EL PAIS › PROMOCIONAN UN SUNTUOSO PROYECTO INMOBILIARIO DONDE FUNCIONO EL ASTILLERO ASTARSA, EN TIGRE

La memoria hundida en una Venecia trucha

En Astarsa desaparecieron once obreros navales durante la dictadura. Organismos de derechos humanos le habían planteado al intendente Massa hacer allí un Espacio para la Memoria. Pero ahora avanzan las obras de Venice.

 Por Gustavo Veiga

Donde hay negocios inmobiliarios de gran envergadura la memoria histórica escasea. En nombre del progreso se cubre con ladrillos lo que sucedió en el pasado. Militantes de organismos de derechos humanos de la zona norte del Gran Buenos Aires denuncian que donde funcionó el astillero Astarsa –del que desaparecieron once obreros navales durante la última dictadura– se levantará un suntuoso proyecto denominado Venice (Venecia, en inglés): la primera ciudad navegable de la Argentina. La realización del emprendimiento de dos mil millones de pesos en el partido de Tigre, significaría no respetar una iniciativa para crear allí un Espacio para la Memoria y ni siquiera el camino de sirga sobre la costa del río Luján. Este barrio privado es desarrollado en conjunto por las empresas TGLT y Metro 21. La primera es líder en el mercado residencial argentino y cotiza en Bolsa.

La Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Zona Norte le presentó un proyecto al intendente Sergio Massa el 21 de agosto de 2008 con el propósito de utilizar el ex predio de Astarsa –donde se sospecha que torturaron a trabajadores del astillero– para resguardar la historia del lugar y levantar un complejo cultural, un museo, una escuela de artes y oficios vinculados con la industria naval, más un área de emprendimientos productivos. El texto dirigido al funcionario decía: “Asistimos con frecuencia a la transformación de ex establecimientos fabriles de dimensiones amplias, en barrios cerrados para grupos sociales de privilegio, de uso minoritario: barrios que se asientan sobre los denominados ‘cementerios industriales’. Una tendencia que margina a la mayoría de los vecinos ante la posibilidad de urbanización y que además agudiza la reducción de espacios públicos e impide cualquier tipo de dinámica social con ese sitio”.

Cuatro años más tarde, con el proyecto Venice ya lanzado –sobre 32 hectáreas se construirán un puerto deportivo, marinas y canales internos que pretenden asemejarse a la célebre capital del Véneto– algunos integrantes de la comisión comprobaron in situ el avance de las obras. Raquel Witis, la mamá de Mariano, el músico asesinado por un policía bonaerense en 2001, cuenta ahora que “el 2 de diciembre hubo compañeras que visitaron el lugar donde hay un cartel gigante que dice Venice Ciudad Navegable-Tigre. Vieron que las oficinas del astillero son usadas como showroom, donde pasan un video y hay una maqueta enorme del emprendimiento inmobiliario. Les dijeron que habrá 3000 viviendas, de las cuales en una primera etapa salieron a la venta algo más de 500 y ya se colocaron 130 desde el 27 de octubre a la fecha”.

No hay indicios de que se levantará ahí un sitio de memoria. Ni de que, como plantea el artículo 2369 del Código Civil, “los propietarios limítrofes con los ríos o con canales que sirven a la comunicación por agua están obligados a dejar una calle o camino público de 35 metros hasta la orilla del río, o del canal, sin ninguna indemnización. Los propietarios ribereños no pueden hacer en ese espacio ninguna construcción ni reparar las antiguas que existen, ni deteriorar el terreno en manera alguna”.

El vendedor de TGLT y Metro 21, según las mujeres de la Comisión que visitaron Venice, les dijo que “las tierras fueron compradas en un remate público y que de Astarsa no quedará nada”. La Anguilera, a la que llaman dársena las empresas de bienes raíces, desaparecerá igual que un galpón abandonado y otro que ya fue demolido. Cuando las visitantes recorrían las obras que se están haciendo, llegaron hasta la ribera del río Luján, que en el predio ocupa unos 500 metros de largo. Las presuntas interesadas escucharon también que ese espacio “será de uso exclusivo de los residentes del barrio, tendrá arbolitos y asientos y allí se construirán los departamentos más caros”.

La descripción no dista conceptualmente de la que brindó Federico Weil, el CEO de TGLT (cuyo dueño mayoritario es la compañía brasileña PDG), cuando se lanzó el meganegocio: “Venice propone un estilo de vida diferente y ofrece la posibilidad de vivir en una ubicación de privilegio”. Su socio de Metro 21, Marcelo Gómez Prieto, afirmó: “Sentimos una alegría inmensa al poder compartir este proyecto tan maravilloso y único”. Los departamentos que se ofrecen son 521 y tienen desde 45 a 247 metros cuadrados, a lo largo de once edificios residenciales y 48 town houses. El mapa de Venice se completa con 56 mil metros cuadrados construidos y 24.500 de espacios verdes y agua.

A juzgar por cómo avanza el emprendimiento, en un contexto de retracción de demanda en la adquisición de propiedades, Massa no ha tomado en cuenta las peticiones de la Comisión, ni de los familiares de desaparecidos de Astarsa y ex trabajadores del astillero. Al proyecto de agosto de 2008 se agregó un pedido de información el 1º de noviembre de 2011 firmado por Graciela Pilar Villalba, María Rufina Gastón, Jorge Velarde y el fallecido Luis Benencio, un símbolo de las luchas obreras de los ’70 en el astillero. Le solicitaban al intendente “toda la documentación necesaria para informarnos sobre características, plazos, extensión y uso” del predio.

Los intentos por convencer a Massa de que se creara el sitio de la memoria y quedara libre el camino de sirga, transformado en un paseo que evoque lo acontecido en Astarsa, se prolongaron hasta mediados de este año. “Las últimas gestiones fueron en junio, él dice que habló con nosotros, pero no. Por eso decidimos salir a hacer esta denuncia pública”, sostiene Witis. Ese mes, la comisión le envió la última carta al intendente de Tigre. Del texto se desprende que las gestiones todavía parecían encaminadas. Comenzaba así: “Con la esperanza de poder cerrar un acuerdo satisfactorio para todos los actores de esta cuestión le acercamos nuestra solicitud y propuesta respecto del Espacio para la Memoria en lo que fue el astillero Astarsa”.

La Comisión de Zona Norte, además de no recibir contestación, ni siquiera a los mails que le envió al funcionario, nunca pudo comprobar si se presentó el permiso correspondiente en la Autoridad del Agua Bonaerense. La ley señala “que las obras que proponga realizar el propietario de un predio estarán a su exclusivo cargo y responsabilidad, debiendo contar con la previa autorización de la Autoridad del Agua”.

Los integrantes de la Comisión temen que se modificará el curso de las aguas donde se levantará Venice y que se podrían inundar zonas vecinas. Según le explicó el vendedor del emprendimiento a las mujeres que visitaron el predio de 32 hectáreas, “la tierra que sacarán para hacer las entradas de agua será usada para levantar el nivel del terreno” donde se edificará esta Venecia del Tigre. En ese mismo sitio, en 1973, una huelga general de obreros navales sintetizaba sus luchas en un cartel que inmortalizó la tapa de un libro: “Queremos un astillero, no un matadero”. Parece que ahora esa historia no tendrá reservado su lugar junto al río. La memoria se hundirá bajo una ciudad navegable.

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Imagen de computadora de cómo promocionan que quedará el proyecto Venice en el Tigre.
 
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