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Domingo, 2 de marzo de 2008

IMPACTO DE LOS CONTROLES DE CAPITALES

Déjà vu cambiario

Las limitaciones a la entrada de divisas redujeron la exposición a una corrida frente a un escenario de crisis. Argentina las volvió a aplicar, tal como lo hizo tras el crack del ’29.

 Por Pablo Simian

A diferencia de lo que ocurrió durante los ’90 con el efecto Tequila y las crisis de Rusia y Brasil, cuando la estampida de los “fondos buitres” desestabilizó la economía local, las restricciones a los flujos de capital con el exterior dispuestas por el Banco Central llevaron a que en todo el año pasado se registraran ingresos netos de 60 millones de dólares en concepto de inversiones de cartera de no residentes, un volumen insignificante en el balance cambiario de la autoridad monetaria e incapaz de generar una corrida en caso de que esos fondos se fueran repentinamente frente a un escenario de crisis.

El vicepresidente de la CNV, Alejandro Vanoli, señaló a este suplemento que “los controles de capitales minimizaron la volatilidad cambiaria y evitaron una situación de burbuja en el mercado doméstico frente a la crisis financiera global”. El experto en finanzas internacionales expresó que esos controles “han logrado contener ataques especulativos en varias experiencias mundiales y sin dudas desalientan operaciones” (en la actualidad se aplican en más de cien países). En esa línea, Vanoli fue terminante para sustentar su posición: “La mejor prueba de su efectividad es que hay mucha gente que pide que se deroguen”, argumentó.

“La mejor prueba de que las regulaciones sirven es que piden eliminarlas”, dicen en la CNV. Foto: Gonzalo Martínez.

De acuerdo a los datos del BC, en el último trimestre de 2007 el balance cambiario arrojó un superávit de 1640 millones de dólares, revirtiendo el saldo negativo de 750 millones del trimestre anterior. El excedente tuvo su origen en niveles record de cobros de exportaciones e inversiones directas, que impulsaron el ingreso de divisas; y en la desaceleración de la demanda de activos externos de residentes, que hizo disminuir la fuga de capitales.

En efecto, la cuenta capital y financiera registró entre octubre y diciembre un déficit de 190 millones de dólares, amortiguando la caída del trimestre previo, de más de 3400 millones, que se había producido en un contexto de inestabilidad internacional en el que los inversores buscaron huir de los mercados emergentes. De todos modos, en el año esa cuenta acumuló un excedente de 207 millones de dólares.

“La pregunta es qué hubiera ocurrido sin los controles de capitales: posiblemente se habría apreciado en exceso el peso y luego, frente al escenario de crisis, habría sufrido una corrección abrupta por la salida de fondos”, conjeturó Vanoli.

La cuenta corriente cambiaria, en tanto, verificó cobros de exportaciones de bienes por unos 14.500 millones de dólares (más de un tercio correspondió a oleaginosos y cereales) y pagos de importaciones por 10.600 millones en el cuarto trimestre del año pasado. El saldo anual de transferencias por mercancías también fue positivo: 38.000 millones de pagos por compras en el exterior contra más de 53.400 millones (26 por ciento más que en 2006) de ingresos, que incluyen 500 millones de dólares aportados por unas 2800 “nuevas empresas exportadoras”, que no habían registrado cobros de divisas en los tres años anteriores.

Los aportes de capital y la adquisición de participaciones accionarias en empresas domésticas por parte de no residentes alcanzó un record anual de más de 2300 millones de dólares (58 por ciento de incremento). La contracara de esa inversión productiva en el país fue la demanda neta de moneda extranjera del orden de 7655 millones de dólares por parte del sector privado no financiero. No obstante, la información del BC destaca dos atenuantes: el primero es que parte de esos billetes retornaron al sistema bajo depósitos en dólares, que crecieron unos 1800 millones en el acumulado de 2007, y el segundo, que un porcentaje de la divisa atesorada en el exterior se aplica para cancelar obligaciones externas de empresas locales.

Para Marina dal Poggetto, directora del estudio Bein & Asociados, existe una “diferencia en el origen de la crisis internacional: en los ’90 la FED impulsaba la desaceleración de la economía vía subas en las tasas de interés que terminaban gatillando crisis en los países emergentes por la retracción de la cuenta capital”. La economista explicó a Cash que “esta vez, en cambio, el set de precios de los commodities y la estructura de comercio mundial generaron un superávit en las cuentas externas de los países en desarrollo que permitió aislar a las economías emergentes de las subas consecutivas en las tasas de interés previas al estallido de la burbuja inmobiliaria de los Estados Unidos”.

Asimismo, Dal Poggetto se mostró confiada por el “alto margen a futuro que le otorga el colchón cambiario al Banco Central para preservar al sistema de una crisis”. En este sentido, las reservas superan los 49.000 millones de dólares a fines de febrero, unas cinco veces el nivel de divisas acumuladas a mediados de 2002.

El control de cambios fue establecido por primera vez en la Argentina en 1931, como consecuencia de la crisis económica mundial desatada en 1929. Casi un déjà vu.

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