ESPECTáCULOS

Nuevas rutinas para la guerra de los gimnasios

La directora y dramaturga Susana Torres Molina explica el sentido de Hipertrofia muscular, la obra de Nelson Mallach que funciona como “disparador de un mundo cerrado, masculino, con ciertos códigos”.

 Por Cecilia Hopkins

Desde hace tres años, la directora y dramaturga Susana Torres Molina coordina talleres de escritura teatral y desde hace seis, no dirige: “Antes, la dramaturgia era para mí una excusa para ejercitar la dirección –cuenta a Página/12–, pero durante todo este tiempo fui conectándome con mi escritura: recién ahora siento deseos de volver a dirigir”. Tanto es así que, además de haber estrenado recientemente Hipertrofia muscular –obra de Nelson Mallach–, en el Teatro del Abasto (Humahuaca 3549), Torres Molina está ensayando junto a Patricio Contreras y Luis Machín, Ella, obra de su autoría premiada por el Fondo Nacional de las Artes (que Imanol Arias estrenará en España con dirección de Miguel Pittier) y, a fines de agosto, dará a conocer la puesta de Punto de viraje, otro texto suyo que formará parte del ciclo Exilios.
Después de estrenar en 1977 su primera obra, Extraño juguete, la autora jerarquizó en su producción la temática femenina: aunque de estéticas totalmente disímiles, en esa línea se inscriben sus piezas Y a otra cosa mariposa y Amantísima. Sin embargo, aclara: “Cuando yo comencé a escribir no había demasiadas dramaturgas y directoras: fue por eso que me pareció interesante escribir desde un enfoque femenino. Pero después desapareció esa necesidad. Ahora no me planteo nada a priori. Simplemente me aparece una idea y recién después decido si el personaje será varón o mujer. Ultimamente me rondan situaciones protagonizadas por hombres”.
Hipertrofia... fue escrita por Mallach precisamente en el taller de Torres Molina: se trata de una historia de rivalidades y traiciones protagonizadas por un grupo de hombres que en un gimnasio se someten a duras rutinas diarias con vistas a competir profesionalmente, “una obra que crea un mundo con la excusa de las mancuernas, los bíceps y los anabólicos”, según adelanta la directora. El elenco está integrado por Marcelo Arredondo, Iván Esquerré, Hugo Men y Juan Pablo Thomas.
–¿Le atrajo el gimnasio como espacio para investigar desde el teatro?
–No me interesó tanto el gimnasio como lugar en sí mismo sino como disparador de un mundo cerrado, masculino, con ciertos códigos. Estos cuatro personajes están entrenando juntos como fisiculturistas, el instructor tiene a Schwarzenegger como ídolo...
–Los personajes parecen pertenecer a una secta religiosa...
–Todos ellos tienen un discurso instalado que tiene que ver con la estrechez de pensamiento, con el fanatismo: uno, porque relaciona el entrenamiento con la historia de Jesucristo y el sacrificio; otros, porque tienen obsesiones por los records o las cámaras y los medios de comunicación. En la obra se habla de la colonización cultural, de la rivalidad y la traición, pero no en términos conceptuales o ideológicos.
–¿Volvió a trabajar con el humor?
–Sí, me gustó mucho trabajar con el humor, incluso me recordó a otra etapa de mi dramaturgia. Junto al autor y los actores creamos un lenguaje corporal que hace que la obra tenga mucho ritmo y una gran vitalidad. Pero más adelante, se desata una gran violencia. Uno se puede quedar con la historia de la guerra de los gimnasios (están en competencia el de Schwarzenegger y el de Lou Ferrigno, el actor que interpretaba al Increíble Hulk) pero este enfrentamiento de gurúes es sólo una excusa para desencadenar una violencia descontrolada. Porque todos están alienados y sojuzgados, pero cuando pueden, todos humillan a los demás.
–¿Cuáles cree que son las condiciones para escribir dramaturgia?
–Tanto para la narrativa, como para el teatro y el cine, es necesario tener un mundo propio interesante, que sea capaz, con la práctica, de adquirir síntesis y potenciarse, concentrándose. En el caso de la dramaturgia, es necesario comprender que el lenguaje literario es sólo una parte de la teatralidad, porque hay que tener en cuenta a la hora de escribir que los actores tienen un lenguaje corporal de ritmos ytemperaturas diferentes. A mí no me parece atractivo ver a dos personas instaladas arriba de un escenario hablando entre ellas. Para eso uno puede leer un libro y volver la página atrás. El teatro tiene una especificidad que tiene que ver con lo vivo, con la intensidad del cuerpo y la imagen. El texto necesita una electricidad, una dinámica diferente.

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Torres Molina dirige una obra que habla de fanatismos y rivalidades.
 
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