ESPECTáCULOS › “LOCOS DE CONTENTO”, DIRIGIDA POR HUGO ARANA

Una palanca para el Lejano Oriente

 Por Cecilia Hopkins

Todo el arreglo del living, sus cortinas y adornos baratos distribuidos aquí y allá conforman un ámbito que no adelanta en nada las perspectivas de sus ocupantes. ¿Qué espera obtener esta pareja de clase media durante la cena que está organizando? Entre las idas y venidas de Claudia en procura de que todo esté en su sitio, se percibe el aburrimiento de Román, colaborador casi involuntario de los preparativos de la recepción. Un primo de ella traerá a un senador (“¡un senador de la Nación en nuestra casa!”, se ufana ella) con los contactos suficientes como para conseguirle a Román un nombramiento político, nada menos que de asesor cultural de la embajada argentina, en Japón. Todo está preparado para que el tema esté bien presente durante toda la velada: Claudia se ha peinado y maquillado como una geisha, lleva un atuendo que remeda una prenda parecida a un kimono, enciende sahumerios y coloca un buda en la mesa ratona, para darle a su hogar un inequívoco aire oriental.
Estrenada en los ‘80, la obra de Jacobo Langsner presenta en tono de comedia ligera la crisis de un matrimonio que, aunque tiene cantidad de cuestiones que resolver en torno de su relación, deposita en los contactos políticos la oportunidad de ascender en la escala social y mejorar en todo sentido, como han hecho tantos otros que lograron fama y dinero con similares estrategias. Pero en estos días la obra se ve modificada, no solamente a partir de las menciones a la realidad actual que ahora incluye el texto. Porque los desesperados intentos que hace Claudia para evadirse del epicentro del desastre nacional encuentran en la indiferencia de un marido que ya ha perdido toda esperanza de cambio un ingrediente vital en el drama que ambos están viviendo. Ella aún apuesta a que la “palanca” que el primo puede accionar cambiará sus vidas para siempre. Marta Betoldi lleva adelante los lineamientos de la acción. Cree en la eficacia de la invocación de las ondas positivas que ha aprendido en cursos de autoayuda, los masajes de relajación y los métodos de meditación. Lo malo es que todo esto no surte efecto en el ánimo escéptico del marido, un hombre en nada parecido al personaje que Pasik interpreta en “Son amores”.

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