EL PAíS › JORGE ENRIQUEZ, LEGISLADOR ANTIABORTISTA

El último inquisidor

Supo militar en el ala derecha del radicalismo. Hoy Jorge Enríquez maneja su partido aliado a Mauricio Macri. En la Legislatura porteña es la voz que se alza contra el aborto, la homosexualidad, la educación sexual y los anticonceptivos.

 Por José Natanson

Dice que la homosexualidad “es una desviación psicosexual” que “se puede corregir a través de endocrinólogos infantiles”. Se opone al aborto en todos los casos. Cuestiona las leyes de salud reproductiva y los métodos anticonceptivos (aunque no el del calendario). Lidera la campaña contra el proyecto de ley de educación sexual en las escuelas, al que define como un Kamasutra. Y asegura que, de ser juez, hubiera cerrado la muestra de León Ferrari. “Al menos la parte que afecta los sentimientos cristianos”, explica. Ex militante radical, el legislador porteño Jorge Enríquez se convirtió, a fuerza de hiperexposición mediática, en un propagandista eficaz de las ideas más reaccionarias y en un referente ineludible de la derecha política. A continuación, en una entrevista con Página/12, un recorrido por la vida y el pensamiento del hombre que quiere liderar a “la mayoría moral” desde Unión Republicana, su nuevo partido político.

Cuestiones sexuales

–¿Realmente cree que el proyecto de educación sexual de Florencia Polimeni es un Kamasutra?
–Algo que hace al núcleo íntimo de la persona debe ser visto desde la integralidad, no puede quedar subsumido a una materia. No puede escindirse de los valores de los que el chico se nutre en la familia. Mi posición es que se consensúe la educación sexual entre el colegio y los padres.
–Si un colegio católico enseña a no usar preservativos, ¿el Estado no tiene que intervenir estableciendo contenidos mínimos?
–El sida no se soluciona sólo repartiendo preservativos. Por más eficaces que sean, tiene que haber una educación en la que se vea al sexo como algo no puramente biológico, como algo que no se puede separar del amor y el cariño. Hay que enseñarle al chico a vivir su sexualidad desde el amor. En cambio, el proyecto hablaba de negociación sexual, erotismo, masturbación. Se planteaba la perspectiva de género, que es una construcción cultural y relativista.
–¿Le parece mal la perspectiva de género?
–Para mí los géneros son dos: masculino y femenino. Y acá no se plantea así. Se plantea como una construcción cultural que abarca cinco géneros: homosexual masculino y femenino, heterosexual, gay y travesti.
–Para usted son dos.
–Dios nos creó hombre y mujer.
–¿Y los homosexuales qué son?
–Es una desviación psicosexual, generalmente adquirida. Yo no la juzgo.
–Pero dice que es una desviación.
–No la censuro, pero es el concepto que yo tengo. Creo que se puede corregir a través de endocrinólogos infantiles. El Estado, a través de la educación sexual, debe ayudar a que el chico se reconozca como hombre y la chica como mujer. El planteo de vida de cada uno hacia su sexualidad forma parte de la esfera de vida privada. No lo voy a juzgar. Pero no es lo natural. Lo natural es que Dios nos creó hombre y mujer. Después, el planteo que cada uno haga de su sexualidad es privativo de las personas. Lo que no haría jamás es discriminar a alguien por ser homosexual. De hecho, trabajaba con personas homosexuales. Y han sido excelentes como compañeros de trabajo, como profesionales. Hablo de un asesor mío, que además lo confesaba públicamente.

El origen radical

Mal que les pese a algunos alfonsinistas, en el radicalismo hubo siempre una corriente conservadora, que en diferentes momentos, lideraron Alvear, Ricardo Balbín, Eduardo Angeloz o Fernando de la Rúa, y en la que durante años militó Enríquez. Ex convencional constituyente porteño, ex subsecretario de gobierno y antiguo amigo de De la Rúa, con la crisis de 2001 Enríquez se acercó a Ricardo López Murphy y después se sumó a la alianza entre el ex ministro y Patricia Bullrich para las elecciones de jefe de gobierno de 2003.
En aquel momento, cerca de Bullrich aseguraron que, para mejorar su lugar en la lista de legisladores, Enríquez le pidió a Guillermo Marcó, colaborador del arzobispo Jorge Bergoglio, que intercediera ante la candidata. Bullrich se mantuvo firme y amenazó con contarle acerca de la presión a Bergoglio. Resultado: a último momento Enríquez se pasó a las filas de Mauricio Macri, consiguió su banca y se mantuvo allí a pesar de algunos cortocircuitos. Ultimamente se enfrentó a los legisladores macristas que impulsaban el juicio político a Aníbal Ibarra a raíz del incendio en República Cromañón.
Hábil para los medios y claro para exponer las ideas más increíbles, fue consiguiendo una altísima exposición pública como abanderado de las posiciones más duras en temas sensibles: el aborto, la unión civil para parejas homosexuales y la salud reproductiva.

No toca botón

–Uno de sus objeciones al proyecto de ley de educación sexual es que, según dijo, promueve la masturbación. ¿Está mal masturbarse?
–Hace a la esfera íntima de las personas. Es lo mismo que el planteo de vida de cada uno respecto de su sexualidad. Yo soy heterosexual, pero no ando pregonando por todos lados mi heterosexualidad. Si una persona es homosexual no voy a permitir que nadie se meta en su esfera privada. Pasa lo mismo con la masturbación. Hace a la esfera íntima. No me voy a poner al frente de una clase y le voy a enseñar a los chicos algo tan íntimo o privado como la masturbación o la abstinencia.
–Se les puede explicar que no es algo malo.
–No estaba planteado de esa manera. En el proyecto estaba como un capítulo que se enseñaba. Se hablaba por ejemplo de “negociación sexual”. ¿Qué eso? Es como decir “vamos a ver de qué manera lo hacemos”.
–¿Cómo pueden aprender los chicos las cuestiones relacionadas con la vida sexual si no se les enseña?
–Es algo que nace del amor y la naturaleza. Algo que fluye naturalmente.

Contra el aborto

Durante el diálogo con este diario, el jueves en su despacho en la Legislatura, Enríquez no levantó la voz en ningún momento. De hecho fue muy amable, y se lo veía contento de poder expresar sus ideas. “Cuando me dicen antiabortista para mí no es una crítica. Es algo que defendí siempre, y podrán tacharme de muchas cosas, pero no de no tener coherencia”.
–¿Se opone al aborto en todos los casos?
–La Legislatura no puede legislar sobre este tema, que forma parte del Código Penal. De todos modos, se trataron de buscar atajos, como el aborto para los chicos que padecen anancefalia.
–¿Se opone también a eso?
–Es una situación muy dolorosa, pero hay que escuchar las dos campanas. Está la madre que sabe que su hijo va a nacer muerto. Y está el otro tema: se considera que, aún sabiendo que su hijo va a nacer muerto, la madre al haber realizado un aborto eugenésico no puede obturar su duelo. Frente a esta situación, yo digo que hay que dejarlo en manos de la Justicia. No se puede practicar el aborto, que en definitiva es un homicidio, sobre un ser indefenso, que no tiene posibilidades de expresarse.
–Pero si tiene anancefalia va a nacer muerto. ¿Qué vida se está protegiendo?
–No es que está muerto en el seno materno. Y si nosotros aceptamos, como dicen nuestras leyes y los pactos internacionales, que la vida comienza en el seno materno, no podemos terminar con esa vida porque, aún cuando sepamos que va a morir, es una persona que aún está viva. Matarla sería cometer un homicidio. El Estado tiene que actuar en la etapa previa con el suministro de ácido fólico para que la enfermedad no se produzca y luego con la contención después del parto. Es una situación dolorosa, pero hay vida. ¿Y si el chico anencefálico, por uno de esos milagros o por algo que ocurra en la ciencia, nace bien?
–¿También se opuso a la ley de salud reproductiva?
–Yo era subsecretario de gobierno. Nos oponíamos, y propuse el veto, a todo mecanismo de anticoncepción abortivo, como el DIU o la píldora del día después. No al Billings, al método de los días.

La mayoría moral

Definitivamente alejado del radicalismo, Enríquez fundó su propio partido, Unión Republicana, que presentará candidatos en las elecciones de octubre, posiblemente en alianza con otras fuerzas. “Pueden ser las fuerzas de centro, o López Murphy, o referentes como Santiago de Estrada o Jorge Mercado”, explica.
–Se lo ve contento como referente de la derecha.
–Yo considero que estoy en el centro.
–¿Y entonces quién estaría a la derecha?
–Podrían estar expresiones políticas como la UCeDé de Pereyra de Olazábal. O Patti. Yo me considero en el centro, creo interpretar a la gente común, a esa mayoría silenciosa, que tantas veces no puede expresarse y es defraudada.
–¿Estuvo de acuerdo con la clausura de la muestra de León Ferrari?
–Se estaban ofendiendo los sentimientos más íntimos de la grey católica. No lo acepto, como no hubiera aceptado que se ofendiera a cualquier otro culto.
–¿Si hubiera sido la jueza, hubiera clausurado la muestra?
–Sí, al menos en lo que afecta los más caros sentimientos.
–¿Hubiera cerrado un pedazo de la muestra?
–Sí. La parte que afecta esos sentimientos cristianos. Es generar una ofensa a un conjunto de personas por practicar una religión.
–Pero podían no ir.
–Sí, pero era un lugar público que sostienen los contribuyentes. Fue una provocación ubicarla al lado de una Iglesia. Y esto no es censura.
–¿No?
–No, porque la Constitución no consagra derechos absolutos. Todos son relativos de acuerdo a las leyes que los reglamentan, si son razonables. Y es razonable pedir que una muestra no ofenda los sentimientos. El arte es otra cosa. No necesariamente es agresión. Es como si se hiciera una muestra de arte con una apología del nazismo. Se estarían ofendiendo los sentimientos, no sólo de la comunidad judía sino de todos los que, como yo, pensamos democráticamente.

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Jorge Enríquez siempre lidera el pensamiento más conservador de la Legislatura porteña.
 
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