ESPECTáCULOS › INTI ILLIMANI Y QUILAPAYUN, REFERENTES DE LA MUSICA POPULAR CHILENA

El regreso de todas las voces todas

Las dos agrupaciones históricas se presentarán juntas esta noche en el Teatro Gran Rex. Sus líderes explican cómo se resignifican hoy, a la luz del neoliberalismo, las viejas consignas.

 Por Cristian Vitale

Si hubiera que contar la historia de la música popular chilena de los últimos 40 años con su correlato en la sociedad y la política, sería imposible evitar a Inti Illimani y Quilapayún. Ambos grupos, arquetípicos, marcharon parecido en las buenas y en las malas, sustentando artísticamente el gobierno de Salvador Allende o sufriendo el exilio, cuando la marea cambió. Hoy ambas agrupaciones se presentarán juntas en el Teatro Gran Rex (con Charly García, Pedro Aznar, Jaime Torres y Liliana Herrero como invitados), y lo que subyace es una visión estética, ideológica, que parece resignificarse tras el fracaso liberal.
“Será un encuentro marcado por el afecto y la memoria hacia una expresión artística muy robusta, que cambió la música en Chile democratizando el cancionero popular. Pulsar nuestras melodías nos retrotrae hacia el bello tiempo de sueños locos y justos”, introduce Horacio Salinas, director musical de Inti Illimani durante 34 años. Está previsto para la ocasión que cada agrupación, además de canciones propias, interprete obras de la otra, con el objetivo de lograr una reciprocidad atípica y prometedora. “Habrá una docena de canciones cantadas por los dos grupos y piezas instrumentales en versiones de curiosas sonoridades”, anticipa Salinas, que dejó el grupo hace tres años y se reincorporó para este recital. Por su parte, Quilapayún, además de sumergirse en el ida y vuelta previsto, mechará canciones nuevas (como la irónica Cueca larga de la nueva canción chilena) con otras como El discurso de Mata, parte de La Cantata de Santa María de Iquique y del repertorio menos conocido de la cordillera para acá, que el grupo produjo entre 1973 y 1988 en Francia. “Venimos a presentar la esencia de Quilapayún”, resume Eduardo Carrasco, fundador y director musical, a Página/12.
Ambos conjuntos llegan con sus formaciones históricas. En el caso de Inti Illimani, con dos de sus miembros originales: el citado Salinas, que se incorporó en octubre de 1967, y Horacio Durán. “Existen dos grupos sin que uno pueda prohibirle al otro su existencia –refiere Salinas, respecto del otro dirigido por el también pionero Jorge Coulón y su hermano Marcelo–, aunque creo que esta anomalía deberá ser resuelta, pues existe un solo modo de hacer las cosas al estilo del Inti Illimani y otro modo que es el imitarlo. Tenemos discrepancias relacionadas con el futuro del grupo, valoraciones distintas respecto de su pasado y de su patrimonio artístico.” Quilapayún, por su parte, se presenta con Carrasco, Hernán Gómez, Guillermo García, Ricardo Venegas, Carlos Quezada, Hugo Lagos, Rubén Escudero, Ricardo Farsán e Ismael Oddó. “El grupo está partido en dos –sostiene Carrasco–; Rodolfo Parada –que ingresó durante la grabación de Quilapayún III, en 1968– armó una agrupación con la que no estamos de acuerdo... son todos músicos nuevos. Entramos en conflicto, hubo una pelea jurídica por el nombre y en Chile la ganamos. Ahora queda la disputa de Francia, cuyo fallo saldrá en meses.”
–¿Por qué ocurrió el litigio?
E.C.: –Porque hay grupos como nosotros, como los Inti, que responden a un ideal político, social y que, por tanto, nunca se configuraron como empresas ni tomaron resguardos jurídicos... un peligro por si alguien quería aprovecharlo y hacerse cargo de la marca. Mucha gente tuvo ideales en el pasado y después, cuando la ilusión de destruyó, en lugar de rescatar ese ideal, entró en esta sociedad de consumo diciendo “fuimos unos imbéciles porque no nos dedicamos a ganar plata”.
–¿Qué relevancia tienen hoy las canciones históricas de Inti Illimani?
H.S.: –Implican un espacio sonoro que nos conmueve, nos llama a recordar sueños que fueron un dulce abrigo. Hay canciones que hablan por todas como El mercado Testaccio, u otra que es un poema que le escribió Nicolás Guillén en una servilleta a Cándido Portinari en un restaurante de Buenos Aires llamada Un son para Cándido Portinari.
–¿Y las de Quilapayún?
E.C.: –Hay canciones que quedaron unidas a un momento específico de la historia y que hoy no tienen sentido. Nuestro cobre, tan festejada en el pasado, hoy no se puede cantar. Hay otras que atravesaron las conmociones históricas y siguen siendo válidas, porque significan otra cosa. El pueblo unido..., por ejemplo, fue compuesta en el período más intenso de la Unidad Popular. Cantar esa canción en esas circunstancias era una cuestión de antagonismo: el pueblo eran nuestros partidarios. Cuando lo cantamos ahora ya no significa conflicto sino unidad.
–¿Puede aplicar esa traslación a otra obra clave como La Cantata de Santa María de Iquique?
E.C.: –Sí. La Cantata no ha perdido su vigencia. Es más válida hoy que cuando la cantamos en el Teatro Payró de Buenos Aires, en 1970. Todavía no había ocurrido lo de Allende y era sólo recordar un pasado de violencia y represión ocurrido en 1907. Si mirás los golpes militares en Chile y en Argentina que vinieron después, la represión fue mil veces más violenta que aquélla. Entonces, cuando la cantás hoy, el mensaje de unidad y el dramatismo es perfectamente válido.
–¿Cómo recuerda la primera visita de Inti Illimani a la Argentina? Fue en 1968, a un año de la fundación del grupo.
H.S.: –Fue nuestra primera gira internacional. Eramos estudiantes de mochila y lo único que necesitábamos era aprender a rasguear la chacarera, descifrar los arreglos de Las Voces Blancas o comprar un buen bombo legüero.
–¿Intuye que puede sentir una emoción semejante hoy?
H.S.: –Cercana y tal vez más amorosa. De ese primer paso fuera de Chile y del amor por las zambas y la Quebrada de Humahuaca nació en el Inti la necesidad de apropiarse de todo nuestro continente, de sus ritmos, instrumentos y su poesía.
–¿Qué rol ocupa Quilapayún en la música popular?
E.C.: –Nosotros no pretendemos jugar el mismo rol que en el pasado, ni disputarle la popularidad a músicos más jóvenes, como Los Tres o Los Prisioneros. No se puede pretender mantener el mismo protagonismo durante toda la vida. Ni siquiera Los Beatles podrían haberlo hecho. Lo lindo es que los grupos nuevos rescaten nuestra obra y la mantengan en su corazón, pero no podemos salir a decir que Quilapayún se está renovando o que va a dar grandes cosas, porque sería falso.
–¿Cómo identifican lo común a ambas agrupaciones?
H.S.: –En tanto, miembros de la nueva canción chilena, exiliados y finalmente retornados, compartimos el descubrimiento de la música de este continente, que incorporamos de diversos modos en nuestro mundo creativo.
E.C.: –Ambos estamos vinculados a un pasado de lucha. Nosotros jugamos un rol protagónico durante la Unidad Popular y como resistencia a la dictadura. Y no queremos borrar eso, porque es nuestro capital histórico. Sabemos que hay que asumir lo que se derrumbó, pero sin olvidar.

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Inti Illimani, más de treinta años de militancia latinoamericanista.
 
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