EL PAIS › EL DT DE BOCA, RODOLFO ARRUABARRENA, CONTO DETALLES DE LA SUSPENSION

“La Conmebol quería continuarlo”

La orden del veedor de la Confederación Sudamericana, el boliviano Roger Bello, era que el partido se terminara. El árbitro Herrera quería lo mismo, pero condicionó su decisión al estado de los futbolistas que sufrieron el ataque.

“El partido está suspendido, pero no quieren anunciarlo porque no está dispuesto todavía el operativo de desconcentración.” El rumor ganó el palco de la prensa pocos minutos antes de las 22.30 del jueves, cuando ya se tenía una idea más o menos clara de lo que había sucedido dentro de la manga dispuesta a la salida del túnel del vestuario visitante de la Bombonera y los futbolistas afectados por el gas pimienta intentaban remediar los adversos efectos sobre sus ojos en el pequeño toilette del banco visitante. Pero fue sólo un rumor. A esa hora, más o menos 20 minutos después del episodio, tanto el árbitro del encuentro, Darío Herrera, como el veedor de la Conmebol, el boliviano Roger Bello, y los futbolistas de Boca, se inclinaban por la reanudación del encuentro.

Daniel Osvaldo, el protagonista de la única situación de gol favorable a Boca en todo el primer tiempo, relató ayer de madrugada, poco antes de abandonar la Bombonera, que se dirigió al banco visitante para dialogar sobre la reanudación, pero que al ver el estado de los jugadores alcanzados por el gas, ofreció dejar el tema en manos de ellos, que fueran los futbolistas de River los que decidieran la continuidad. Sin embargo, el técnico de Boca, Rodolfo Arruabarrena, admitió ayer en la conferencia de prensa que dio junto al presidente Angelici: “La Conmebol quería continuar el partido, como nosotros, pero lo más sensato era que se suspendiese, aunque gana la gente que no quiere el fútbol”.

River no tenía intención de continuar el encuentro, y el ingreso al campo de juego del presidente, Rodolfo D’Onofrio, y el vice segundo, Matías Patanian, rodeados por sus guardaespaldas –los mismos que habían estado caminando minutos antes por los pasillos de los palcos, durante el entretiempo– pareció tener la intención de decidir el retiro del equipo. Pero mientras Boca adoptaba una actitud de espera, dispuesto a reanudar el encuentro –los jugadores se calzaron camperas para no enfriarse y siguieron ensayando pases en la mitad de la cancha a medida que el parate se prolongaba–, River no quería correr riesgos abandonando el campo, tanto para asegurar su seguridad física como para alejar cualquier posibilidad de perder luego el partido en los escritorios de la Conmebol.

Después de muchos intentos, Bello logró comunicarse telefónicamente con el titular de la Conmebol, el paraguayo Juan Angel Napout. La orden fue tajante: el partido tiene que continuar. La actitud de Herrera era similar: esperaba ver la evolución física de los futbolistas de River para poner en marcha el segundo tiempo. No había decisión de suspenderlo como se rumoreaba; a esa altura de la noche, más o menos las 22.45, se especulaba con que la decisión no se anunciaba para enfriar el ánimo de la gente. Las pantallas de TV comenzaban a mostrar las imágenes en las que se veía a individuos en el pasillo bajo de la tribuna local actuando detrás de la manga y empezaba a entenderse cómo habían operado.

Los dirigentes de River que quedaban abandonaron los palcos; eso fue advertido por los plateístas de Boca, que los hostigaron durante casi todo el partido, y un proyectil se estrelló contra el vidrio de uno de esos palcos.

Según el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, sobre las 23 emplazó al veedor de la Conmebol para que tomara una determinación en no más de cinco minutos; caso contrario, había que anunciar la suspensión del encuentro. Resultó obvio después, con el diagnóstico médico, que los jugadores de River no estaban en condiciones de seguir jugando. “Herrera quería jugar y la policía daba garantías, pero el partido se debía haber suspendido de inmediato. Berni, con sensatez, trató de apaciguar”, señaló también Arruabarrena.

En ese momento, los jugadores de Boca se desperdigaron por el campo como preparándose para reanudar el encuentro: querían dejar en evidencia su vocación de continuar jugando. “El árbitro nunca nos dijo que el partido estaba suspendido y por eso nos formamos en la cancha”, argumentó ayer Daniel Díaz, el capitán boquense. Sin embargo, en ese momento ya era más que evidente que no había reanudación posible.

A las 23.15 se anunció lo que parecía inevitable casi que desde el comienzo del vergonzoso episodio, del ataque cobarde a los futbolistas. Pero unos y otros todavía tuvieron que aguardar por lo menos una hora más para poder abandonar el campo de juego. El árbitro Herrera y sus colaboradores estuvieron reunidos desde las 2 hasta las 4 de ayer para preparar su informe. En esos momentos, Ponzio, Funes Mori, Vangioni y Kranevitter eran examinados en el Instituto del Quemado. Habían permanecido casi siete horas en la Bombonera.

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El mensaje colgado en el alambrado prenunciaba una jornada aciaga.
Imagen: Gonzalo Martínez
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