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Otro hijo de desaparecidos durante la dictadura recuperó su identidad

Las Abuelas de Plaza de Mayo informaron que es hijo de Olga Ferreyra y el delegado gremial Oscar Donato. Los militares lo entregaron a un comerciante que lo anotó en Paraguay.

 Por Santiago Rodríguez

“Esto es muy bueno para cerrar el año y demuestra que el esfuerzo y la perseverancia dan sus frutos.” Así, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, anunció ayer que esa entidad recuperó la identidad de otro hijo de desaparecidos durante la última dictadura militar. Se trata de un joven de nombre Gustavo, nacido en cautiverio en 1978, poco después del secuestro de sus padres, Olga Mabel Ferreyra y Oscar Donato Godoy. Después de su nacimiento, el chico fue apropiado por un comerciante que lo fue a buscar a Campo de Mayo y lo llevó a Paraguay, donde lo anotó como hijo propio. Con este caso, las Abuelas ya han encontrado a 76 de sus nietos.
Gustavo sabía desde hace ya algunos años que era hijo de desaparecidos, pero recién el 4 de diciembre pasado confirmó que sus padres son Godoy y Ferreyra: ese día el análisis realizado en el Banco Nacional de Datos Genéticos al que se sometió por propia voluntad demostró sin lugar a dudas su lazo con ellos.
Que era hijo de desaparecidos se lo confesó el mismo hombre que un día en plena dictadura lo fue a buscar, lo tomó de manos de un represor en Campo de Mayo y lo anotó como si fuera de su propia sangre. Fue a partir de esa confesión que Gustavo se acercó a la filial Córdoba de Abuelas con el propósito de recuperar su verdadera identidad, donde lo pusieron en contacto con la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad.
Los padres de Gustavo fueron secuestrados el 28 de febrero del ‘78 en su casa del barrio Ricardo Rojas de General Pacheco y trasladados al centro clandestino de detención de Campo de Mayo. “El secuestro fue llevado a cabo con un despliegue inusual, se presentaron más de 15 efectivos de fuerzas represivas, vestidos de civil, encapuchados y fuertemente armados, en tres autos Ford Falcon blancos”, según contaron las Abuelas.
Godoy trabajaba entonces en Papeleras General Mosconi, donde fue delegado sindical. Ferreyra era ama de casa y poco le faltaba para parir al quinto de sus hijos; tanto es así que al momento de su secuestro había roto bolsa, por lo que se presume que dio a luz pocas horas después. Según se supone, Gustavo –el nombre que le pusieron sus apropiadores y cuya identidad actual se mantiene en reserva– nació en la maternidad de Campo de Mayo, aunque hay testimonios de quienes dicen haber visto a Ferreyra en otra clínica de la zona de San Miguel.
Quien entregó el niño a la familia que lo crió fue un militar, cuyo nombre procuran establecer ahora las Abuelas. “Si repartía niños, tiene que saber dónde hay otros y a lo mejor también tiene chicos nuestros”, razonó Carlotto, quien contó que los apropiadores del chico “fueron víctimas de un control permanente de parte de quien se lo entregó”.
Los primeros años de su vida Gustavo los pasó en Paraguay. Mientras el chico conocía allí a otros hijos de desaparecidos apropiados por represores –como los mellizos Reggiardo-Tolosa, anotados como propios por el ex comisario Samuel Miara, y el varón y la nena en poder del ex médico del Ejército Norberto Bianco–, acá en la Argentina sus familiares ya habían empezado su búsqueda. Carlotto comentó que se trata de “una familia muy humilde que lo buscó desde un primer momento”.
Fallecida su abuela en 1983, quien encabezó la lucha por recuperar a Gustavo fue su tía Marta Ferreyra, la misma que crió y se ocupó de sus cuatro hermanos tras el secuestro y desaparición de sus padres. Con la familia Godoy las Abuelas nunca establecieron contacto, ni tampoco saben cómo ubicarlos. Carlotto admitió que “no es fácil averiguar adónde se han ido, pero tenemos que encontrarlos”.
Marta y dos de los chicos ya estuvieron con Gustavo en Córdoba, donde vive y está a sólo unas materias de recibirse de ingeniero agrónomo. “La tía y los hermanos estuvieron acá y dicen que es muy parecido”, contó Carlotto, y reveló que el joven de 25 años “se llama igual que uno de sus hermanos biológicos, por lo que ahora son Gustavo I y Gustavo II”. El Gustavo recién llegado a la familia viajará en los próximos días a Buenos Aires para encontrarse nuevamente con su tía y con todos sus hermanos.

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Estela Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, anunció ayer el resultado del análisis de ADN.
 
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