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“Hay que ir más allá del repertorio que sigue cantando todo el mundo”

El Cardenal Domínguez, con su cuarteto, rescata tangos y milongas ajenos al “grandes éxitos” y desconfía de los vicios del género.

 Por Karina Micheletto

Cuando se le pregunta por el sobrenombre, enseguida aclara que lo de Cardenal no fue por subirse a la rama de Gardel. Que le quedó desde que alguien lo cargó en el secundario por un ochentoso peinado punk que se había hecho. Pero al fin y al cabo sirvió. Cardenal es un buen nombre artístico para alguien que, como Javier Domínguez, pone su voz a tangos y milongas, interpretándolos con un particular decir. Cardenal tiene un cuarteto que completan Federico Ghazarossian, Santiago Fernández (también integrantes de Me Darás Mil Hijos) y Lucas Kohan. Con esta formación se está presentando en un ciclo de conciertos gratuitos en el Club del Vino (Cabrera 4737), los miércoles de mayo. Además, es el cantante invitado del cuarteto Los Cosos de al Lao, con el que actúa todos los sábados en el Tortoni, y los martes en la milonga gay Besos Brujos.
Como suele ocurrir en estos casos, el tango siempre estuvo. Hubo un padre cantante amateur, que nació el 6 de abril y llevó otro nombre atinado para el género, Santos Reyes Domínguez. Estuvo la radio, con programas como el de Héctor Larrea, en el que todos los días, religiosamente, el pequeño Javier escuchaba el tema de Gardel que pasaban de 7 a 7.05. En la adolescencia empezaría “el feroz adiestramiento gardeliano” como guitarrista, pero con un grupo “de Gardel pop”.
Domínguez observa que en el último tiempo comenzaron a surgir formaciones tangueras de distinto tamaño que llevan un nombre que los identifica como colectivo, algo que años atrás no ocurría, y que él analiza con un fenómeno ligado al rock, de reivindicación del trabajo grupal. El cantante festeja este cambio, pero igual eligió ponerle su nombre al cuarteto, a la vieja usanza. “Porque cuando lo hice pensé: ma’ sí, ya que soy tan tozudo y sigo con esta idea de hacer tango con guitarras, le pongo mi nombre al grupo.”
Después de un primer disco más enfocado a los primeros tangos, Tango criollo para guitarras, el cuarteto sigue explorando el repertorio de tangos, valses y milongas poco interpretados. “El repertorio del tango es enorme y se siguen haciendo siempre los mismos temas. Nosotros preferimos agarrar Mis flores negras, que tiene una versión de Gardel y de Nelly Omar, y pará de contar. O Pavadita, de la que sólo había una versión en guitarra. Y queremos abrir el juego a Zitarroza o al tango más campero. Si podemos abrir aunque sea un poquito el veinte por ciento que se conoce del repertorio, estamos hechos”, dice con convicción.
–¿Hacer tangos poco conocidos es una elección deliberada, una forma de sentar posición?
–Es que así es más interesante. Además, ya que somos una formación que no es comercial, y que no tiene el límite del marketing, ¿para qué vamos a hacer los tangos que hace todo el mundo? Los tangos que nosotros elegimos son tan lindos como ese veinte por ciento que se escucha más. Y también buscamos para el lado de lo campero, que no es tan difundido, porque no queremos separar tango y folklore. El tango, en todo caso, es el folklore citadino. Y para mí ahí está lo más jugoso.
–¿Por qué?
–Me parece que el tango más criollo tiene menos pose. Hay una relación más natural entre las personas. Vos escuchás Malevaje o El rebenque fatal y no tienen esas cosas del lamento del cornudo, ni del macho recio que se regocija porque la mina terminó tirada en la calle. No, el tipo la perdona igual, entiende que hay cosas que pasan. Es más parecido a la vida real.
–En el último tiempo parece haber una reivindicación de la guitarra dentro del tango. ¿A qué se debe?
–Es algo muy reciente, no tiene más de dos años. Por un lado sí, hay una reivindicación, realmente no sé por qué se dio en este momento pero era hora. Pero por otro laboralmente se complica más. El tango con guitarras es más difícil de seguir para los bailarines, y por eso contratan más a las orquestas, sobre todo afuera. Entonces, para hacertango con guitarras te tenés que poner en el mismo lugar que un grupo de rock: buscar tus lugares para tocar, armar tu propio circuito.
–Como cantante de tangos, ¿a quién no quisiera parecerse?
–Uff, a tantos... Hay una estética horrible tipo Grandes Valores que no tiene nada que ver con el buen gusto. Hubo malos vicios que quedaron pegados. Está el cantante Tarzán, que apela al vibrato exagerado. Después de Goyeneche apareció la cuestión del decir, y se exageró con eso. Yo no creo que al tango haya que decirlo ni que cantarlo excesivamente. Está bueno aprovechar los signos de puntuación o remarcar frases, pero siempre y cuando respetes el texto. A veces lo que se escucha tiene más que ver con cancherear, con decir “mirá cómo la manejo” que con la historia que se está contando. Trato de que no se me prendan esos vicios, ni exagerar la goyenecheada ni cantar a los gritos para demostrar que puedo. Me interesa más buscar lo sutil, lo chiquito. Es una búsqueda que me lleva la vida.

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El Cardenal se distingue por su estilo interpretativo.
Se presenta los miércoles en el Club del Vino, con entrada gratuita.
 
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