SOCIEDAD › UN ESTUDIO MUESTRA COMO PIENSAN, SIENTEN Y VIVEN LOS ADOLESCENTES EN ASENTAMIENTOS DEL AREA METROPOLITANA

El informe que derriba mitos y estigmas de los chicos de las villas

Seis de cada diez cuentan con una computadora en su casa. El 80 por ciento de los de 15 y 16 años tiene celular. La mayoría valora mucho la escuela como institución. Y quieren ser maestros, médicos o policías. Un relevamiento de Unicef muestra la forma de vida de los chicos de entre 12 a 16 años de esos barrios.

 Por Mariana Carbajal

El 63 por ciento de los adolescentes que viven en asentamientos y villas del área metropolitana tiene una computadora en su casa y, si bien sólo el 39 por ciento tiene acceso a Internet en su domicilio, el 74 por ciento se conecta a la web; casi cuatro de cada diez lo hace desde un cíber o locutorio. Facebook es el sitio que más visitan. Los datos surgen de una encuesta coordinada por Unicef, la organización Techo y la consultora Analogías entre 1.100 chicos y chicas de 12 a 16 años que habitan en 128 de esos barrios. El relevamiento encontró que el impacto del Programa Conectar Igualdad es muy significativo: el 32 por ciento de los encuestados accedió a una notebook a través de ese plan en el conurbano, mientras que en la ciudad de Buenos Aires ese porcentaje llega a 54,4 por ciento.

El 6,4 por ciento no estudia ni trabaja. Ese porcentaje llega al diez por ciento de los varones y al 14 por ciento de las mujeres, en la franja de 15 y 16 años. Por otra parte, casi el 40 por ciento de los adolescentes mayores manifestó estar trabajando o buscando trabajo (ver aparte). La encuesta encontró por otra parte que el 66 por ciento tiene teléfono celular, la mayoría con acceso a Internet, aunque no suelen navegar –seguramente por una cuestión de costos– y lo usan fundamentalmente para mandar mensajes de texto.

El estudio apuntó a conocer cómo piensan, sienten y viven los adolescentes en villas y asentamientos del área metropolitana. Los chicos y chicas encuestados valoran mucho la escuela como institución –incluso el diez por ciento que no asiste a clases–, con la persona que más conversan es su mamá, y lo que menos les gusta de su barrio es el problema de la inseguridad, en primer lugar, y en segundo, las drogas y el alcohol, y especialmente el paco. Tienen una mirada optimista en relación con su situación personal y frente al contexto que los rodea. ¿Qué es lo que más les gusta del barrio y de la escuela? Los amigos. “Los resultados de la encuesta nos alejan de la estigmatización y el lugar común que se cae cuando tendemos a ver a los adolescentes de villas y asentamientos como casos especiales. La cotidianidad de la vida que tienen es muy similar a la de otros adolescentes. Antes que otra cosa son chicos y su comportamiento antes que cualquier otra caracterización es la de chicos”, destacó Andrés Franco, representante de Unicef Argentina, durante la presentación de la encuesta.

Franco estuvo acompañado por María José Ravalli, especialista en Comunicación de Unicef, e Ignacio Gregorini, director del Centro de Investigación Social de Techo (antes Un Techo para Mi País), entre otros referentes de las entidades.

El 60 por ciento de los encuestados vive con ambos padres, el 32 por ciento con su mamá y el 4 por ciento con su papá. El promedio de familiares por hogar es de 6,4 personas, y si bien las familias son numerosas, más del 60 por ciento de las viviendas tiene menos de tres habitaciones sin contar el baño y la cocina.

El nivel educativo del jefe/a del hogar es bajo: el 20 por ciento no completó la escuela primaria; el 34 por ciento tiene primaria completa; el 22 por ciento, secundaria incompleta; y sólo el 18,8 por ciento terminó la educación secundaria o más. Entre los que respondieron la encuesta, nueve de cada diez adolescentes está escolarizado.

En cuanto al trabajo, el estudio confirma una fuerte asociación entre el empleo de los chicos y la no concurrencia a la escuela. El 40 por ciento de quienes no van al colegio, trabaja, y si bien tres de cada diez lo hace en el rubro construcción, los chicos sueñan con otras profesiones. Cuando se les preguntó en qué se imaginaban trabajando “cuando fueran grandes”, mencionaron que les gustaría ser maestros, médicos y policías, en los primeros lugares.

De acuerdo con la encuesta, la distancia que recorren los y las adolescentes entre su casa y el colegio podría asociarse a la exposición a la inseguridad. De los chicos escolarizados, casi el diez por ciento fue insultado y el ocho por ciento sufrió un robo en los últimos seis meses en el camino a la escuela. Más de la mitad de estos adolescentes que afirmó haber sido víctima de un robo o hurto se traslada más de 16 cuadras. En el tres por ciento de los casos mencionaron haber recibido disparos o quedar atrapados en un tiroteo. “El de la violencia es otro tema importante para ellos. Pero cuando se refieren a ese problema no hablan del bullying en las escuelas, que es más alto en colegios de sectores medios y altos, sino de la violencia en la calle. Pero tampoco podemos caer en estigmatizar como si todo el barrio fuera violento, lo que muestra la encuesta es que tienen identificados los lugares o sectores de su barrio que son inseguros”, señaló Franco. Calles oscuras, ciertos callejones, algunas áreas son los que señalan los chicos y chicas como más problemáticos.

El otro aspecto que subrayó el representante de Unicef de los datos que surgen del estudio es “el alto acceso a la tecnología” observado entre los adolescentes relevados.

El uso del celular se eleva entre los 15 y los 16 años a ocho de cada diez. Si bien el 61 por ciento del total de celulares tiene acceso a Internet, sólo el 34 por ciento de los chicos utiliza las funciones de navegación para consultar sitios web, usar redes sociales, chatear o escuchar música online y ver videos. Las actividades en Internet más mencionadas fueron la participación en redes sociales y chats. La encuesta ratifica otras mediciones que ubican a Facebook como el sitio más utilizado por los chicos.

El trabajo lleva como título “Las voces de los adolescentes en villas y asentamientos de Buenos Aires”. Las encuestas fueron realizadas entre noviembre de 2012 y febrero de 2013 por más de 300 voluntarios, en 128 barrios precarios, de la Ciudad, y 29 municipios del primer, segundo y tercer cordón del conurbano. Esteban Fernández, coordinador del trabajo de campo, destacó la buena disposición que encontraron entre los chicos y chicas para responder. “Cuando les explicábamos que la encuesta era para conocer su voces se emocionaban, llamaban a algún amigo, se re entusiasmaban”, apuntó.

Unicef informó que los resultados del estudio fueron compartidos ya con referentes de la Secretaría de Niñez de la provincia de Buenos Aires, del Ministerio de Desarrollo Social del gobierno porteño y de varias intendencias.

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