EL PAíS › LUIS BARRIONUEVO TIENE UN STUD CON OCHO CABALLOS DE CARRERA

La otra pasión del gastronómico

En una faceta poco conocida, el líder de la CGT disidente es propietario de la caballeriza Bonaventura, que identifica a sus caballos con los colores de Chacarita. Cada animal cuesta unos 6 mil dólares y mantener a la tropilla, unos 20 mil pesos mensuales.

 Por José Luis Silvestre

Son ocho caballos y corren con los colores de Chacarita, el club favorito de su dueño. Tenerlos en competencia cuesta unos 20 mil pesos por mes y haberlos comprado, al menos otros 150 mil. El gastronómico Luis Barrionuevo no repara en gastos cuando se trata de su pasión hípica.

Al pensar en Barrionuevo, pueden aparecer varias imágenes diferentes. La del líder sindical, la del candidato a gobernador de Catamarca quemando urnas, la del presidente del club funebrero. O la del hombre que inmortalizó una frase: “Hay que dejar de robar por dos años”. Todas esas fotos y varias más son verídicas, pero el secretario general de la CGT disidente tiene, además, otra faceta no muy conocida: su afición a los caballos de carrera.

Hay dos clases de personas que aman los caballos de carrera: los que se juegan todo en la ventanilla del hipódromo y los propietarios de los pura sangre. Los que apuestan hasta las pelusas de los bolsillos nunca tendrán dinero suficiente para comprar un caballo y vivir el sueño de verlo crecer y después competir. Comprar un caballo de carrera no es cosa de todos los días y hace falta tener una cuenta bancaria de cierta importancia para hacerlo.

En el turf, cada caballeriza o stud tiene colores identificatorios y Bonaventura, propiedad del líder sindical de los gastronómicos, no podía tener otros que el rojo, el blanco y el negro de la camiseta de Chacarita Juniors.

Un mozo afiliado al gremio que maneja don Luis nunca podría comprar un caballo de carrera; Barrionuevo tiene ocho en su stud. ¿Cuánto cuesta tener un caballo de carrera? Hay que ir por pasos. Los pura sangre tienen precios bastante variables. Por ejemplo, en los últimos remates de la firma Bullrich y Cía. se vendieron caballos por 200 mil pesos. Claro que ésos fueron los montos más elevados y, para establecer un número promedio, lo mejor es echar mano a los números que maneja la Aduana. Según el Boletín Oficial de la República Argentina del 11 de enero pasado, un caballo de tres años que haya ganado una sola carrera –que no sea un clásico– debería exportarse en no menos de 8500 dólares; es decir, unos 25.500 pesos. Con estos números en mano, se puede concluir que comprar un buen caballo para hacerlo debutar en San Isidro o Palermo no sale menos de 6 mil dólares. Claro que el gasto de la compra de un animal es sólo el primero que debe afrontar un propietario.

A la hora de poner un ejemplar en la pista, lo primero que se debe hacer es llevarlo con un entrenador, que será el encargado de la preparación, el cuidado y la alimentación adecuada. Los pura sangre de Barrionuevo están en manos de Domingo “Cacho” Pascual y su hijo Gonzalo. Cacho Pascual es un reconocido cuidador con vasta experiencia y se sabe que estos profesionales cobran alrededor de 2 mil pesos por cada caballo. Si a esto sumamos los gastos de veterinaria, que rondan los 500 pesos, se concluye que para tener ocho caballos en competencia se necesitan unos 20 mil pesos por mes, más allá de los casi 150 mil pesos que habría costado comprarlos.

Si alguien se sorprendió al ver a Barrionuevo codeándose con grandes estancieros en la manifestación pro campo de la avenida Del Libertador, fue porque no conocía todos sus antecedentes. Este hombre no es un propietario más en el ambiente del turf. No cualquiera tiene el dinero para mantener ocho caballos en competencia. Por eso, hace años que Barrionuevo se relaciona con la clase alta aunque más no sea por cuestiones de negocios. En los largos asados que son costumbre entre dueños de campos y propietarios de caballos no sólo se habla de turf. Sobre todo en los tiempos que corren, donde los grandes estancieros se posicionaron abiertamente en contra del Gobierno nacional. En esta época donde la oposición teje alianzas a cualquier precio, un líder gastronómico, que paradójicamente nunca trabajó de mozo ni nada parecido, puede ser el aliado ideal. Si los ayuda en su gesta conservadora, los dueños de campos como los Miguens o Martínez de Hoz siempre estarán listos para regalarle su mejor sonrisa y vivarlo como se hace con los grandes jockeys: “Barrionuevo viejo nomás”.

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El rojo, el blanco y el negro, los colores del club “funebrero”.
 
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