EL PAíS › UNA MULTITUD MARCHO HACIA PLAZA DE MAYO POR LA DESPENALIZACION DEL ABORTO

Para tener el derecho a decidir

Por primera vez, con movilizaciones simultáneas en todo el país, el reclamo a favor del aborto fue masivo y pluralista. A los históricos grupos de mujeres se les sumaron decenas de organizaciones sociales. En Buenos Aires, unas 8 mil personas pidieron la legalización de la interrupción del embarazo.
Testimonios de mujeres y hombres que apoyan el pedido.

 Por Alejandra Dandan

“¿Cuándo pensé en el aborto? Cuando mi hija más grade se hizo señorita.” Su hija ahora tiene 19 años. Marta Garay era una de las mujeres piqueteras que ayer se sumaba en Buenos Aires a la concentración que reunió a unas 8000 mujeres en Plaza de Mayo para reclamar la despenalización del aborto. La marcha de la Capital fue sólo una parte de las movilizaciones y acciones que se repitieron en las ciudades más importantes del país. Por primera vez, las corrientes y las agrupaciones feministas articularon uno de sus reclamos históricos apoyadas por las organizaciones de base. En Buenos Aires participaron piqueteras de todas las corrientes, asambleas barriales, mujeres del Partido Obrero y del Movimiento Independiente de Desocupados, que eran parte de las banderas más numerosas que cruzaban la Avenida de Mayo. A la par de la despenalización, exigieron el cumplimiento efectivo a nivel nacional de la Ley de Salud Reproductiva, y en la Casa Rosada, una delegación pidió preservativos y anticonceptivos “en todos los bolsones”.
Poco después de las cuatro de la tarde, buena parte de la tropa piquetera estaba frente al Congreso, el punto de partida de lo que sería la primera movilización a nivel nacional contra la penalización del aborto. A esa hora, las mujeres que estaban allí conocían de sobra los motivos de la cita: la marcha era uno de los puntos programáticos acordados por las miles de mujeres que participaron del último encuentro nacional de Rosario. Las concentraciones se repitieron en Mendoza, Córdoba, Neuquén, La Plata, San Salvador de Jujuy y Rosario a dos días de la celebración del Día por la Despenalización del Aborto en América Latina y el Caribe.
A esa hora, cuando apenas comenzaba la cita, Patricia García pasaba de refilón contra una vieja camioneta, convertida en radio abierta, tribuna, mensajería. Desde los parlantes, las coristas repetían las populares consignas del encuentro de Rosario: “Anticonceptivos para no abortar/ aborto legal para no morir”. Patricia, de costado, seguía mirando. Había llegado de Berazategui, en uno de los colectivos que salió del barrio con otras 59 compañeras del Polo Obrero. Ahí, sola, se detuvo un momento: “Lo que yo espero –decía– es que tengan suerte, siempre que se lo saquen al bebé bien, no hay problema, pero acá son más las chicas que quedan embarazadas y tienen problemas con eso”. “Antes –seguía Patricia–, por lo menos te daban anticonceptivos en tu barrio, ahora ni eso.”
Buena parte de las mujeres llegó a la marcha después del encuentro de Rosario, después de haber discutido allí, en las asambleas, los efectos de este problema que se ha convertido en la primera causa de muerte entre las mujeres. Otras, como Inés Miño, forman parte de la masa de mujeres que no habían pasado por Rosario pero cuestionan las leyes desde hace años: “Soy maestra jardinera –decía– y veo cada vez madres más jóvenes entre los chicos: una mamá que ahora mismo está creciendo con su hijo, con una inmadurez que las termina extinguiendo”. En su lógica, estos grupos de mujeres no tienen la opción de los sectores medios: “Los ricos –seguía– tienen de sobra modos de acercarse a un aborto, los pobres no, van a los carniceros, usan cualquier tipo de yuyo o se terminan metiendo en un curandero”.
Cuando Norma Romero, por ejemplo, supo que su quinto hijo era discapacitado, ya no tenía opciones de dar marcha atrás. Era una de las madres más pobres que poblaba la Plaza del Congreso. Norma llegó temprano desde Villa España, una de las localidades de Berazategui, al sur de la provincia de Buenos Aires. “Yo soy mamá –cuenta ahora–, no es que estoy a favor del aborto –aclara– pero sí de los anticonceptivos.” En este momento, ella tiene 40 años y, por prescripción médica, no puede tomar pastillas: “¿Qué hago?”, se preguntaba en voz alta, todavía sentada en un rincón de la plaza entre la multitud que esperaba la partida. “Necesito un DIU o que me liguen las trompas”, decía. Al lado, Carina Fernández, una de sus vecinas del barrio, se quejaba: “No sólo estamos en contra de la penalización –dice–, venimos porque las salitas del barrio te venden las pastillas a dos pesos, la gente que tiene hambre, decime, ¿cómo las va a poder comprar?”.
Poco después de las cinco, una parte de las mujeres comenzó a abandonar el Congreso. De a poco, retomaron el camino por la avenida Rivadavia en dirección a la Casa de Gobierno: el punto de reunión final. Allí se preparaba un grupo de delegadas para el encuentro previsto en Presidencia con representantes de la Jefatura de Gabinete y con Susana Sanz, una de las directoras del Consejo Nacional de la Mujer. En ese acto, las delegadas piqueteras entregaron un petitorio formal con diez pedidos. Entre ellos incluyeron:
- Despenalización del aborto y su atención gratuita en hospitales públicos, obras sociales y centros de atención médica.
- Distribución gratuita de preservativos y anticonceptivos sin restricción garantizada por el Estado en el marco de las leyes de salud sexual y reproductiva.
- Educación sexual obligatoria, laica y gratuita, en todas las instituciones y organización.
- Triplicar el presupuesto de salud y educación.
- Inmediata anulación de los fallos de la jueza Garzón de Lascano, de Córdoba, que prohíbe la comercialización, fabricación y distribución del 97 por ciento de los métodos anticonceptivos.
El resultado de estos encuentros, para los organizadores, fue tan positivo como la convocatoria. “Fue un éxito”, decía anoche Silvia Jayo, delegada del PO en el encuentro. En Casa de Gobierno, las mujeres consiguieron una entrevista con uno de los delegados del Ministerio de Salud por los pedidos de anticonceptivos y preservativos y el compromiso de una cita en el Ministerio de Educación y con el secretario de Derechos Humanos, Luis Eduardo Duhalde, para revisar el fallo de la Justicia cordobesa.
Las que trabajan por la legalización del aborto tienen como próxima cita el 11 de noviembre, el Día de la No Violencia contra La Mujer. “Será un encuentro que superará a éste que ya es histórico –analiza Jayo–: porque hemos encarado un tema tan difícil que hasta ahora era un reclamo de los sectores feministas con la mismas compañeras piqueteras, trabajadores y de las asambleas.”
Las mujeres estuvieron allí, pero también los hombres. Pastor Acosta, al final del día, regresaba a González Catán después de toda la marcha: “Las cosas de las mujeres no las entiendo mucho –decía–, pero venimos por las compañeras, yo estoy en contra del aborto pero entiendo que la necesidad lleva a uno a hacerlo”, decía tratando de entender tanta consigna y movimiento. Mejor entrenada en el tema estaba Raquel Disenfeld, feminista desde hace largos años. “Porque en mi época –explicaba–, para los ‘70, nosotros teníamos relaciones y uno tomaba precauciones o había una pastilla del día después que no tenía el nombre de las de ahora; pero yo tuve la suerte de llegar a informarme, de enterarme, pero otras mujeres no pueden hacerlo.” Disenfeld es parte de una de las agrupaciones llamada Mujeres Libres, estudiante de psicología en los ‘70: “Nos dicen que somos abortivas y asesinas, pero yo me pregunto, ¿quiénes son los asesinos?”

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Las organizaciones se agruparon en el Congreso, para marchar luego hacia Plaza de Mayo. Un sector entregó en Gobierno un petitorio.
 
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