ESPECTáCULOS › LOS CICLOS DE CHIMENTOS OCUPAN DIEZ HORAS DIARIAS EN LA GRILLA

La novela del escándalo permanente

“Intrusos”, “Zap”, “Indomables” y “Rumores” encabezan la tendencia, que a fuerza de rating y escándalos gana espacio en la televisión abierta. La Asociación de Actores protesta y los responsables de estos programas se defienden: “Es la gente la que consume farándula chatarra”.

Chimentos, discusiones, peleas y demás esperpentos ocupan diez horas diarias en la televisión abierta argentina. Amparado en la curiosidad que despiertan las vidas privadas de las figuras públicas y no tanto, hay un reino de programas especializados en el “me dijo”, “lo vieron”, “le dijeron” y demás. Concentran una importante porción del rating e incluso algunos llegan al tope del promedio de sus canales en horario central. Claro que para lograrlo (cuando no hay premios, ni estrenos, ni divas en problemas amorosos, familiares o judiciales) promueven escándalos de tinte surrealista entre personajes desconocidos que ellos mismos se encargan de convertir en “mediáticos”. Aun cuando en su mayoría se denominan “programas de espectáculos”, de los artistas de carrera ni se acuerdan.
La Asociación Argentina de Actores protesta. Los conductores contestan irritados. Los artistas, ante noteros de esos ciclos, se devanean entre el prejuicio (negándose a dar notas) y la frivolidad (sumándose muchas veces a discusiones inconducentes). En ese vacío escénico surge la fauna mediática habitué de los programas que se pensaron “para hablar de la farándula”, como acostumbraba una joven Tía Valentina en los años 70. Cambió, está visto, el perfil de la farándula y el tono de los chimentos.
Hoy el rubro que mejor vende es el escándalo, coinciden ante la consulta de Página/12 conductores, productores y noteros de programas como “Intrusos”, “Zap”, “Indomables” y “Rumores”, los cuatro ases del género en la actualidad. Grupo al que se agregaría el nuevo “Indiscreciones” de Lucho Avilés –por Canal 7– quien hizo de su estilo agresivo una institución en el rubro en los 80, cuando lo llamativo era que se habían separado “tal y tal, por culpa de tal”.
La inflación del tono del escándalo proviene ahora de la imaginación de personajes que deambulan entre lo patético y lo kitsch. Es el caso de Guido “hermano de Silvia” Süller. Un aeromozo devenido figurita de pantalla local gracias a su “talento” para actuar situaciones varias del manual “trapos sucios familiares”. Porque si algo se impone en la TV amarilla es “el quilombo familiar”, según Marcelo Polino, uno de sus más fervientes difusores desde la conducción de “Zap TV” (Azul TV). “Es la gente la que consume farándula chatarra, le gusta, lo dice el rating. Por cómo estamos como país, la gente mira lo que la identifica, el quilombo. Creo que no funcionaría un programa que muestre prolijamente mansiones de famosos como hace E! desde Hollywood”, agrega el conductor del ciclo que mejor se posiciona con los escándalos de la familia Süller. En este subgénero, provechoso por cierto, logró superar a “Intrusos” (líder del rating del género) con esos episodios a los que se suman amigos de Guido como “Laucha” y “Larva”, por ejemplo. “Yo no creo nada de lo que dicen -aclara Polino–, porque esto es sólo un show televisivo”.
El programa de Jorge Rial (“Intrusos”) se nutre del chimento, aunque con cierto tono social –desde que durante los días terminales del gobierno de De la Rúa, América se posicionó como canal periodístico– sin olvidarse del humor incisivo. Pero en rigor, todos los ciclos pasaron este año de lo social a lo policial: “Del caso Rímolo al de Miguel Romano pasando por el de Gastaldi”, detalla Daniel Ambrosino, el notero piquetero de “Intrusos”, apodo ganado en base a chispeantes besos en la boca con sus entrevistados, por ejemplo Fernando Peña y Julio Bocca. “El deporte también está atravesado por la farándula: caso Verón saliendo con Panam. La política también y eso ya no es novedad”, agrega Ambrosino.
Las policiales se ganan un lugar como sección fija cuando no hay riñas ni cuentas pendientes entre hermanos descarriados. Ni padres que los inciten: la madre de los Süller atiende a los noteros por el portero eléctrico y habla, obligándolos a que la nota sea entre un micrófono y una pared. Ironizando sobre la situación, en “Intrusos” se incorporó un aparato de esos como parte de la escenografía. La Asociación Argentina de Actores salió a pedir cordura a los programadores de los canales para prevenir las agresiones verbales a que se exponen actores que no quieren dar nota a estos programas. Por ejemplo, Nicolás Cabré con “Intrusos”. “Azul y América están cuestionados y se les pide a sus programadores cordura y discreción para impedir la violencia verbal con que los comunicadores condimentan sus programas”, sostiene ante Página/12 Susana Salerno, secretaria de prensa de la Asociación.
Rial –hoy también gerente de programación de América– contestó al aire justificándose en la falta de colaboración de los actores que no se prestan a dar notas. “Pero hay que respetar esa decisión –sostiene Salerno–, porque la libertad de expresión tiene que ver con la privacidad. La TV además cumple un rol social y cuidar los contenidos es una responsabilidad sobre todo de quienes la gerencian”.
Lo cierto es que no se escucharon insultos propiamente dichos contra Cabré, ni contra Osvaldo Laport –”implicado” en una agresiva nota con un desprevenido notero de “Intrusos” en una cena de “Franco Buenaventura” (Telefé)– por citar ejemplos. Sí los pronunció el inimputable Guido Süller contra su hermana al salir de una sesión de “Zap”, seguido por un notero de “Rumores” en los pasillos del canal: le dijo de todo menos linda (“gato de 100 pesos” entre otras delicadezas). Y no hubo pitido electrónico que impidiera reconocer cada palabra de esos furibundos textuales. De estos ingredientes se sirve “Indomables” para nutrir su agenda del día. “Lo que hacemos –explica Diego Gvirtz, su productor general– es un informe de lo que sucedió en el día y en todo caso discutir si es verdad o mentira una u otra afirmación, pero no inventamos noticias”, afirma. Apelando al sarcasmo y dándole un nuevo perfil a Mauro Viale, “Indomables” pelea con “Intrusos” el mayor rating del rubro. En definitiva, terminó por imponerse el estilo de Rial, desde el humor y el formato. Su “mesa de debates” fue adoptada por ciclos de diferente corte periodístico, como los que produce Daniel Hadad, o el de Mariano Grondona en su “Hora clave” versión 2002. “Que Gisella Marziotta se ponga a hablar del romance Bolocco-Piero quedará para la historia”, ironiza el notero piquetero. “El secreto de ‘Intrusos’ es haberle sacado peso y seriedad al drama del momento para poder sobrellevarlo”, explica Ambrosino.
“Indomables”, según detalla Gvirtz, “es una sátira sobre lo exagerado de los programas de chimentos. Exageramos los temas hasta darlos vuelta y volverlos humorísticos y los discutimos en ese tono sabiendo que no son trascendentes para nosotros ni para la audiencia... Sólo es entretenimiento para TV”. La postura de Gvirtz, quien también produce “TVR”, mantiene en la mira al televidente medio sin subestimarlo. “Al tomar como algo trivial al escándalo le hacemos entender a la gente que eso no es importante”, dice. El programa promedia los 10 puntos.
El límite en la búsqueda del patrón rating lo pone el que habla, advierten los productores. Aunque de tanto doblar apuestas, “los personajes terminan convertidos en monstruos mediáticos”, grafica Ambrosino. “Guido estalló en ‘Intrusos’ –explica– como Marcelo Candelmo, que fue una perla en su momento: habíamos encontrado al pibe supuestamente violado por el Bambino (Veira) convertido en travesti. Dio buen rating porque a la gente le gusta el puterío”. Y los nuevos monstruos exageran lo que acontece para generar pantalla. “Es todo muy mentiroso y hasta llego a pensar que se juntan y se ponen de acuerdo para delinear sus propios guiones”, sugiere Ambrosino.
El caso de abuso sexual de Guido Süller en un capítulo de “Memoria” plantea, un poco más allá de cierto tratamiento anecdótico, la cuestión de los límites ético-morales. “Para Guido es un negocio decir que lo violaron”, analiza Ambrosino. Para Gvirtz el límite “es lo que consideramos buen gusto. No inventamos ni provocamos el escándalo. Cuando pusimos al aire que una mujer desconocida decía ser la madre de Cristian Castro, lo decía ella. Lo levantó CNN, pero era su palabra. Para nosotros es un límite no inventar”. Para la televisión como entidad, el límite sonlas finanzas. Hoy Mauro Viale tiene una nueva versión de “Impacto”. Habrá que ver si ante una escalada como la que catapultó a la fama a Samantha Farjat –la chica del caso Coppola– los auspiciantes estarán dispuestos a acompañarlo. Según su productor, “ese programa funcionaba bien en cuanto al rating –llegó a promediar 12 puntos–, pero era inversamente proporcional a la publicidad. No tenía anunciantes”.

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