercer partido, los liberal-demócratas y partidos nacionalistas como el Partido Nacional Escocés. La renuncia el lunes del ex canciller y ex líder parlamentario del laborismo Robin Cook, y poco antes del debate en la Cámara, de dos secretarios de Estado, añadió vuelo a la causa antibélica.
A pesar de estos reveses, el gobierno tiene algunos motivos para congratularse. La votación le ofrece una legitimidad a nivel nacional que no consiguió internacionalmente con una segunda resolución de la ONU. La rebelión de sus propios partidarios es la más grande que haya padecido el laborismo en sus casi seis años en el poder, pero no llegó al infierno más temido por el blairismo: que la mitad de los parlamentarios se opusieran a la guerra. En el sistema electoral británico, los diputados son elegidos directamente por el electorado: cada votante elige un diputado para su zona. Los diputados de la fuerza que obtiene más escaños eligen como primer ministro a su líder partidario. En este sentido la rebelión de una tercera parte de su fuerza parlamentaria constituye un duro golpe para la credibilidad de Blair, pero no es suficiente para vaticinar su caída a mediano plazo. Después del conflicto, su situación dependerá de lo que haya sucedido en el campo de batalla.

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