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Domingo, 23 de julio de 2006

BUENA MONEDA › BUENA MONEDA

Efectos traumáticos

 Por Alfredo Zaiat

En una recorrida por locales del Once y de otros grandes centros comerciales o en un paseo por góndolas de algunos hipermercados se notará el aumento de la presencia de productos importados. En el rubro textil, por caso, se han intensificado los proyectos de empresarios de viajar a China para comprar mercadería. Las chucherías del gigante asiático ya se han instalado desde hace bastante en la plaza local. Las delicatessen made in otro país que no es Argentina volvieron a las cadenas top. Resultan comprensibles signos de alarmas de industriales y sus planteos de duda sobre si no se está repitiendo un escenario como el vivido durante la convertibilidad. Es saludable prestar atención a alertas tempranas sobre desequilibrios que provocaron traumas a la producción nacional. Ante señales de un importante aumento de importaciones, cuadro similar al destructivo 1 a 1 de la estructura productiva, es previsible pensar que se está reiterando esa misma historia. Sin embargo, en algunas ocasiones, ciertos indicadores pueden ser iguales, que haría suponer un resultado conocido, pero las condiciones en que se desarrollan los acontecimientos son otras. Esto implica que es incorrecto realizar una traspolación lineal de lo padecido en la década pasada a la situación actual. Los motores difusores del alza de las importaciones de uno y otro escenario son estructuralmente distintos.

En el modelo de la convertibilidad, la sobrevaluación de la moneda doméstica combinada con la apertura barrieron con buena parte de la industria, y también de la ocupación. Esa política económica alentaba el desplazamiento de la producción nacional por la importada, con el objetivo de disciplinar los precios, además con el sustento teórico de que así se alentaba la incorporación de tecnología y, por lo tanto, el aumento de la productividad y de la eficiencia de la economía. En ese esquema, la apertura y el dólar barato no podían convivir con la industria nacional.

En cambio, en el modelo del dólar alto con apertura, la producción nacional no es desplazada por la importación, como queda en evidencia con las constantes cifras positivas de la evolución industrial sustitutiva. Los productos que vienen del exterior son complementarios de la oferta local ante una demanda creciente, que inicialmente no puede ser abastecida en forma satisfactoria por la industria doméstica. Ese dinamismo económico generó una recomposición de los precios para mantener márgenes extraordinarios que hizo recuperar “competitividad” al importado. El dólar navegando en la banda de los 3 pesos con precios en alza volvió a poner en carrera a productos importados de consumo masivo que habían quedado descolocados. La “barrera” cambiaria en el comercio exterior ahora ya no es un freno implacable. El lento pero persistente deterioro del tipo de cambio real está levantando esa restricción a las importaciones. En ese esquema, muchos empresarios comienzan a complementar su producción con el importado, o resurgen los importadores netos, porque la evaluación que realizan es que hoy tienen un precio de venta que es rentable sin tener que lidiar con los avatares de la producción (insumos, salarios, taller, etc).

El escenario, entonces, no es igual al de la convertibilidad. El actual esquema representa un avance desde un modelo de destrucción del aparato productivo a uno de reindustrialización. De todos modos, como muestra el recorrido de las importaciones, este modelo ha empezado a evidenciar ciertos límites. Para que la producción nacional resulte competitiva, los precios no deben incrementarse más allá de cierto nivel y el tipo de cambio tiene que seguir subiendo para poder seguir manteniendo una protección “efectiva”.

Al respecto, el Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Cenda), integrado por un grupo de jóvenes investigadores con formación en economía política, preparó el informe Tipo de cambio: el verdadero dilema del gobierno, que presenta un abordaje esclarecedor sobre uno de los ejes centrales de la política económica. En forma sintética describen así el modelo del dólar alto:

1. La obtención de un elevado superávit fiscal es fundamental para volcar ese excedente a la compra de dólares en el mercado cambiario, divisas que provienen del superávit comercial. “De esta manera, ambos superávit se encuentran férreamente unidos, de modo que más que gemelos deberían denominarse siameses, pues en la actual configuración son inseparables”, explican los expertos del Cenda. También se compran dólares con emisión o con colocación de deuda, pero esas dos vías se emplean con limitaciones por la experiencia traumática de las dos últimas décadas.

2. En ese contexto, los aumentos salariales deben ser moderados para evitar reajustes de precios –para conservar abultados márgenes de ganancias– que terminan por erosionar el tipo de cambio real y, por consiguiente, reducen el superávit del comercio exterior por el incremento de importaciones. Además, el “retraso” relativo del dólar acentúa la presión sobre el Gobierno para disminuir y hasta eliminar las retenciones, principal fuente de generación del superávit fiscal.

Los investigadores del Cenda señalan que la inflación está limando, poco a poco, la competitividad dada por un tipo de cambio “alto”. Pero remarcan que el actual modelo “recibió tres espaldarazos cruciales por parte de las condiciones externas”: a) elevados precios de las materias primas, b) una moderada abundancia de capitales en el mercado mundial, y c) “lo que resulta de vital importancia para hacer efectiva la protección cambiaria”, el peso está atado a un dólar que sufre un pronunciado proceso de depreciación con respecto a otras monedas. Así, el tipo de cambio bilateral –dólar estadounidense– se reduce debido al incremento de los precios internos, mientras que sigue elevándose el tipo de cambio real multilateral (que considera los países relevantes para el comercio exterior argentino). “El efecto más significativo de este fenómeno es que los productos importados siguen encareciéndose”, concluye el informe del Cenda.

Todas las olas parecen iguales, pero algunas acercan a los náufragos a la costa y otras los hunden en la arena.

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Imagen: Silvana Miyashiki
 
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