ESPECTáCULOS › ENTREVISTA AL GUITARRISTA JOE SATRIANI, QUE MAÑANA TOCARA EN EL LUNA PARK

“Hoy transpiro menos y pongo más alma”

Es uno de los llamados “héroes de la guitarra”, pero no quiere ser considerado solamente como un virtuoso. El músico, que presentará en la Argentina su CD “Strange Beautiful Music”, habla de los diversos matices que ofrece su instrumento, de su evolución artística y de su experiencia como profesor.

 Por Roque Casciero

En medio de un panorama discreto en visitas internacionales, los fanáticos que son capaces de llorar cuando un guitarrista mueve los dedos a la velocidad de la luz están de parabienes: Joe Satriani vuelve a tocar en Buenos Aires. La de mañana, en el Luna Park, será la tercera visita de este músico y profesor (entre sus alumnos célebres figuran Steve Vai y Kirk Hammett, de Metallica). En esta oportunidad, Satriani mostrará, durante más de dos horas y media de show, su repertorio más rockero, como consecuencia lógica de la dirección que le imprimió a su disco más reciente, Strange Beautiful Music. Un vuelco radical con respecto a su trabajo anterior, Engines of Creation (también presentado aquí), que mostraba las seis cuerdas del calvo guitarrista surfeando sobre bases electrónicas. “Es típico que quiera cambiar de dirección entre dos álbumes. Y ésta fue una oportunidad perfecta para meterme con dos sonidos muy diferentes”, asegura Satriani, en la entrevista telefónica con Página/12.
“Después del lanzamiento de Engines... nos fuimos de gira durante un año e hicimos un DVD en vivo, Live in San Francisco. Todo ese proceso de tomar un disco tecno grabado en el living y llevarlo al escenario y tocarlo en vivo durante casi un año, en cierto modo me guió a hacer un disco que reflejara una banda al natural. Y por eso ahora tenemos un show bastante heavy: jamás se pone tecno ni canto canciones (se ríe). Creo que nunca antes toqué la guitarra con tanta intensidad en los shows.”
–¿Abandonó la idea de cantar?
–En realidad, no. Cuando comenzamos la gira en junio del año pasado cantaba dos canciones. Pero era poco natural hacer dos canciones entre veintiséis instrumentales. Así que sacamos una canción y al poco tiempo pensamos: “¿Para qué cantar?”. Es mejor así, al menos en esta gira. Puedo imaginarme cantando en el futuro, porque en algunos casos las canciones lo requieren, pero supongo que mis fans saben que no intento basar mi carrera en mis cualidades como cantante (risas).
–¿Es cierto que en los últimos tiempos está trabajando más en la guitarra rítmica?
–Sí. Se me ocurrió que puedo intentar revolucionar otra vez la estructura de los temas instrumentales de guitarra. Tengo ganas de concentrarme en riffs muy pesados y en el interplay entre las guitarras rítmicas, para asegurarme de lograr un álbum con un sonido más agresivo y enérgico. Quiero ver si puedo hacer todo un disco sin baladas, para que sea realmente intenso. Igual, quiero que haya espacio para mi sonido personal, para mi intención melódica en los solos. Es algo difícil de ensamblar, pero lo que hago desde 1996 es componer un montón de música y pensar al mismo tiempo en el concepto del disco.
–Esta idea de tocar riffs más pesados, ¿es una influencia del nü metal?
–Es una combinación entre eso y el hecho de haber retomado algunas viejas influencias que nunca había tenido tan en cuenta al tocar. Cuando escucho mis discos favoritos de Hendrix o Led Zeppelin siempre percibo que el trabajo de la guitarra rítmica es muy fuerte. Después de veinte o treinta años, su forma de encarar la guitarra rítmica todavía es artísticamente valedera y tiene un gran impacto en las canciones. Hoy, la guitarra rítmica es mucho más simple. La guitarra en general se puso extremadamente simple durante los últimos quince años, muy para consumo público (se ríe). El mensaje salió más del sonido de la guitarra: si uno escucha a Körn, System Of A Down, P.O.D. o bandas así, nota que le pusieron trabajo al sonido de la guitarra y que ese sonido trae consigo un mensaje importante. Entonces, quizá no le dan tanta importancia a la complejidad de los riffs. Ahora uno se mete en un estudio y la guitarra puede sonar casi como cualquier cosa, por eso es natural que haya uncambio en donde se aplica la creatividad. Los guitarristas son igualmente buenos y creativos, pero su atención pasó de la técnica a lo sónico.
–Usted es autodidacta. ¿Qué fue lo que le atrajo de la guitarra?
–La influencia de los grandes guitarristas que había en los ‘60 y en los ‘70, cuando yo era chico. Crecí durante un período en el cual Jimi Hendrix, Eric Clapton, Jeff Beck y Jimi Page hacían cosas muy interesantes. Entonces la guitarra aparecía como un instrumento fantástico y me enamoré de ella desde la primera vez que la escuché.
–¿Es verdad que decidió ser guitarrista el día que murió Jimi Hendrix?
–Sí. Era parte del equipo de fútbol de la secundaria y estábamos preparándonos para el entrenamiento cuando un compañero me dijo: “Ey, a vos te gusta ese tipo, Jimi Hendrix. Escuché que se murió”. En ese mismo momento di la vuelta y le dije al entrenador que renunciaba al equipo. Me fui a casa y le anuncié a mi familia que iba a ser guitarrista. Así es como empezó todo.
–Pero usted ya tenía 14 años y había intentado ser baterista.
–Es verdad. No era muy bueno como baterista. Estaba influido por los Beatles, los Rolling Stones, el soul de Motown... Pero con el tiempo sentí que precisaba tener control de la melodía y la armonía, y eso no podía hacerlo detrás de una batería. Entonces necesitaba tener las manos cerca de las cuerdas y la guitarra me pareció un instrumento en el que me resultaba mucho más fácil progresar.
–Igual, al escucharlo hoy, parece extraño que recién haya empezado a tocar la guitarra en su adolescencia.
–Si se empieza muy temprano se corre el riesgo de quemarse y de perder el interés. Como profesor, mi experiencia es que los alumnos que empezaron en su adolescencia han tenido más éxito. Un buen ejemplo es Steve Vai, que empezó cuando tenía 13 años, que para mí es la edad ideal. Antes de eso, los chicos tienen mucho por experimentar. Entonces, ¿quién quiere sentarse a practicar en casa? Pero en los primeros años de la adolescencia uno comienza a caminar en una dirección personal, entonces la habilidad para encauzar las energías es increíble. A mis alumnos siempre les digo: “Esperen hasta los 14, cuando puedan concentrarse. Si tienen talento, en ese momento, con unas horas por día de práctica van a evolucionar rápido”.
–¿Cuánto hay que practicar por día cuando se es Joe Satriani?
–A través de los años incrementé mis prácticas hasta llegar a las diez horas diarias, pero eso era para aprender a estar cómodo con las técnicas. Una vez que se las aprende, no es necesario volver a cada rato sobre ellas. La mayor parte del tiempo paso diez horas por día escribiendo y grabando, así que estoy tocando cosas que requieren un alto grado de musicalidad. Y no hablo sólo de la agilidad de mis dedos, sino también de mi cerebro y mi corazón. Es un trabajo diferente: quizá se transpira un poco menos, pero hay que poner más el alma musical en eso.
–Este año fue nominado por 13ª vez consecutiva a un premio Grammy y, como las doce veces anteriores, no se lo llevó. ¿Cree que ganará alguno?
–Es probable que no (risas). Igual, me fue muy bien sin un Grammy, tuve una carrera fantástica, vendí millones de discos y me invitaron a tocar la guitarra por todo el mundo: no siento que me esté faltando nada. De hecho, es impresionante haber sido nominado durante trece años seguidos, porque es muy difícil entrar al pequeño grupo de nominados. Pero es muy divertido el hecho de que siempre me nominen y no ganar nunca. El mundo es un lugar demasiado duro, así que cuando uno encuentra algo divertido, más vale no arruinarlo (se ríe). Todos necesitamos reírnos de algo.
–¿Y si ganara un Grammy como cantante?
–(Se ríe.) Eso estaría perfecto. Sería la mayor carcajada.

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Joe Satriani actuará en Buenos Aires por tercera vez en su carrera.
 
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