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Domingo, 20 de enero de 2013

DEBATE ENTRE HETERODOXOS Y ORTODOXOS

Monetizando el déficit

 Por Diego Rubinzal

La monetización del déficit es agitada como un fantasma por la ortodoxia económica. De acuerdo con esa visión, eso produce un “exceso de demanda” y una mayor aceleración inflacionaria. Esa particular dinámica provocaría una profundización del “impuesto inflacionario”. Esos planteos estuvieron en el centro de las críticas a la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, ya que la misma permitiría una mayor discrecionalidad en materia de política monetaria. La propuesta implícita detrás de esos cuestionamientos es la necesidad de implementar una estrategia antiinflacionaria apoyada en políticas monetarias y fiscales contractivas.

En ese sentido, el economista Fabián Amico en “Finanzas funcionales, bancos centrales e inflación en Argentina” sostiene que “la relación empírica entre déficit fiscal e inflación dista mucho de estar sólidamente establecida. Por ejemplo, en el caso argentino, entre 1961 y 2004 se registraron 35 años con déficit fiscal primario y solo nueve años con superávit primario (seis en la convertibilidad y tres después del 2002). La correlación entre déficit fiscal e inflación, sin embargo, es prácticamente inexistente”.

A los fines de abordar esa cuestión, el investigador de Cefid-Ar rescata el enfoque de las finanzas funcionales desarrollado por Abba Lerner.

Ese enfoque rechaza la idea de las “finanzas sanas”, léase la búsqueda del equilibrio presupuestario, a favor de un planteo focalizado en el modo en que la política fiscal (deficitaria o no) funciona en términos del conjunto de la economía y de su nivel de empleo.

En términos generales, Lerner sostenía que era posible alcanzar el pleno empleo –con bajas tasas de inflación– mediante la implementación de políticas expansivas. En esa línea, el gobierno dispondría de tres pares de instrumentos fiscales para manejar el nivel del gasto agregado: impuestos (gastos), compra (venta) y otorgamiento de préstamos (o tomar prestado). “Las finanzas funcionales proponen el uso de alguna combinación de estos instrumentos para alcanzar el nivel de gasto agregado necesario para que la economía se mantenga cerca del pleno empleo sin afectar la tasa de inflación.” Lerner dirá que si la función de la política es el “pleno empleo”, entonces no hay razón para suponer que la política fiscal que alcanza ese objetivo debería llevar al equilibrio presupuestario, explica Amico.

El enfoque de Lerner enfrenta un desafío adicional en los países periféricos, ya que las políticas expansivas podrían “chocar” contra la restricción externa. En otras palabras, ¿cómo evitar que el impulso a la demanda doméstica provoque una crisis en la balanza de pagos?

Ahora bien, ¿cuál sería la alternativa para sortear esa restricción? La moderación del ritmo de crecimiento no se presenta como una opción muy seductora. Amico sostiene que “una política prudente” de contracción moderada de la tasa de crecimiento no resuelve ningún problema importante, deja intactos los escollos estructurales y hasta puede agravarlos. En otras palabras, el enfoque de finanzas funcionales, originalmente pensado para perseguir, a través del manejo expansivo de la demanda y de la política fiscal los objetivos de un alto crecimiento y del “pleno empleo”, en las condiciones particulares de una economía pequeña y abierta requiere generar previamente las condiciones de posibilidad para ese “manejo expansivo de la demanda”. Básicamente, eso implica reorientar los objetivos de la política fiscal (el gasto y la inversión públicos) a fin de desplazar la restricción externa al crecimiento. La obtención de estos objetivos no implica necesariamente que el Gobierno deba mantener el equilibrio fiscal en la medida en que efectivamente la restricción externa sea desplazada”.

Para eso se podría, por ejemplo, reorientar la capacidad de compra estatal de forma de coadyuvar a la remoción de la restricción externa y el aumento del empleo. “En este contexto, el banco central puede y debe convertirse en el agente financiero del gobierno, cooperando en la tarea de inducir los cambios estructurales necesarios, promoviendo y financiar las políticas de sustitución de importaciones, de inversión en modernización de la infraestructura y de diversificación de las exportaciones”, concluye Amico

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