EL PAíS › UN INCENDIO ACCIDENTAL REVIVIO EL 11 DE SEPTIEMBRE EN NUEVA YORK

Fuego antes que comience el fuego

Mientras el despliegue de fuerzas estadounidenses en torno a Irak llegaba a los 210.000 soldados, un incendio accidental en una refinería en la ciudad de Nueva York pareció revivir para muchos el 11 de septiembre. O anticipar lo que vendrá.

La vívida imagen de un incendio en una refinería de gas y petróleo del gigante petrolero Exxon Mobil en Staten Island, sur de Nueva York, causado por la explosión de una barcaza de gas propano, fue como una descarga eléctrica en el inconsciente colectivo de la ciudad, que todavía cicatriza la herida del 11 de septiembre de 2001. Desde los ataques Nueva York está en alerta naranja, un nivel de alerta “muy elevado”, que ahora también corre para todo el país, ante la inminente guerra contra Irak. La Casa Blanca, el FBI y la alcaldía neoyorquina coincidieron que no había “indicios” de que se tratara de una acción terrorista. En el accidente murieron dos trabajadores de la refinería y hubo un herido que se encontraba en estado grave por las quemaduras. La compañía Exxon Mobil dijo en un comunicado que el estallido se produjo durante la descarga de un buque que transportaba 100.000 barriles de gasolina sin plomo.
La explosión, ocurrida cerca de las 10.10 hora local, interrumpió los programas de las cadenas de televisión locales, que mostraron imágenes de una espesa columna de humo negro que se elevaba en el cielo por encima de la refinería. La silueta de un barco aparecía en medio de las llamas. Los vecinos de Staten Island atribuyeron inmediatamente el incendio a un atentado terrorista. “Al oír la explosión, levanté la vista y vi un avión que salía de la humareda. ¿En qué cree que pensé?”, explicaba Frank Tormenia, de 56 años, cerca de las instalaciones de la compañía Exxon Mobil. Al hombre le vinieron a la mente las imágenes de los atentados contra las Torres Gemelas. “Nunca había visto nada igual, fue como en una película.” A los pocos minutos de conocerse la noticia, miles de neoyorquinos atemorizados seguían los informes por la radio o la televisión ante el temor de que se tratara de un nuevo atentado.
Porque prevaleció el sentimiento de vivir bajo amenaza, contado por los propios residentes. “El cielo se ennegreció y el suelo se movió como un terremoto. La gente empezó a salir de las casas. Los vecinos empezaron a llegar y pusimos la televisión para entender qué sucedía”, relató Mario Ragno. “Nos habremos recuperado el día que al oír un ruido extraño, cualquiera, no pensemos inmediatamente en lo peor”, dijo a su vez Mary, tratando de explicar el sentimiento de pánico a flor de piel. Otros, como Ragno, advirtieron que algo cambió en la ciudad: “Es una zona delicada; hace tiempo hubiéramos pensado inmediatamente en un accidente industrial, pero las cosas han cambiado”. Varias personas que residen en un radio de tres kilómetros alrededor de la refinería contaron que la explosión fue lo suficientemente potente como para hacer temblar los vidrios de sus casas. El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, salió a poner paños fríos: “No hay nada que haga suponer que se trate de otra cosa que no sea un trágico accidente industrial”, dijo, en el tercer mensaje de este tipo que pronuncia en 15 días, después del aumento de la alerta antiterrorista en el país al nivel naranja, previo al considerado “máximo”. Además de prisiones, Nueva York tiene en Staten Island sus vertederos de basura y algunas instalaciones industriales peligrosas. “Hace seis años votamos independizarnos de Nueva York, pero la Municipalidad, que tenía la última palabra, no nos dejó”, se lamentó Bill Hopt. Este bancario, de unos 50 años, volvió a su casa antes de lo normal para asegurarse de que su mujer e hijos estaban bien. Hopt ya tuvo que salir corriendo de su trabajo hace un año y cinco meses cuando los aviones lanzados por miembros de Al-Qaida se incrustaron en el World Trade Center, a dos calles de su banco.
El comunicado oficial llegó poco después de la explosión. “En este momento, no tenemos ningún indicio de que se trate de otra cosa que no sea un serio accidente industrial”, dijo el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer. “La EPA (Environmental Protection Agency) y la Guardia Costera y las agencias federales están proporcionando los recursos”, indicó el vocero presidencial norteamericano. “Vigilamos y evaluamos la situación”, afirmó, por su parte, un portavoz del nuevo Departamento de Seguridad Interior. El FBI descartó, en primera instancia, que se trate de un atentado terrorista y se inclinó por la hipótesis de un accidente. Segúnel jefe del Departamento de Bomberos de Nueva York, William Van Ward, una chispa eléctrica podría haber iniciado el fuego.
La Guardia Costera colaboró en la contención de las llamas, que a media tarde se habían extinguido sustancialmente, luego de haber obligado al cierre temporario de los puertos de la ciudad a todo tipo de embarcaciones. Los helicópteros de salvamento de la marina estadounidense sobrevolaron la zona a poca altura para evaluar la magnitud del daño. Numerosas viviendas cercanas a las instalaciones fueron evacuadas y los habitantes del lugar recibieron la recomendación de cerrar las ventanas de sus viviendas y no salir a la calle.
Staten Island es una isla situada al sur de Manhattan, que constituye uno de los cinco barrios de la ciudad de Nueva York. Mediante un comunicado de prensa, Exxon Mobil señaló que contrató a la empresa Clean Harbors para que haga una limpieza ambiental. La recuperación de la tranquilidad demandará bastante más.

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La humareda del incendio vista desde Manhattan.
La explosión hizo temblar las ventanas de una amplia zona.
 
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