EL PAIS › LA CRUEL HISTORIA QUE UNE A BUSSI, AIGNASSE Y CHEBAIA

Un tirano, dos hijos de desaparecidos

 Por Felipe Yapur

“¡Esto es Tucumán!”, es la frase que suelen utilizar los tucumanos para explicar lo inexplicable de la política vernácula. Hoy en la capital de la provincia, los aspirantes a quedarse con la conducción del municipio Antonio Bussi, Gerónimo Vargas Aignasse y Rubén Chebaia, mal que les pese, comparten una historia común de sangre, desaparición y muerte desde la misma madrugada del 24 de marzo de 1976.
En aquella lejana madrugada los dos últimos se cruzaron en el camino ensangretado de Bussi, quien se hacía cargo de la vida y hacienda de los tucumanos. No sólo vivieron el terror impuesto del genocida sino que además se convirtieron en dos de los cientos de hijos de desaparecidos que dejó la dictadura. Transcurridos 27 años, sus caminos se vuelven a cruzar. La democracia bastardeada por la impunidad los enfrenta en la contienda electoral que comienza a las ocho de la mañana de hoy.
Bussi, el candidato por Fuerza Republicana, fue durante los dos primeros años de la dictadura el responsable de los 33 campos clandestinos de detención que funcionaron en el territorio provincial. El genocida nunca dio respuesta ante la Justicia por estos miles de casos gracias a la ley de Punto Final. Sin embargo, la asunción de Néstor Kirchner abrió la posibilidad de concretar el reclamo de los organismos de derechos humanos de anular las leyes de impunidad. Esto provocó que el anciano general se decidiera a buscar un paraguas protector como puede ser la intendencia capitalina y, de paso, le permitía apuntalar la descolorida candidatura a gobernador de su hijo Ricardo.
Tal vez la casualidad o el destino quiso que en la boleta oficial del justicialismo, de candidato a intendente estuviera el joven legislador Gerónimo Vargas Aignasse. En 1976 ni siquiera había ingresado a la escuela cuando en la madrugada del 24 de marzo, Guillermo, su padre, senador provincial del PJ, era secuestrado por la patota que irrumpía en Tucumán de la mano de Bussi. Durante años su familia buscó al desaparecido sin incorporarse a los organismos de derechos humanos. Cientos de oficiosos informantes se acercaron para brindar detalles del lugar donde estarían los restos de Guillermo, muerto tras la tortura.
José Chebaia era en 1976 funcionario del gobierno del justicialista Amado Juri. El día del golpe jamás logró regresar a su hogar al ser detenido por el mismísimo Bussi en la casa de gobierno junto a otros funcionarios de la administración peronista. Uno de sus hijos, Rubén, se convirtió en 1983 en el intendente de la capital por la Unión Cívica Radical. Luego de 16 años, Rubén Chebaia intenta volver al mismo puesto y en la campaña se tuvo que cruzar con el responsable de las desaparición de su padre. Si bien el hoy candidato por el Frente Unión por Tucumán que conduce Esteban Jerez supo votar en su momento en la convención radical el apoyo a las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, hoy volvió sobre sus pasos y es un fiero contrincante del genocida. Sin embargo, en la tierra de la desmemoria, del no me acuerdo que es Tucumán, poca mella le hace a Bussi su responsabilidad por los crímenes de la dictadura.
Sin duda, el recurso que utilizan los tucumanos para justificar los horrores de la política local no alcanzan para justificar las caras que muestran las boletas electorales en cada uno de los cuartos oscuros.

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