ESPECTáCULOS › CINE EL DIRECTOR BRITANICO HABLA SOBRE SU NUEVA PELICULA

La guerra personal de Ken Loach

Por Elisa Silio *
Desde Madrid

El cineasta británico Ken Loach (Warwickshire, 1936) está en camino de convertirse en el Michael Moore europeo y la idea no parece disgustarle. Eso sí, sin organizar las performances que han hecho popular al de Michigan. Libra su propia batalla contra los “gobiernos invasores de Bush y Blair”. “Quiero felicitar a España por dos cosas –dijo en la presentación de Sólo un beso en la Semana de Cine de Valladolid–, por haber echado al señor Aznar y por haber sacado las tropas de Irak. En Inglaterra estamos deseando hacer lo mismo.” Los pataleos y los aplausos se oyeron entonces a partes iguales en el teatro. Más comedido, pero con igual pasión, y en conversación telefónica desde Londres, Loach habló de su película.
En un tono más dulce que en anteriores trabajos, como Mi nombre es todo lo que tengo o Riff Raff, el prestigioso realizador británico cuenta en Sólo un beso la historia de amor en Glasgow entre un joven paquistaní (Atta Yakub) y una profesora de música escocesa (Eva Birthistle), puesta en peligro por la oposición de la familia de él y del colegio católico en el que trabaja ella. Detrás de este argumento subyacen temas como el conflicto entre lo establecido y el amor, la lucha por cambiar la sociedad, la partición de India el 15 de agosto de 1947 y el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York.
–¿Usted confía en que los inmigrantes jóvenes se integren?
–Las nuevas generaciones van al colegio, a la universidad, al trabajo... se mezclan con gente de distintas comunidades y poco a poco se van integrando. Pero hay problemas de racismo que surgen cuando falla la economía. La gente tiene que culpar a alguien y se acuerda del menos fuerte: el pobre o el inmigrante. Además, las guerras ilegales de Bush y Blair han hecho que los musulmanes se sientan mucho más vulnerables y eso empeora las cosas.
–Las comedias Oriente es oriente, Quiero ser como Beckham y la suya, Sólo un beso, se centran en las relaciones entre las comunidades orientales y la británica. ¿Es una moda tratar estos temas?
–La inmigración es un rasgo bastante marcado de nuestro paisaje cultural porque hemos tenido un imperio y hay muchos inmigrantes de todas esas zonas colonizadas: Caribe, Pakistán, India... Tienen una cultura específica y es inevitable y enriquecedor en cierta manera hablar de ellos. Hay que defender la diversidad cultural, que ahora se tiende a perder, en muchos aspectos.
–¿Investigó mucho?
–Conocimos a muchos paquistaníes y oímos sus historias. Nos decían: “Ante esto, nosotros reaccionaríamos así”. Nunca pedí a nadie que hiciera algo que no quisiera hacer y creo que nadie se sintió incómodo.
–¿Por qué su decisión de contar con actores de reparto amateurs?
–Parte de la película tiene que ver con la idea de identidad y un joven paquistaní dice: “Soy musulmán de origen paquistaní, pero ante todo soy escocés”. Cuando oyes a sus jóvenes hablar, lo hacen igual que los de Glasgow. Su comunidad no es muy grande, 15.000 o 20.000 personas, y pensé que había que buscar a los actores dentro de ella. En cuanto hablan, se reconoce su identidad, y eso es importante. Sólo hay uno o dos actores profesionales dentro de la comunidad. La hija más joven y la madre habían hecho sus pinitos en interpretación. Así que hubo que buscar gente fuera y vimos a unas 200 personas. Tuvimos mucha suerte en encontrar a Atta (Yakub), el protagonista, que estudiaba y tiene mucho talento como actor aunque él no lo sabía.
–¿Como han reaccionado la Iglesia católica y los paquistaníes ante la película?
–En el Festival de Berlín recibimos el Premio del Jurado Ecuménico que es dado por los católicos, de modo que parte de la Iglesia nos apoya. Y a los jóvenes paquistaníes les gusta mucho, aunque a los mayores les han chocado las escenas íntimas.
–Con Sólo un beso parece cerrarse una trilogía sobre Glasgow (Felices dieciséis y La cuadrilla) que usted niega. ¿Por qué esa fascinación de un inglés por Escocia?
–Paul (Laverty), el guionista, es escocés y el idioma en el que escribe es el inglés de allí. Nuestra próxima película será en Irlanda.
–Usted sostiene que Europa necesita un Fahrenheit 9/11. ¿Está dispuesto a ser su Michael Moore?
–No tengo la misma constitución física que Moore, así que va a ser difícil. Sería bonito hacer un documental, pero no sé cómo. El estaba delante de la cámara y ése no es mi estilo. Hay que promocionar los intereses de la gente normal y corriente y un nuevo modelo económico pensado en las necesidades, no en los beneficios. El mundo que vamos a dejar a nuestros hijos es mucho más pobre que el que está siendo violado para obtener beneficios corporativos.
–Su lucha está ahora en la retirada militar de Irak.
–Las tropas británicas están allí ilegalmente y mientras permanezcan están cometiendo un crimen. El problema es que los remedios están en manos del gobierno y hay mucha gente que no se siente representada. Enhorabuena a España por deshacerse de Aznar. Espero que el nuevo gobierno sea realmente radical y de izquierda.
–¿Con George W. Bush recién reelegido, tiene fuerzas para batallar?
–El de las últimas elecciones fue un resultado malo, sin ninguna duda, pero era de esperar que ello ocurriera, porque los Estados Unidos son una nación muy manipulable y muy manipulada. Se llaman a sí mismos una democracia, pero no tienen expresión democrática. George W. Bush perdió las primeras elecciones y es curioso que hablen ahora de los comicios en Ucrania, cuando ellos hicieron lo mismo.

* El País de Madrid. Especial para Página/12.

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Loach continúa su batalla contra “los gobiernos invasores de Bush y Blair”.
 
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