EL PAíS › A 15 AÑOS DEL ATENTADO A LA EMBAJADA DE ISRAEL EN BUENOS AIRES

“Fue contra todos los argentinos”

Representantes del gobierno argentino y de Israel, familiares de las 27 víctimas fatales, sobrevivientes y delegaciones de colegios y entidades judías se reunieron en Arroyo y Suipacha para reclamar justicia por el ataque terrorista a la sede diplomática.

La sirena sonó en Arroyo y Suipacha como hace 15 años, cuando llegaban las primeras ambulancias a la Embajada de Israel. El acto en conmemoración por los 29 muertos que dejó el atentado comenzó a las 14.50, a la misma hora en que explotó el edificio. Ayer, varios oradores se encargaron de aclarar que lo único que no puede repetirse es la impunidad que rodeó a la investigación de este crimen. Por eso, Carlos Susevich, pariente de uno de los muertos, recordó “la baja estatura moral de políticos y funcionarios de anteriores gobiernos que sólo han hecho promesas”. Durante la ceremonia hubo repetidas críticas al gobierno de Irán por parte de los oradores israelíes y se reafirmó el compromiso del gobierno para castigar a los culpables. “No nos detendremos hasta alcanzar el resultado de justicia que todos, hoy, como ayer, reclamamos”, dijo el canciller Jorge Taiana. También estuvo Cristina Fernández de Kirchner que no habló pero coreó “volver a empezar”, durante el cierre musical, a cargo de su amigo Alejandro Lerner. Desde Puerto Madryn, el Presidente mandó un “abrazo solidario a toda la comunidad” judía y destacó que “el atentado fue contra todos los argentinos”.

Luego del minuto de silencio y de nombrar a cada una de las víctimas fatales del ataque cometido el 17 de marzo de 1992, el locutor presentó al primer orador. Susevich conmovió por su testimonio y la dureza de sus acusaciones: “Traficaron con la palabra y la promesa”, dijo el anciano, en referencia a “los vaivenes de la infame década menemista y al inoperante gobierno de la Alianza”. Detrás de él, esperaba su turno el vicecanciller israelí, Aarón Abramovich, de visita por el país. El diplomático dedicó gran parte de su discurso al terrorismo internacional que atenta “contra la civilización” y se ganó el aplauso de la gente advirtiendo sobre los supuestos planes atómicos del presidente iraní Mahmud Ahmadinejad.

Su discurso fue seguido atentamente por el embajador de los Estados Unidos, Earl Anthony Wayne, quien luego destacó ante la prensa las coincidencias de su país con Argentina en materia de lucha antiterrorista. Antes de terminar, Abramovich estimó que “hay que quitarle apoyo a esta nación”, cuyo presidente insiste en borrar a Israel del mapa y niega el Holocausto. Ahmadinejad todavía no entendió el chiste berlinés que dice que “los alemanes nunca les van a perdonar el Holocausto a los judíos”.

Castillo de naipes

El único sobreviviente que habló ayer fue el entonces cónsul Dany Carmon. Emocionado, recordó a su esposa muerta en el ataque y a sus compañeros de trabajo “israelíes, argentinos y bolivianos”. El diplomático comentó que el atentado “acabó con nuestras vidas como las habíamos conocido” y dijo que el episodio les hizo “conocer el planeta del dolor y la pena”. Carmon repaso el devenir de sus cinco hijos: uno de ellos estuvo en el ejército “defendiendo a su país” y otro trabaja en el museo del holocausto en Israel. Todos, dijo orgulloso, mantienen un buen recuerdo de la Argentina. “Este pasado pesa”, reconoció Carmon, quien habló de la “cruel ironía de la historia”: el diplomático trabaja en la ONU y suele discutir y polemizar con representantes de Irán. También recordó el atentado como el día en que “como un castillo de naipes, caía la representación de un país amigo en Argentina”. A su lado, inmóviles, escuchaban la primera dama, el canciller Jorge Taiana, el jefe de Gobierno porteño, Jorge Telerman, y los ministros de Justicia, Alberto Iribarne; Educación, Daniel Filmus, y de Defensa, Nilda Garré. Más atrás, el secretario de Cultura, José Nun, y el de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde.

“Escuché la explosión estando a poca cuadras de acá”, principió Telerman, para quien el atentado “mató a cada uno de nosotros”. El mandatario destacó la inauguración de la moderna plaza Isaac Rabin, sobre las ruinas de la embajada. Cerca de las vallas, a un costado del escenario se oían los gritos del empresario León Wasserman, quien donó el terreno para hacer ese memorial. “Usted es un autoritario”, le dijo a un policía que le cerró el paso: el arquitecto quería hablar en el palco y denunciar al actual jefe de Gobierno porque “nunca se ocupó de cuidar la plaza”. Tres guardias israelíes se ocuparon de calmarlo. Sobre el escenario ya estaba hablando Taiana.

“Fue un ataque contra el pueblo argentino todo y el esclarecimiento y el castigo a los culpables es un indeclinable compromiso de las autoridades”, enfatizó el canciller, quien se lamentó porque todavía no se pudo apresar a todos los que “planearon, instigaron, ejecutaron o colaboraron con los actos criminales” de la embajada de Israel y la AMIA. Taiana también expresó la solidaridad del gobierno con los familiares de las víctimas y prometió: “No nos detendremos hasta alcanzar el resultado de justicia”.

Bajo perfil

“Estamos aquí no por un ejercicio rutinario, sino por un dolor que no cesa”, dijo el embajador de Israel, Rafael Eldad, último orador de la jornada. Antes de agradecer el compromiso de la Corte Suprema que “asegura que la causa no se cerrará”, Eldad recordó que “durante años cada diciembre hemos vivido con la amenaza del cierre de la causa y cada marzo con la voluntad de continuar con la investigación”. Motivado por los aplausos, el diplomático instó a seguir “aprendiendo la lección” que dejó el atentado. A pocos metros del palco, un sonidista corrió la manta que tapaba un piano de cola negro, fileteado con banderas argentinas. Estaba todo listo para que tocara Alejandro Lerner.

Detrás del escenario, pululaban los cultores en ese acto del bajo perfil: el ex jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra, los candidatos presidenciales Roberto Lavagna y José Antonio Romero Feris, el actor y ex diputado Luis Brandoni, el ex vicecanciller Fernando Petrella, el embajador Diego Guelar y el infaltable El Tula (bombo en mano). Los únicos que evitaron pasar inadvertidos fueron los agentes de seguridad, que hicieron de patovicas en todas las entradas. ¿Sos de la colectividad?, ¿hiciste el bar mitzvá?, ¿tenés algún elemento cortante?, insistió uno de ellos a Página/12. Es que para ingresar, además de pasar por el detector de metales, había que tener invitación, portar apellido o “tener cara de”. Por supuesto, quienes pertenecían a la DAIA, la AMIA u organizaciones y colegios judíos no tuvieron tantos problemas como los turistas que querían pasar a ver de qué se trataba todo el asunto. Sin saberlo, se perdieron el balanceo de la primera dama, Telerman e Iribarne mientras escuchaban “Indulto” y “Volver a empezar”. El músico, que enseguida captó la buena onda, miró al palco y gritó: “Gracias a vos, Cristina”. Antes de que el público se retirara, un par de chicos aprovecharon para repartir sus volantes: “Respeto por la vida =/ Terrorismo Islámico”.

Informe: Emilio Ruchansky.

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Estuvieron Taiana, Abramovich, Cristina Kirchner, entre otros.
 
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