ESPECTáCULOS › EL DIA DESPUES DE LIVE 8

El rock, mediador entre ricos y pobres

El éxito de convocatoria del megaconcierto solidario proyecta otros análisis sobre los reales alcances de la iniciativa.

Por Christoph Driessen
Desde Londres

El momento clave del concierto Live 8 en el londinense Hyde Park no se produjo cuando subieron al escenario Paul McCartney, Robbie Williams o Mariah Carey. Tuvo lugar cuando apareció Birhan Woldu, una estudiante de 24 años que no habla ni una sola palabra de inglés. Momentos antes, Bob Geldof había mostrado una grabación que hace 20 años dio la vuelta al mundo en la que se veía a una demacrada niña etíope que luchaba con la muerte. “¿Ven a esta hermosa mujer?”, preguntó Geldof a la multitud. “Hace 20 años le quedaban diez minutos de vida. Pero gracias a que en aquel entonces celebramos aquí y en Filadelfia un concierto, la semana pasada hizo su examen de agronomía. Hoy está aquí, la pequeña niña Birhan. ¡Que no digan que lo que hacemos aquí no tiene sentido!”
Cuando Geldof pronunció estas palabras, ya se habían disipado todas las dudas sobre la reedición del concierto Live-Aid de 1985. Pero apenas se habían secado las lágrimas que derramaron incluso los más escépticos cuando algunos volvían a sentir un cierto malestar: cuando Madonna alzó triunfante el brazo de la joven etíope, el crítico del diario The Independent tuvo la sensación de que era como “el gesto de victoria de un campeón de boxeo: no se trataba de la superviviente, sino de Madonna”. No cabe duda: en lo que a evento musical se refiere, Live 8 fue el “mayor espectáculo de la Tierra” (Sunday Mirror). ¿Pero fue realmente la “octava maravilla” que unió durante diez horas a ricos y pobres del mundo formando las “verdaderas Naciones Unidas”, tal como dijo Kofi Annan? ¿Fue un evento tan electrizante que los ocho hombres más poderosos del mundo tendrán que ofrecer 50.000 millones de dólares adicionales durante la cumbre del G-8 esta semana en Escocia por temor a la ira del pueblo? No sólo el corresponsal jefe de la BBC, Andrew Marr, puso en duda que para los espectadores se tratara realmente de Africa: “Si hubiera tocado una orquesta tradicional de Baviera no hubieran venido tantos”, señaló. Nadie tuvo nada para objetar cuando el cómico Ricky Gervais bromeó con la suspensión anticipada del evento porque George W. Bush y Tony Blair, acababan de acordar cuadruplicar la ayuda al desarrollo.
Es cierto que Madonna gritó al público: “¿Están dispuestos a empezar una revolución?”. Pero no es probable que lo dijera en el sentido que le hubiera dado Karl Marx, sobre todo teniendo en cuenta que Geldof habló respetuosamente del fundador de Microsoft Bill Gates, a quien calificó de “uno de los mayores hombres de negocios de nuestra era”. Gates fue aplaudido, aunque el moderador Jonathan Ross comentara: “Tanto dinero y sigue sin poder permitirse un corte de pelo decente”. Hay que admitir algo: Africa vuelve a estar en la agenda política. Y si esto sigue así, escribió ayer el diario The Observer, “entonces el sonido de Hyde Park logró algo grande”.

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Madonna y la “sobreviviente” etíope Birhan Woldu.
 
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