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Domingo, 13 de diciembre de 2009

LA RELACION COMERCIAL Y LA INTEGRACION DE ARGENTINA Y BRASIL

Conviviendo

Más allá de las presiones de ciertos industriales de San Pablo, la continuidad del proyecto integrador parece estar asegurada, con conflictos, avances y retrocesos.

 Por Diego Rubinzal

La rivalidad argentino-brasileña quedó recluida a las confrontaciones deportivas. Cuando los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney inauguraron el puente Tancredo Neves, sobre el río Iguazú, fue el comienzo de una nueva etapa en la relación bilateral. Dejando atrás las hipótesis de conflicto militar, los dos grandes países de la región comenzaron a transitar un camino que terminaría en la conformación del Mercosur en 1991. Ese acercamiento está lejos de ser un proceso lineal. En forma periódica, los distintos intereses comerciales generan conflictos de mayor o menor intensidad. El último de ellos fue la decisión del gobierno brasileño de bloquear el ingreso de camiones con productos argentinos, en respuesta a las licencias no automáticas aplicadas por la Argentina a una serie de bienes (calzados, muebles, línea blanca).

La intervención de los dos presidentes permitió zanjar ese diferendo. La fórmula aplicada fue la adopción de un compromiso mutuo para otorgar las licencias no automáticas en no más de sesenta días, y para la remoción de los obstáculos que impedían el tránsito de los productos perecederos. Los países acordaron notificar a la contraparte con suficiente antelación en el caso de que se decidiera la aplicación de nuevas licencias. Al respecto, el jueves pasado ambos gobiernos acordaron disminuir los sectores alcanzados por esa medida.

La persistencia de fuertes asimetrías entre los dos países (tamaño, especialización productiva, regulatorias) hacen prever la aparición de nuevos conflictos en el futuro. Más allá de los desencuentros comerciales, la importancia de las relaciones económicas entre Argentina y Brasil está fuera de discusión. Argentina destina cerca del 20 por ciento de sus exportaciones al mercado brasileño y el 30 por ciento de sus importaciones proceden de ese país. También para el Brasil, la Argentina es un relevante socio comercial, ya que sus exportaciones e importaciones ocupan el tercer lugar en ambos rubros.

Además del intercambio comercial, las vinculaciones económicas crecieron de la mano de las inversiones transfronterizas. Fundamentalmente a través de las compras de activos productivos argentinos por parte de las firmas brasileñas. A las adquisiciones de Quilmes, Perez Companc, Acindar y Loma Negra –concretadas por las firmas brasileñas Brahma, Petrobras, Belgo Mineira, Camargo Correa, respectivamente– se les sumaron decenas de casos más. Durante el primer semestre de 2009, se formalizaron 29 operaciones de inversiones directas brasileñas en la Argentina. Al relevante intercambio comercial y a las inversiones cruzadas a ambos lados de la frontera, se les ha sumado un creciente consenso acerca de la importancia estratégica del vínculo bilateral. En un relevamiento de 2006, los encuestados argentinos ubicaron en segundo lugar a Brasil dentro de un listado de países con los que se debía mantener “relaciones más firmes y estrechas”. A su vez, los brasileños identificaron a la Argentina como una de las tres naciones (las otras dos son Estados Unidos y China) en las que “Brasil tiene un interés vital”. Por eso y más allá de las presiones de ciertos industriales de San Pablo, la continuidad del proyecto integrador parece estar asegurado con conflictos, avances y retrocesos. En su artículo “El éxito del Mercosur posible”, Aldo Ferrer sostiene que “el avance de la integración depende, en gran medida, de materias propias de la situación interna de los países y que sólo tienen resolución dentro de cada espacio nacional. Tales, por ejemplo, las políticas sociales para elevar el nivel de vida y ampliar el mercado interno, las políticas macroeconómicas para consolidar la gobernabilidad del presupuesto, la moneda y el balance de pagos, las reglas del juego necesarias para abrir espacios de rentabilidad que fortalezcan la competitividad e impulsen la inversión y el empleo. En realidad, la mayor parte de los conflictos al interior del Mercosur obedecen a problemas internos de los países, a sus dificultades para resolver cuestiones como las mencionadas, las cuales, inevitablemente, se proyectan a la esfera regional”

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