EL PAIS › EL MAYOR JUAN JOSE GOMEZ CENTURION, A CARGO DE LA AGENCIA DE CONTROL PORTEñA

El militar que no repara en advertencias

Ex simpatizante de los carapintadas, Gómez Centurión nunca respondió a las advertencias sobre irregularidades en la supervisión de obras que le enviaron los peritos verificadores de la propia AGC.

 Por Gustavo Veiga

A diferencia del coronel que protagoniza la novela de Gabriel García Márquez, el mayor retirado Juan José Gómez Centurión sí tiene quien le escriba. Los peritos verificadores de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) porteña que él dirige le mandaron cinco notas advirtiéndole sobre irregularidades en la supervisión de obras que nunca respondió. Mientras tanto, en la ciudad de Buenos Aires se siguen cayendo medianeras y ascensores, como ocurrió la semana pasada en una construcción de la avenida Crámer de Belgrano y en el Hospital de Clínicas, respectivamente. Los dos accidentes terminaron con seis heridos. La máxima autoridad de la AGC es un militar que combatió a las órdenes de Mohamed Alí Seineldín en la guerra de Malvinas, simpatizó con el movimiento carapintada en los años ‘80 y se retiró del Ejército el 30 de septiembre de 1997. Depende orgánicamente del ministro de Seguridad y Justicia porteño, Guillermo Montenegro, aunque responde en los hechos al jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta.

Gómez Centurión nació el 16 de mayo de 1958 en la Capital Federal. En la Agencia Gubernamental de Control se cuenta por los pasillos que fue compañero de colegio del actual ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chain. El 8 de marzo del ’76, dieciséis días antes del golpe de Estado, ingresó al Colegio Militar, del que egresó como subteniente en diciembre de 1979. Por su desempeño en Malvinas al frente de una compañía del Regimiento Nº 25, recibió la Cruz al Heroico Valor en Combate en la batalla de Darwin. “Seineldín nos tomó juramento en secreto y nos mostró el mapa de las islas. Partimos buscando la gloria. Los únicos que sabíamos éramos los oficiales”, recordó hace dos años en el programa radial Malvinas, su historia.

Contó también cómo disparó contra el teniente coronel británico Herbert Jones, el de mayor rango del ejército inglés en la batalla de Pradera del Ganso. El oficial enemigo cayó muerto y esa baja que se atribuye es cuestionada por el testimonio de un ex conscripto, el cordobés Oscar Ledesma. “Jones fue uno de los que comandó el ataque. Aún no entiendo por qué estaba al frente de ese avance, supongo que nos creyó muertos. Cuando lo vi venir le disparé una ráfaga que alcanzó a herirlo. Aun así intentó tomar una granada, pero con una segunda ráfaga de disparos acabé con su vida”, declaró el soldado en abril de 2012, a treinta años del conflicto, en varias entrevistas periodísticas. Gómez Centurión, en el mismo programa radial, comentó: “Me da lo mismo que haya sido el Pato Donald, Barry o Jones”. En realidad, él mató al teniente James Barry, como sostiene el libro Pradera del Ganso, una batalla de la Guerra de Malvinas, del investigador Oscar Teves.

El director del principal organismo de control porteño, cuando era un joven comando y paracaidista, tuvo a su cargo a 48 hombres en Malvinas. Cumplió sus 24 años en las islas y regresó detenido después de la rendición. Continuó su carrera militar hasta los 49, cuando se retiró con el grado de mayor. Una fuente especializada en temas de Defensa, consultada por Página/12, recuerda que en Semana Santa de 1987 se plegó al levantamiento carapintada liderado por Aldo Rico y al de Seineldín en diciembre de 1988, cuando ocupó un cuartel de Villa Martelli. Varios años después, en 2004, presentó el libro La Argentina indefensa, del escritor Rodolfo Balmaceda, con el ex capitán carapintada Gustavo Breide Obeid, presidente del Partido de la Reconstrucción Nacional, en la librería Marista de Callao 224.

En su perfil de Linkedin dice que se dedicó al entrenamiento de elementos de combate del ejército, con foco “en la conducción táctica y, fundamentalmente, en el desarrollo de competencias de liderazgo de equipos de alto rendimiento en situaciones críticas”.

Es muy probable que estas aptitudes de conductor le permitieran progresar en el ámbito privado, donde comenzó a trabajar en 1998. Después de dar cursos en el Colegio Militar, pasó por una empresa de marketing, el Banco Velox (como gerente de Prevención de Ilícitos Bancarios), Cencosud (ocupó la gerencia de Prevención de Riesgos) y la cadena Jumbo (llegó a la gerencia de Recursos Humanos). Muchos de sus ex colaboradores elogian sus aptitudes de mando y liderazgo. Con esa experiencia laboral y después de haber obtenido un doctorado en Ciencia Política en la Universidad Kennedy y una maestría en Estrategia y Defensa nacional en el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, ingresó a la AGC. Las voces críticas a su gestión no tardarían en hacerse notar por su gestión en el Estado porteño.

“No nos quiere escuchar”, sostiene la arquitecta Eva Lilian Rodríguez, presidenta de la Asociación de Profesionales Perito Verificadores (APPV). Entre el 21 de mayo y el 29 de julio le envió cinco correos con una nota de cinco carillas en la que, entre otras anomalías, menciona que al verificador se lo hace participar “en forma tardía, sorteado para una etapa de obra incorrecta y en muchos casos se la encuentra finalizada, y más aún, hasta habitada, aunque sabemos que ilegítimamente porque el trámite de la obra sigue en curso y requiere de nuestros informes. Este funcionamiento aporta a que no se cumpla con los debidos controles”.

El texto redactado en hojas membretadas de la APPV señala más adelante que “estas verificaciones son las que podrían prevenirnos de accidentes, tal fue el caso del boliche bailable ‘Beara’, donde a través del seguimiento podría haberse verificado el uso que recibía el entrepiso, advirtiendo sobre el mal estado de la estructura y evitado las pérdidas humanas”. Ubicado en Scalabrini Ortiz 1638, el local estaba habilitado por el gobierno porteño como restaurante y bar, pero se lo utilizaba para organizar recitales. En septiembre de 2010 murieron Leticia Provedo, de 21 años, y Ariana Lizarraga, de 20, cuando se desplomó un entrepiso, donde funcionaba el VIP. Gómez Centurión no había llegado a la AGC, pero los derrumbes se siguen repitiendo durante su gestión.

El miércoles pasado dos obreros resultaron heridos de consideración tras la caída de la pared medianera en una obra en construcción de Crámer y Juramento, en Belgrano. En la misma semana, un ascensor del Hospital de Clínicas, que depende de la Universidad de Buenos Aires, se desplomó desde el tercer piso a la planta baja. Un comunicado de la Asociación Gremial Docente de la UBA denunció que recibió con “una enorme indignación la noticia de la caída de uno de los ascensores que produjo cuatro heridos, todos ellos pacientes mayores de edad, en lo que pudo haber sido una tragedia mayor”.

En la nota que le mandaron al mayor retirado que dirige la AGC, la APPV sostenía: “El censo de la cantidad de ascensores existentes en la ciudad de Buenos Aires actualmente está basado únicamente en estimaciones, sin ningún sustento concreto, por lo cual se está perdiendo información básica y elemental para desarrollar un plan estratégico que apunte a reducir accidentes (que ocurren a diario y no se hacen públicos) y verificar el estado de las instalaciones”.

Gómez Centurión no confía en casi nadie desde que llegó a la AGC a fines de 2012. Hace operativos contra la trata de personas o talleres clandestinos que le han valido la felicitación de la vicejefa de Gobierno, María Eugenia Vidal. Son los que lograron darle cierta visibilidad en ciertos medios y una módica dosis de credibilidad, apuntalada por el respaldo de la organización La Alameda. Pero se aisló de casi 1200 profesionales que deberían verificar obras, habilitaciones y ascensores en situación crítica. Entró en la inercia de sus antecesores en el cargo, que no pudieron detener una oleada de derrumbes y accidentes de todo tipo en la ciudad. Y eso contribuye a que las obras se sigan haciendo a piacere, “sin control, como se les da la gana”.

Las palabras pertenecen a la presidenta de la APPV, la arquitecta Rodríguez. Curiosamente, el mayor retirado es coautor de un manual de manejo de crisis para los funcionarios del gobierno porteño. Crisis como las generadas por derrumbes, incendios, y todo tipo de delitos como sobornos y sabotajes. Incluso, permite saber qué hacer con expedientes comprometedores ante una situación límite.

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Mauricio Macri y su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta.
Imagen: Télam
 
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