ESPECTáCULOS › BALANCE DE UN AÑO INTENSO PARA LA MUSICA POPULAR: UN NUEVO PUBLICO LA ACOMPAÑA FERVOROSO

El tango y el folklore gozan de buena salud

El año que pasó fue de reafirmación y renovación artística. Tanto el tango como el folklore dieron señales de estar conquistando una nueva generación, de la mano de intérpretes que toman de cada género los ingredientes más auténticos.

 Por Karina Micheletto

¿Qué dejó el 2004 en materia de música popular? Una etiqueta tan abarcativa admite múltiples lecturas. Aun así, los géneros que representan a la música argentina evidenciaron claros crecimientos, sobre todo en cuanto a su expansión entre los intérpretes y el público jóvenes. Por el lado del tango, siguen apareciendo jóvenes dispuestos a retomar la historia no sólo desde el punto en el que la dejó Piazzolla. En el folklore no hay nada parecido a un “boom joven” como el que se supo inventar años atrás, pero cierto aire de argentinidad postcrisis parece favorecer la apertura de algunos circuitos. El hecho de que un programa como Folclorísimo, de Carlos Giacheti, militante incansables del género y creador de la frase “viva el folklore”, haya llegado a ganarle en rating a Majul y a Grondona los domingos por la noche desde la gélida pantalla del 7 marca un estado de situación interesante. Quizás algún día un productor se avive de que es posible hacer un programa de folklore y ganar plata, sin necesidad de llenar la pantalla de agrupaciones tradicionalistas que revolean boleadoras.

Tango y tanguerías

Este año brilló la orquesta típica. Rodolfo Mederos estrenó la suya y le voló los pelos a más de uno en el Centro Cultural Torquato Tasso. Típicas como la Fernández Fierro se van consolidando con el tiempo, igual que otras formaciones orquestales como la de El Arranque, a esta altura la orquesta joven más reconocida del panorama actual. En una búsqueda totalmente diferente, también se consolida el tango electrónico. Una tendencia que surgió lejos de aquí, en París, de la mano de un francés, un suizo y un argentino (Eduardo Makaroff) que formaron Gotan Project. Lo más exitoso del subgénero (sobre todo afuera de Argentina) fue Bajo Fondo Tango Club, proyecto que involucró a Gustavo Santaolalla, Luciano Superviellle y Adriana Varela, entre otros. Ultimamente se sumaron muchos tangueros electrónicos como Ultratango, el grupo que integran Leo y Gastón Satragno (hijos de Raúl Lavié), los rosarinos de San Telmo Lounge o Carlos Libedinsky.
Las que también se multiplican son las tanguerías, la rama más dinámica de las pymes argentinas. Inauguraron varias y llegaron a zonas hasta ahora no identificadas con el género, como Balvanera, donde abrió Complejo Tango, y Puerto Madero, donde hace poco inauguró Madero Tango, por citar casos con shows alejados de las tilinguerías for export. Claro que a precios que no bajan de los cincuenta dólares el cubierto.
Volviendo a lo importante, hay jóvenes intérpretes, directores, arregladores, cantantes, y en medio de tanta efervescencia los que siguen sin aparecer son nuevos letristas. ¿Dónde están los tangos del siglo XXI, los que pintan a Buenos Aires y a su gente de hoy? Hay quienes dicen que están, pero que no los muestran, que no hay muchos cantores dispuestos a decirlos. Otros contraargumentan que las nuevas letras no encuentran su lugar dentro del tango, que suenan como forzadas, que no se acercan ni remotamente al nivel poético que siempre caracterizó al tango. El ciclo Tango por la identidad, organizado por Abuelas de Plaza de Mayo, consagró en 2004 a nuevos letristas como Marcela Bublik, Marcelo Naraveckis y Ernesto Pierro, cuyas obras fueron arregladas por profesionales y estrenadas por la Orquesta Juan de Dios Filiberto en el Teatro Cervantes. Algo que no garantiza que estos tangos vayan a ser difundidos por los músicos e intérpretes actuales, pero que al menos funciona como estímulo. Bublik y Pierri son fundadores de Letrango, una agrupación que desde hace dos años reúne a autores contemporáneos en busca de la profesionalización del letrista y la difusión de los tangos nuevos. Además, hay ciclos de nuevo tango como el del Centro Cultural de la Cooperación, donde los nuevos intérpretes y autores pueden encontrarse. La difusión es más fácil para los que interpretan sus propias letras, como Juan Vattuone, Daniel Melingo, Omar Giammarco y grupos como Buenos Aires Negro o La Chicana.

Otro folklore joven

Los chicos que años atrás protagonizaron el “boom del folklore joven” hoy parecen haber encontrado caminos más adecuados por el lado del pop melódico, y los repertorios de Soledad o Luciano Pereyra van despojándose de chacareras y zambas con el paso de los discos. Mientras tanto, aquí y allá aparecen nuevas voces que hablan de un “folklore joven” más auténtico. La revelación del año fue el dúo de Tilín Orozco y Fernando Barrientos y su primer CD, Celador de sueños. Los mendocinos renovaron el cancionero cuyano sin necesidad de deformaciones ni fusiones extrañas. Lo suyo suena de lo más urbano y experimental, pero sigue conectado al origen. También terminaron de instalarse a nivel nacional jóvenes como el armoniquista Franco Luciani –invitado en discos de todos los géneros– y la coplera salteña Mariana Carrizo (Premio Consagración del último Cosquín), que llegó a imponer cierta moda bagualera.
Otras voces femeninas se destacaron: Silvia Iriondo, María de los Angeles Ledesma, Paola Bernal, Irupé Tarragó Ros, Susana Castro, la riojana Bruja Salguero, la bonaerense Lucía Ceresani, la sanjuanina Claudia Pirán. Muchas de ellas se reunieron en el 1º Encuentro Mujeres Argentinas Hoy, que se hizo en octubre en el Tuñón. El 5º Encuentro de Música de Provincia, en octubre, organizado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad, fue otro termómetro del estado del género. Reunió a más de doscientos artistas en setenta conciertos, con un público de 20.000 personas. Las largas filas que se formaron en el Centro Cultural Centeya para escuchar a artistas como Coplanacu, Pedro Aznar, Chango Spasiuk o Peteco Carabajal, que cortó la calle el último día, pero también al jujeño Ricardo Vilca o a los más rockeros de Arbolito, ratificaron que hay oídos con ganas para esta música. Como fenómeno local, cada vez más zambas y chacareras se entremezclan con los códigos de las tribus rockeras. Bandas como Semilla, Arbol, Arbolito, Eppurse Muove o Banda Criolla transitan los terrenos del folk-rock. Parece lógico que las nuevas generaciones hagan suyo el folklore, tal como lo pueden sentir hoy.

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