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NOVEDADES EN EL COMIENZO DE LA GIRA DE KIRCHNER

El país suspendido en medio de un Tango

En su vuelta al mundo en diez días, con centro en la visita oficial a China, Kirchner ya pasó por Fortaleza y Canarias y ayer frenó un día en Praga para llegar fresco a las negociaciones políticas de Beijing. Cómo cambiaron las costumbres en el Tango-01. Qué vino se toma. Qué pasa con los tanques. Los penales sin Cristina. Una tregua en la pelea pública con Duhalde. Y qué diría hoy Kafka si viera esta Praga.

 Por Martín Granovsky

El Tango-01 parece un avión lechero llevando cargamento hasta Beijing. Debe hacer escalas técnicas como los aparatos antiguos, sin una autonomía de vuelo mayor de siete horas. La primera versión fue que por una reforma hecha por Carlos Menem, el presidente que compró este Boeing 757, el birreactor tenía las turbinas potenciadas, con lo cual gastaba más combustible, y que por una reforma carecía de toda su capacidad en los tanques. Una averiguación permitió determinar por qué la autonomía es tan limitada en un aparato tan nuevo y descartar la versión anterior. La compañía fabricante detectó problemas en uno de los tanques y recomendó no usarlo hasta que haya resuelto la causa del inconveniente técnico.


“Podríamos usar el otro tanque, pero la Boeing no se hace responsable”, comentó el presidente Néstor Kirchner en la parada en Las Palmas, Canarias. Y sonrió como diciendo que el riesgo era muy grande. Las Palmas era el aeropuerto de parada habitual de Raúl Alfonsín. Pero 20 años atrás se trataba de una estación aérea de provincias, con un maxikiosco en el medio que hacía las veces de free-shop. Lo atendía Pepe –así, a secas, porque los argentinos nunca supieron su apellido– y abría especialmente de madrugada cuando aterrizaba el 707 presidencial cargado con 90 pasajeros, 60 más de los que caben con el 757 reformado por Menem. El aeropuerto de Canarias parece hoy el de una capital europea, con la visión infinita de las puertas. Pero en la madrugada del jueves al viernes, cuando paró el avión de Kirchner, era un monstruo reluciente y vacío.


El Presidente aprovechó la parada en Canarias para abrazar delante de todos a José María Díaz Bancalari y felicitarlo “como representante del grupo Mausoleo”. La frase quedó desde que Eduardo Duhalde y otros dirigentes del peronismo bonaerense quedaron en construir un mausoleo a Juan Perón como homenaje en San Vicente. La relación entre Kirchner y Díaz Bancalari, sin embargo, luce bien. El presidente del bloque de diputados peronistas comentó varias veces en el viaje que es el único legislador invitado a compartir el Tango-01. Viajan también ocho gobernadores: el bonaerense Felipe Solá, el cordobés José Manuel de la Sota, el sanjuanino José Luis Gioja, el mendocino José Cobos, el jujeño Eduardo Fellner, el santafesino Jorge Obeid y el santacruceño Sergio Acevedo. Los gobernadores cargan a Díaz Bancalari porque está siempre cerca de Kirch-ner y de su celular. “De Kirchner porque es el presidente del bloque peronista”, explican. “Y de su celular, porque siempre tiene que estar contando cuántos tiene en el bloque.”


Díaz Bancalari tiene una ventaja notable siendo argentino. Si fuera chino, en lugar de tratar con 257 diputados, incluyéndolo a él mismo, debería hacerlo con 2985. Esa es la cantidad de escaños que tiene el parlamento de la República Popular China.


La parada en Canarias sirvió para una discusión histórica. ¿A quién pertenece hoy la casa de Gaspar Campos, en Olivos, donde vivió Perón cuando volvió del exilio? Díaz Bancalari recordó que la casa se compró con una vaquita del peronismo, incluyendo a los dirigentes sindicales, mucho más poderosos entonces que ahora. Pero un miembro de la comitiva lanzó un nombre: Pirillo. El desierto aeropuerto de Canarias no era el lugar más apropiado para establecer si es el mismo José Pirillo que pasó por Jabón Federal, tras lo cual la empresa quedó reducida a un jaboncito de hotel, y por La Razón, que terminó quebrada.


Otra discusión fue Tienanmen, la gigantesca plaza central de Beijing. ¿Fue importante durante la revolución cultural de 1967 o sólo trascendió por la famosa foto del tanque avanzando en la represión de 1989? Funcionarios y gobernadores quedaron en averiguarlo sin consultar a los anfitriones chinos que recibirán a Kirchner mañana, en hora china, o esta medianoche, en hora de Buenos Aires. No les pareció lo mejor como para disolver el cubito.


Un poco de café (muy poco, porque el médico presidencial Luis Buonomo recomendaba prepararse para dormir y cortar el efecto del jet-lag), agua y jugo de naranja en la parada de Canarias, que mostró a una comitiva ya mal dormida deambulando por el bar del aeropuerto. La parada anterior del 757 de lechería había sido Fortaleza, en el norte de Brasil. Esa no fue histórica ni política. Sólo hubo fútbol. Los argentinos llegaron al aeropuerto justo cuando en el televisor de la sala VIP pasaban los últimos minutos de Portugal-Inglaterra. Sin pensar en ninguna diplomacia, el gol de Portugal fue gritado como propio por una platea en la que figuraba el Presidente en primera fila y detrás, como mirando el partido de barrio a través de un agujero alambrado, Felipe Solá, el secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini y varios periodistas. Los penales fueron seguidos con la atención del último Boca-River. Y la pifiada histórica de David Beckham generó una exclamación eufórica.


Cristina Kirchner no quiso ni la platea ni la tribuna, y menos el alambrado. Cansada, dijo, de la compulsión futbolera del conjunto, prefirió alejarse de la tele hasta que todos escucharon la orden de retomar el vuelo. La senadora aprovechó parte de las horas en el Tango-01 para leer César imperator, el último libro del francés Max Gallo, que también escribió una biografía de Napoleón.


En el tramo Fortaleza-Canarias pasaron Luna de Avellaneda. Había tiempo para convertir el avión en un cineclub con debate. Opiniones varias. Una: “Es una buenísima comedia”. Otra: “No es como el cine argentino viejo, porque los diálogos son mejores, pero parece vieja”. Otra más: “Es un poco bajón”. Y otra: “Los actores son buenísimos, y el guión es la Argentina”.


La comitiva sale hoy de Praga hacia el nordeste. El avión hará escala técnica en Moscú como paso previo a Beijing. La ruta fue elegida para sortear la región caliente de Asia Central. Mongolia, en cambio, no es conflictiva desde Gengis Khan.


La comida y la atención en el Tango-01 son, como siempre, excelentes, pero Kirchner volvió al estilo más modesto de los viajes de Alfonsín. El vino tinto (el Presidente toma sólo una copa) puede ser uno bueno, pero de precio razonable, como Selección López, y no hay champagne después de la comida. Sólo viajan algunas botellas para caso de cumpleaños a bordo, pero nunca una de Cristal, el champagne de 200 dólares por botella que ordenaba comprar a veces Menem.


Aunque no viajaba en short como Menem, cuando fue presidente Fernando de la Rúa imitó los modos imperiales de su antecesor en materia de gastos. Su mujer, Inés Pertiné, hasta hizo comprar varios juegos de sábanas nuevas y carísimas. Nuevas porque no quería dormir en las mismas que había usado Menem y caras, porque ése fue el estilo pese a las formas en contrario. Con De la Rúa como pasajero insigne del Tango-01 subió la calidad del vino y, a veces, hubo langosta de plato principal. Estos días, en cambio, como en tiempos de Alfonsín, volvieron el lomo con champignones y los ravioles de verdura y ricota.


Ni Kirchner ni su círculo íntimo, y tampoco los gobernadores y Díaz Bancalari, quisieron escalar el enfrentamiento entre el kirchnerismo y Eduardo Duhalde. Como si la guerra existiera, pero estuviera destinada a ser más sorda que antes. Está claro, de todos modos, que los dos sectores seguirán prestando atención al poder real, que se basa en buena medida en los intendentes. “No se puede hacer una guerra con coroneles y sin gente, y tampoco una con gente sin ningún coronel”, es la frase que pudo escucharse en los últimos días a un kirchnerista puro. La alusión a los coroneles remite al poder de los intendentes del Gran Buenos Aires que puedan incrementar las fuerzas propias del Presidente antes de una batalla decisiva, abierta o cerrada.


Ayer, la estadía en Praga sonó a una tregua respecto de la exasperación argentina. Nadie en la delegación argentina conocía la capital de la República Checa, por lo que fue una sorpresa para todos. Incluso para el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, que impresionó a sus compañeros de delegación con su teléfono-palm y su estudio prolijo de una guía de Praga para llegar con algún conocimiento previo.


La impresión general fue compartida. Praga no es una ciudad con casco histórico bien conservado sino una ciudad histórica, relativamente pequeña y con buen estado de conservación en todas sus etapas, desde la medieval a la barroca. Otra impresión fue el silencio. El ruido más fuerte es el zumbido de los tranvías, tan modernos y suaves como en Ginebra o Berlín. No hay bocinazos ni gritos, y la polución publicitaria parece estar dominada. Los carteles no tapan el castillo que domina la ciudad desde lo alto, ni abruman el clima entre trágico, estilo soho y snob, como ocurre también con el parisino Le Marais, del antiguo barrio judío. En el silencio puede destacarse un conjunto de música antigua en el puente del siglo XIV que cruza el Moldova, con todas sus estatuas románticamente ennegrecidas, salvo en el brillo del bronce de una de ellas, lustrada por las manos de los que pasan y prometen.


El verano ayuda. Recién comenzó. Los días son agradables, con unos 25 grados, y anochece tarde porque Praga está muy al norte. Ayer a las nueve y media aún no era noche cerrada. En esta Praga, Franz Kafka no sería un atormentado.

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El presidente Néstor Kirchner acaricia un bajorrelieve de la estatua de San Juan Nepomuceno en el puente Carlos IV, en Praga.
 
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