SOCIEDAD › EL NENE SANCHEZ ADMITIO ANTE LOS FISCALES QUE MATO A LAS DOS CHICAS

La confesión de un doble homicida

Héctor Sánchez, uno de los detenidos por el doble crimen de Avellaneda, confesó que ahorcó a Marela para vengarse del padre. Dijo que no la violó y que la noche del crimen durmió junto al cadáver. En cambio, admitió que había abusado de Mónica, la otra víctima.

 Por Raúl Kollmann

Héctor “El Nene” Sánchez confesó ayer el asesinato de Marela Martínez y la violación y asesinato de Mónica Vega. El detenido dijo ante el fiscal Andrés Devoto que no violó a Marela y que sólo la mató por venganza, ya que odiaba al padre de la nena, Víctor, con quien mantenía relaciones debido a que eran reducidores, o sea vendedores de mercaderías robadas, y supuestamente Martínez se había quedado con dinero que debían dividir entre los dos. La versión parece poco creíble: lo más probable es que haya violado a Marela, de la misma manera que lo había hecho con una niña en 1996 –fue condenado a 13 años de cárcel– y con Mónica, su víctima más reciente, la semana pasada. Respecto de este último crimen, una versión de los familiares de la víctima indica que El Nene trató de abusarse de su cuñada, Adriana Frutos, ésta se defendió y en el medio de la pelea ella le recriminó el crimen de Marela. Al escuchar semejante revelación, la pequeña Mónica intentó huir y Sánchez, según confesó, la mató primero y luego la violó.
Los casos ocurridos en la calle Deán Funes 391, de Avellaneda, tienen un contexto sórdido, teñido por las relaciones de familia, vecindad y complicidad en actividades delictivas.
En verdad, el asesino era pareja de una familiar de los padres de Marela: Antonella, una sobrina de la madre de la niña, vivía en la casa de la calle Deán Funes junto al Nene. El sábado 18 de octubre hubo una violenta pelea entre Sánchez y Antonella, por la que ésta se fue a dormir a casa de los Martínez, distante a media cuadra.
Por entonces, Marela solía ir a casa de los Sánchez y El Nene la utilizó para mandarle mensajes a Antonella, insistiéndole que volviera a su lado. La mujer, aquel domingo 19, le mandó un mensaje al Nene a través de Marela diciéndole que no volvería. En ese marco, la nena llegó nuevamente a la casa de los Sánchez y ahí mismo –según su confesión– el psicópata la agarró del cuello y la mató. “No la violé. Lo hice por odio al padre, que nos debía plata de la mercadería que robábamos y que él reducía”, declaró el detenido ante Devoto. En sus dichos de ayer, el asesino agregó otros datos sórdidos: que la envolvió en una sábana, la tiró la pozo y después se puso a dormir allí mismo.
En realidad, El Nene Sánchez trata de tomar ventaja de una circunstancia pericial: como el crimen se cometió hace cuatro meses y el cuerpo está deteriorado, será imposible comprobar si hubo o no violación. Por ello arma esa versión, en la que afirma que no violó a la chica y pone sobre la mesa otro motivo para el crimen: la venganza por un problema en el ambiente delictivo. Es cierto que Víctor Martínez tenía negocios sucios con El Nene, al punto que lo admitió en la causa, pero parece poco probable que Sánchez haya matado a Marela por esa razón: la hipótesis más probable es la de la violación y el asesinato.
En su confesión de ayer, El Nene incorporó un dato llamativo al afirmar que los policías bonaerenses y federales entraron tres veces en su casa en los días posteriores al crimen y que, pese a usar perros, no detectaron el cuerpo de Marela. “Yo la ahorqué y la tire al pozo. Arriba puse unos ladrillos, nada más. Pero los policías y los perros no encontraron nada. La loza se construyó recién una semana después”, dijo ayer el asesino en su declaración. Las versiones sobre estos procedimientos son contradictorias (ver aparte) y lo más notorio es que no figuran en el expediente.
En el caso de Mónica Vega, Sánchez –que es un hábil declarante– trató de abrirse algún camino hacia la inimputabilidad, al presentarse como un loco. “Había consumido mucha cocaína, estaba bajo el efecto de la falopa y escuché una voz de un ángel que me dijo que tenía que hacerlo”, sostuvo El Nene ante el fiscal que investiga el último crimen, Oscar Hassan. Los familiares de Mónica Vega dan una versión distinta, que surgiría de un joven testigo. Quienes estaban en la casa de la calle Deán Funes eran El Nene Sánchez, la esposa de su hermano, Adriana Frutos, y su prima Mónica, de 13 años. Aparentemente, El Nene quiso aprovechar la ausencia de su hermano, El Bebe, y se abalanzó sobre su cuñada. Esta presentó dura resistencia y en el marco de la gresca, Frutos le echó en cara el asesinato de Marela. Al escuchar semejante revelación y en medio de la trifulca, la adolescente se asustó e intentó huir, por lo que Sánchez la redujo y asesinó. En su declaración ante Hassan dijo que luego la violó.
En verdad, los casos de la calle Deán Funes sólo se esclarecieron porque El Bebe, hermano del asesino, volvió a su casa horas después y denunció lo ocurrido. Es decir que no se llega al autor del crimen por la investigación sino porque lo delata su propio hermano, seguramente porque no quiso quedar involucrado en el asesinato de Mónica y debido al intento de agresión sexual contra su esposa.
Seguramente el Nene Sánchez será condenado a reclusión perpetua y habrá que ver si hay condenas para su hermano y su cuñada, ya que no existe el delito de encubrimiento entre familiares muy cercanos. Sin embargo, el caso desnuda nuevamente un mundo de marginalidad, enfermedad mental, delito, complicidad policial, violencia y agresiones sexuales sufridas hoy por las víctimas y hace años por los victimarios. El cóctel es explosivo y seguro que no está presente sólo en Villa Tranquila, Avellaneda.

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Los investigadores siguieron examinando ayer la casa de la calle Deán Funes en busca de más cadáveres.
 
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