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La paranoia es, quizás, el peor enemigo de un muchacho complicado

“Atrapado en la oscuridad” transmite una acabada sensación de opresión, dentro de una Manhattan hostil para el protagonista.

 Por Horacio Bernades

Hace unos años, una película llamada Pi se convirtió en un pequeño suceso del cine independiente y le dio un nombre a su director, Darren Aronofsky, actualmente a cargo de la nueva entrega de Superman. Allí, en su busca del número perfecto, un joven geniecillo de las matemáticas terminaba sumido en las peligrosas aguas de la esquizofrenia y la manía persecutoria. Lo que tornaba particularmente inquietante su odisea era que nunca se sabía del todo hasta qué punto ésta no sucedía íntegramente dentro de su cerebro. Algo semejante ocurre en Fever, en la que un joven artista se ve inmerso en una pesadilla, a partir del momento en que presencia un crimen en el derruido edificio en el que vive. Estrenada en Estados Unidos el año pasado, por estos días el sello independiente SBP lanza en video, con el título Atrapado en la oscuridad, esta inmersión en la paranoia urbana cuyo protagonista no es otro que Henry Thomas. Puede que el nombre no suene demasiado, pero Thomas es aquel chico de ET, ahora casi treintañero.
Dibujos de cráneos que Nick Parker (Thomas) utiliza en sus clases anticipan ya, desde la propia secuencia de títulos, en qué territorio va a tener lugar el cuento. Contada desde el punto de vista del protagonista, a lo largo del relato crecen las correspondencias entre la realidad física y el estado psíquico de Parker. Pocas veces Nueva York lució tan oscura y ominosa como aquí y no son frecuentes las ocasiones en que una puesta en escena luce la homogeneidad exhibida por el realizador y sus colaboradores. Fever es el primer opus en solitario del británico Alex Winter, cuyos antecedentes no permitían imaginar este rigor estilístico. Winter había debutado como actor allá por fines de los ‘80, cuando formó –junto con Keanu Reeves, en sus inicios– un dúo de drogones más o menos descerebrados llamados Bill & Ted y protagonistas de un par de películas a las que Beavis & Butthead y El mundo según Wayne les deben bastante. Poco más tarde, Winter escribió, protagonizó y codirigió una despatarrada bizarría llamada Freaked, donde pululaban fenómenos de circo y guiños varios al género de terror.
Exiliado más tarde en el mundo de los comerciales y los clips musicales, nada parecería deberle menos a la formación de su realizador que Atrapado en la oscuridad, una película en la que la cámara raramente se mueve, los planos aparecen dominados por grandes ambientes semivacíos y la coloración general se presenta teñida de sombríos, apagados tonos parduscos. Avanzada la historia, se sabrá que Nick Parker es hijo de una familia acomodada y que alguna escena traumática, vinculada con la muerte de la madre, está enterrada en su pasado. Como si en algún momento hubiera resuelto exiliarse de la sombra familiar, el muchacho vive ahora en el límite justo entre la bohemia y la miseria, en un descascarado edificio de las afueras de la ciudad. Desde allí, los rascacielos de Manhattan lucen distantes, bañados siempre por una luz crepuscular. Filmada en 1999, en ese horizonte se divisan todavía las Torres Gemelas. Visto en perspectiva, el detalle añade un componente de inquietud al paisaje. En consonancia con ese ambiente, el mundo de Parker parece descascararse también, como le ocurría al locatario Polanski en ese clásico de la paranoia edilicia que es El inquilino.
El mismo día en que se entera de que no le renovarán el contrato en la escuela de artes plásticas donde da clases, Parker presencia una discusión entre el portero del edificio y un deudor, y a la mañana siguiente aquél aparece brutalmente asesinado. De allí en más, su difuso estado de ansiedad –inmejorablemente transmitido por el pálido y furtivo Henry Thomas– aumenta, junto con la investigación policial a cargo de un detective convenientemente desconfiado (el morocho Bill Duke), la presencia de un vecino obsesionado con cuchillos nazis y antiguas sectas heréticas y el reencuentro con la familia, presidida por una opresiva figura paterna. Alguna excursión nocturna del protagonista en estado desonambulismo y cierta pesadilla aumentan la sensación de que no todo está funcionando bien en el cerebro de Parker. Lo interesante de Atrapado en la oscuridad es que nunca es posible saber del todo hasta qué punto el mundo que su angustiado protagonista habita es real, o si se trata de la proyección de un cerebro quizá demasiado inquieto.

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Henry Thomas es Nick Parker, el hombre atrapado en la oscuridad.
Thomas fue el niño protagonista del clásico “ET” en los ‘80.
 
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