ESPECTáCULOS › “NADIE OLVIDA NADA” Y “EL ULTIMO CONFIN”

Cuando el dolor individual lleva a la búsqueda colectiva

Dos nuevos films, de fuerte contenido político, abordan desde una óptica diferente el tema de los desaparecidos.

 Por Oscar Ranzani

Una de las características de la última dictadura militar fue el desconocimiento de fronteras para ejercer el terrorismo de Estado. Jujuy no fue la excepción. En la provincia del noroeste argentino se conocen 108 casos de personas desaparecidas. Fiel al compromiso de contar lo sucedido en su tierra, el antropólogo jujeño Ariel Ogando realizó el largometraje Nadie olvida nada, un documental que evoca la lucha que emprendieron quienes sufrieron la pérdida de sus seres queridos en la provincia. Se trata del primer film de estas características, hecho en esta tierra norteña, después de la excepcional Sol de Noche, aquel documental impactante que describe la historia de la luchadora Olga de Arédez y de la Noche del Apagón, sucedida en el pueblo Libertador General San Martín, cuando los militares secuestraron a 400 pobladores en camiones del Ingenio Ledesma. Nadie olvida nada fue producido por Wayruro Comunicación Popular, una agrupación sin fines de lucro que realiza actividades sociales, políticas y culturales en la provincia. La elección del nombre tiene su motivo: “wayruro” es una semilla roja y negra de fuerte contenido mítico en el área andina. “Según el mito, si uno guarda varias semillas en un recipiente, éstas se reproducen y crecen en cantidad y tamaño. Entonces, nos pareció interesante esto de juntarnos y crecer”, dice Ogando.
El film está estructurado como una especie de rompecabezas que se va armando a medida que se presentan los testimonios de los familiares. Entre uno y otro se entremezclan las imágenes de marchas y actos que funcionan como eslabones de esos testimonios: de lo individual avanza hacia lo colectivo. Casi como una metáfora del espíritu militante. Y éste es precisamente el sentido de la película: “Yo identifico dos momentos. Uno es cuando cada familiar cuenta su pérdida. Y luego, cómo esa pérdida es encontrarse con ese otro que sufre lo mismo y que, de alguna manera, lo fue uniendo desde el dolor para la búsqueda de verdad y Justicia, una búsqueda colectiva”, explica el realizador de 38 años, al que la película le cambió la “forma de ver Jujuy porque, de pronto, uno ve la casa que reventaron para chuparse a una persona. Ya eso genera una cosa interna. O el Cabildo de Jujuy que es Patrimonio Histórico Nacional fue un centro clandestino de detención durante la dictadura. Entonces, uno resignifica los lugares a partir de la vivencia que tuvo gente como uno”. El documental contiene imágenes tomadas dentro de la cárcel de Villa Gorriti, que funcionó como un centro clandestino de detención y de otro conocido como “Guerrero”, ubicado en un predio de la escuela de policía. En ambos casos, ex presos políticos relatan con detalle las condiciones humillantes en que pasaban sus días los secuestrados por el régimen militar que avanzaba en su ofensiva a través de una premeditada y siniestra planificación del exterminio.
Otro joven comprometido con el pasado es el porteño Pablo Ratto, licenciado en física que, después de trabajar diez años con la ciencia, decidió volcarse más a la expresión artística. Trabajó como fotógrafo en un set de filmación y más tarde creó la productora Mambo. Un día lo contactaron con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), institución creada en 1984, cuyo objetivo es investigar las desapariciones de personas y los entierros clandestinos, producidos durante la última dictadura militar. A comienzos de 2003, el EAAF le solicitó un relevamiento fílmico del trabajo que iba a emprender en el cementerio de San Vicente, Córdoba, donde se iba a excavar en una fosa común. Pero Ratto quedó tan impresionado que decidió hacer la película El último confín. Tras meses de investigación, exhumación y verificación de datos, los miembros del EAAF terminaron encontrando –al momento de finalización de la película– 120 restos de personas, cuatro de los cuales fueron identificados y entregados a sus familiares. “En el segundo viaje, cuando llegué y me encontré con la fosa abierta, sentí que no estaba preparado para eso. Pero tenía que hacerlo. Entonces, saqué la cámara, la planté, empecé a grabar la fosa desde el borde”, explica el director. “En un momento sentí una atracción desde abajo. Había algo que me decía ‘bajá, meté los pies adentro, no te quedes mirándolo desde arriba’. Bajé e hice las tomas que están desde adentro de la fosa y en ese momento cambió todo para mí. Se me hizo carne lo que pasaba en esa fosa”, explica con la misma emoción con que trabajó. Posteriormente, Ratto volvió a Buenos Aires con las imágenes y dejó guardado el casete en un cajón esperando el próximo viaje a Córdoba. “Automáticamente empecé día tras día a sentir un malestar físico, sin saber lo que me pasaba. Todos los días a las 11 de la mañana más o menos se me cerraba el pecho y no podía respirar. Consulté a varios médicos y ninguno me dio la clave”, cuenta. Hasta que le aconsejaron consultar a un terapeuta. “Y de repente, apareció que la hora que se me cerraba el pecho todas las mañanas era la hora que yo había bajado a la fosa.” Ratto decidió, entonces, sacar el casete del cajón y empezar a trabajar con esas imágenes. “Hasta ese momento sólo era un relevamiento. En ese momento empezó a transformarse en una película”, reconoce.
El resultado es un largometraje de alto impacto emocional filmado en el mismo momento en que iban sucediendo los hechos. No se trata de una reconstrucción posterior. Y no sólo muestra el exhaustivo, admirable y reconocido trabajo del EAAF en Córdoba sino también el proceso que atraviesan los familiares que buscan a sus desaparecidos. El último confín contiene imágenes inolvidables, sucedidas en el preciso momento de la recuperación y devolución a las familias de los restos identificados. “¿Cómo cambia la vida de quien busca a un ser querido, desaparecido hace 27 años, y finalmente encuentra sus restos? ¿Con qué alimenta la esperanza aquel que no los encuentra, aquel que sigue buscando?”, se pregunta Ratto. Y su film busca dar respuesta a tamaño interrogante.
El último confín se proyectará el jueves 7 de julio a las 19 en el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Franklin 54, en el marco del ciclo Documentales Recientes sobre Derechos Humanos, organizado por la Dirección de la Carrera de Comunicación, con entrada gratuita. Nadie olvida nada se está presentando actualmente en la III Muestra de Documentales y Cine Social, España.

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El último confín, de Pablo Ratto.
 
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