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“A la hora del humor, la realidad significa una competencia desleal”

Diego Wainstein, actor, autor y director que participa del ciclo El comediómetro, da su visión del stand up, género que sigue en alza.

 Por Oscar Ranzani

Alguien podría pensar, en principio, que El comediómetro es un instrumento para medir la intensidad de las risas. Pero además es un ciclo que se viene desarrollando todos los viernes a las 23.30 en el Centro Cultural de la Cooperación, con distintos unipersonales de stand up que irán rotando cada dos meses hasta fin de año, al igual que sus intérpretes. Actualmente, los viernes de julio Diego Wainstein –actor, autor y director de teatro– presenta su propio espectáculo. Wainstein tiene una amplia trayectoria en el género. Participó en otros espectáculos de stand up como Humor cerebral y Episodio uno. Paralelamente es reconocido en España, donde el stand up está haciendo furor: allí grabó especiales para la señal televisiva Paramount Comedy. En El comediómetro, Wainstein presenta un material “donde la familia, el matrimonio, Dios, el embarazo, el nacimiento y las nuevas tecnologías, el judaísmo y sus creencias se entremezclan constantemente”, señala el artista.
Wainstein arremete contra los prejuicios sociales y a través de sus ácidos comentarios se ríe de los convencionalismos. Por ejemplo, del comportamiento de la gente ante determinadas situaciones: “¿fue parto normal?”, “¿cuánto pesa?”, se burla el artista sobre los lugares comunes. También bromea con el uso de la tecnología, como el contestador automático y el telefónico. Una de las características del espectáculo es que Wainstein no incluye el comentario político, excepto cuando se sienta al piano para parodiar a Rodríguez Saá. Pero sólo eso.
“Para mí la política o la realidad política es una farsa. Entonces me es muy difícil tratar de hacer humor, sobre todo porque el humor de actualidad que antes era el monólogo político que hacía el capocómico en la revista fue totalmente captado por la televisión”, señala Wainstein. “Hoy tenemos tantos y buenos programas que hacen humor de actualidad, como CQC, TVR. Es muy difícil ganarle a eso. Porque salió algo y ellos están haciendo un chiste el lunes y uno llega a la función el viernes. ¿Para qué lo voy a hacer? Y por otro lado, me parece que es un arma de doble filo. Yo siento ahora que los políticos son camaleones que se adaptan grosera y asquerosamente a todo. Pergolini los convierte en payasos, les estira la nariz, les hace cosas muy piolas y los tipos ya lo aprendieron. Son tan adaptables... El político ya se carga solo y se hace para que le pongan la sobreimpresión. Comparte el código ‘yo soy gracioso’ y se pierde el efecto de la burla. A mí me gusta bucear en cosas más profundas. Yo me propuse una cosa: no hablar de la televisión, no hablar de la actualidad y que cuando la gente venga a ver un espectáculo mío se ría de las cosas más profundas que le pasan, y que no es lo que ve todo el día en el diario y en la televisión.”
–¿Cómo selecciona los temas de los que va a hablar? ¿Tiene algún criterio, se le van ocurriendo?
–Las dos cosas. Muchas veces la realidad dispara. La realidad no es sólo la actualidad sino que la realidad cotidiana, lo que te pasa en tu vida, dispara cosas sorprendentes. El humor sale de ahí, de las cosas que me pasan cotidianamente a mí, de las cosas que le veo a la gente, de las cosas que me cuentan. Y por ahí sí, lo que me pasa es que siempre les veo un lado más absurdo a las cosas. Siempre mi humor tiene que ver con eso. Igual a mí me causa gracia todo tipo de humor.
–A su vez, a través del absurdo puede sostener opiniones muy fuertes.
–Claro, el absurdo permite ese distanciamiento. O sea, el stand up tiene esta cosa de la comparación constante, del paralelismo. Se puede comparar el anillo de casado con el collar de los perros. Esto que uno puede decir una cosa que no tiene nada que ver con la otra, confluye y hace reír. Es una vuelta de tuerca o una instancia distinta al viejo humor del que yo no reniego para nada, del que hacían Verdaguer y grandes humoristas de reírse de lo que ya sabíamos. Yo los admiro mucho. Los grandes precursores del stand up son Verdaguer, Landriscina, Pinti. Estilos bien distintos: Pinti con humor político, Landriscina con humor costumbrista y Verdaguer con humor más urbano.
–En un momento usted dice que “la realidad es un chiste”. ¿De qué no se ríe?
–Como humorista, la realidad es una competencia desleal. No es que no me río. No me dan ganas de hacer humor de la publicidad, de la televisión, de las cosas que la gente ve en los medios. Cosas que por ahí son muy buenas, no despotrico contra eso. Pero yo trato de ir más a lo profundo y hacer humor de la Biblia o de la religión o de mis raíces que, por ahí, son las cosas que le pasan a cualquier ser humano que, por ahí, es meterse en lo profundo y en la superficie también de lo que te pasa cotidianamente. Y descreo de que haya temas sobre los que no se pueda hacer humor. Yo creo que uno elige: elijo no hacer humor de la televisión. Pero esa cosa de que no se puede hacer humor sobre las enfermedades, sobre la religión, sobre la diferencia sexual, es al revés. Yo creo que el tipo que a un negro le dice “gente de color” es un racista. Me parece que decir “no hagamos humor sobre los gordos” los está excluyendo del humor, que es la cosa más primitiva que hay. Si no, es como decir “esta gente es distinta a mí”.

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Wainstein viene de actuar en Humor cerebral y Episodio uno.
El comediómetro se ve los viernes en el C.C. de la Cooperación.
 
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