SOCIEDAD › SOSPECHAN DE UNA MOVIDA CONTRA EL OBISPO DE AÑATUYA

Extraña denuncia por abuso

Una mujer denunció que monseñor Uriona la había manoseado en un micro. Fue detenido durante unas horas. No hay testigos y el cura lo niega. Uriona está comprometido con los Sin Tierra.

 Por Horacio Cecchi

Su secretario y su chofer lo esperaban en la terminal de micros de Córdoba. Monseñor Adolfo Uriona, obispo de la diócesis santiagueña de Añatuya, llegaba de Mendoza y tenía planeado regresar a su diócesis de inmediato. Pero en sus planes se cruzó una mujer, una comisión policial y un escándalo. El motivo era insólito: la mujer, que viajaba en la butaca contigua, lo denunció por “manoseo”. Aseguró que dormía durante el viaje y que al despertar descubrió la mano del hombre que viajaba a su lado metida dentro de su bombacha, mucho más allá del límite que cualquier recomendación de la ortodoxia eclesiástica podría admitir. Pasado el mediodía, monseñor Uriona fue liberado y se retiró en silencio. La versión policial señalaba que el obispo había reconocido el hecho. La de su abogado, Marcelo Ferrer Vera, en cambio, negaba que lo dicho hubiera sucedido y dejaba en el aire la idea de algún interés por el desprestigio. Todo es posible en la viña del Señor. En ese caso, habrá que decir que Uriona es referente de los Sin Tierra en su empobrecida jurisdicción de Añatuya, y que en ese aspecto está comprometido con una línea ubicada en los antípodas del ultraortodoxo y acérrimo opositor del aborto, ex vicario castrense Antonio Baseotto, a quien nada menos que Uriona reemplazó en Añatuya.

Uriona llegaba de Mendoza en la empresa San Juan-Mar del Plata, interno 69. La idea era descender en la terminal de micros de la ciudad de Córdoba, donde lo aguardaban su secretario y su chofer, para trasladarlo hasta la sede de su diócesis de Añatuya, en Santiago del Estero. La provincia está separada en dos grandes diócesis. Por un lado, la de Santiago, y por el otro la de Añatuya, donde la pobreza es el denominador común para las tres cuartas partes de la población. Fue hasta el 2004 territorio de Baseotto, el acérrimo opositor al aborto y embanderado en contra del gobierno de Néstor Kirchner, especialmente enemistado con su ministro de Salud, Ginés González García, por su campaña a favor del aborto. Fue precisamente ese tema lo que llevó a la lengua de Baseotto, por entonces vicario castrense, más allá de los límites prudenciales, cuando aludió al ministro diciendo que había que “atarle una soga al cuello y tirarlo al río”, en clara alusión, voluntaria o no, a las costumbres de los grupos de tareas.

En Añatuya, Uriona reemplazó a Baseotto mucho antes de que se desatara esa polémica y cambió el rostro de la Iglesia ante los más pobres. Asumió una postura claramente comprometida y se transformó en referente necesario de los Sin Tierra. Es el compromiso de Uriona en los antípodas de Baseotto lo que mueve a entrever algo más que una denuncia.

Lo cierto es que pasadas las 7.30 de la mañana, casi las 8, el 69 de la San Juan-Mar del Plata llegó a Córdoba como estaba previsto. Allí, una joven de 24 años cuya identidad permanece en el anonimato presentó una denuncia ante la delegación policial en la terminal. Uriona y la joven fueron trasladados a la comisaría primera. Allí la joven ratificó la denuncia. Qué dijo. Que se durmió cerca de Río Cuarto y cuando despertó descubrió que la mano del hombre que viajaba a su lado había llegado hasta su pubis, por debajo de su pantalón, incluso de su ropa interior. Luego de declarar, el fiscal Alejandro Moyano ordenó su libertad. Marcelo Ferrer Vera sostuvo que “monseñor negó la imputación, considera que es todo una infamia, y está dispuesto a defender su honor en los estrados de la Justicia y someterse al proceso que corresponde en estos casos. La señorita procedió a denunciarlo a los gritos, pero él estaba tan ajeno a la posibilidad de que pudiera denunciárselo, que permaneció en el colectivo, y en ningún momento trató de salir del lugar. El permaneció en el lugar, con la tranquilidad de que es absolutamente inocente”.

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Monseñor Adolfo Uriona reemplazó al hiperortodoxo y polémico Antonio Baseotto en Añatuya.
Imagen: Télam
 
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