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Una muerte que se convirtió en el símbolo de la falta de justicia

Walter Bulacio murió en 1991 después de una razzia policial. Aquí, la historia de una causa que combinó inoperancia y complicidad política y judicial.

“Jueces del anochecer, polizontes del horror. Usted quiere a su mujer, yo quiero una explicación.” La estrofa de la canción “Ayer soñé con Walter”, de Fito Páez, fue incluida en un escrito que los abogados de la familia de Walter Bulacio habían presentado ante la Justicia cuando comenzaba la causa en 1991 luego de la muerte del joven. La estrofa fue repetida diez años después en una solicitada publicada meses antes de que, sin ningún culpable, se cerrara el caso más emblemático de la brutalidad policial.
El 19 de abril de 1991, Walter Bulacio fue al estadio Obras Sanitarias para ver un recital de Los Redonditos de Ricota. Walter tenía 17 años y trabajaba como cadi en el Club Municipal de Golf de Aldo Bonzi, donde vivía con sus padres. Cuando llegó al estadio ya no había más entradas y se quedó afuera. A las diez de la noche, más de 100 policías hicieron una de las habituales razzias con carros, perros y bastonazos: fue detenido sin causa alguna en la puerta del estadio junto con otros 72 chicos que fueron transportados a la Comisaría 35ª, a cargo de Miguel Angel Espósito. Ningún juez había sido avisado de su detención.
Todos los jóvenes fueron liberados menos Walter: había sufrido una indisposición tras una golpiza y al día siguiente fue llevado al Hospital Pirovano y luego al Sanatorio Mitre, donde a los cinco días de su detención murió por una hemorragia cerebral. Se iniciaba así uno de los casos más emblemáticos de la vergonzante alianza entre inoperancia judicial y violencia policial institucional.
La causa de Bulacio comenzó antes de su muerte: nunca se investigó si fue un homicidio, como pretendían los abogados de la Correpi María del Carmen Verdú y Daniel Stragá, y la imputación quedó relegada al cargo de privación ilegítima de la libertad. El proceso duró once años, seis meses y 27 días; intervinieron 36 jueces; la Corte Suprema se pronunció en dos oportunidades y la Sala VI de la Cámara del Crimen porteña en 27: en el medio (abril de 1996), la fiscal Mónica Cuñarro pidió 15 años de prisión para Espósito, único imputado del caso.
Los Bulacio padecieron la negación de justicia durante más de una década: la hermana de Walter sufrió bulimia; su madre, Graciela Scanone, intentó luchar contra la burocracia judicial, y su padre, Víctor, murió de tristeza en abril de 2000: fue la abuela de Walter, María Armas, quien prometió a Víctor que la lucha continuaría hasta que Espósito “pague por lo que hizo”.
En una sentencia de siete carillas, la Sala VI cerró el caso el 22 de noviembre del año pasado por la prescripción de la causa que acumulaba más de 4000 fojas; cinco meses antes le había quitado a la madre de Walter su rol de querellante. La estrategia de extender el juicio lo máximo posible que había elaborado Pablo Argibay Molina, defensor del comisario, parecía haber tenido éxito: los jueces Carlos González y Luis Escobar sobreseyeron a Espósito. Sin embargo, no lograron que siguiera sonando la canción de Fito Páez ni que los Bulacio continuaran con su pedido de justicia.
Producción: Gabriel Entin.

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