EL PAíS

A la espera del ciclón

Por James Neilson

Como entienden muy bien los caudillos de provincias indigentes, los pobres “estructurales” raramente causan problemas: si no fuera así, el planeta sería un volcán en erupción constante y la civilización, fruto de la desigualdad tolerada, no existiría. Tampoco son para preocuparse aquellos miembros de la clase media que tienen buenos motivos para sentirse comprometidos con el orden establecido. Quienes sí son sumamente peligrosos, en cambio, son hombres y mujeres que, después de disfrutar de una existencia relativamente cómoda, se ven despojados de lo que habían logrado acumular. Puede que tomen su tiempo antes de darse cuenta de lo que les ha ocurrido, pero cuando despiertan su venganza suele ser memorable porque muchos ya no tienen nada que perder. El ejemplo clásico de lo que son capaces de hacer fue brindado por los millones de alemanes de clase media que, luego de ser arruinados por una guerra perdida y un estallido hiperinflacionario, se desquitaron contra el mundo encolumnándose tras Adolf Hitler.
¿Cómo reaccionará la clase media argentina frente al secuestro de sus ahorros seguido por su entrega de una tajada nada despreciable a una cuadrilla de multimillonarios “productivos” que supone vinculados con el peronismo bonaerense? Es imposible preverlo, pero sería realmente asombroso que se resignara mansamente a ser sacrificada en aras de los proyectos que han improvisado el matrimonio Duhalde y sus amigos. Sean de derecha o de izquierda, racionales o delirantes, pronto surgirán movimientos que serán impulsados menos por el deseo de reconstruir un país roto que por la voluntad de castigar a los presuntos culpables de haberlo destruido, lista negra que, es innecesario decirlo, estará encabezada por los políticos de la UCR y del PJ.
Al privar a la mayor parte de la clase media de su dinero so pretexto de que sólo había sido “una ilusión”, el gobierno actual y sus aliados han tomado un riesgo descomunal. Si la historia nos ha enseñado algo, es que hay pocas bestias que sean más feroces que una clase media expoliada no por un desastre natural sino por decisión de individuos identificables. A éstos no les sería dado mantenerla acorralada mucho tiempo más sin instalar una dictadura que fuera aún peor que la procesista. Puesto que no están en condiciones de intentarlo, les convendría prepararse para lo peor. Quienes siembran el viento, cosecharán tempestades: a menos que la clase media argentina resulte ser fenomenalmente sumisa, lo que hemos visto hasta ahora no ha sido nada en comparación con lo que está por venir.

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