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Domingo, 27 de agosto de 2006

BUENA MONEDA › BUENA MONEDA

Mutis por el foro

 Por Alfredo Zaiat

El análisis económico de la mayoría de los profesionales con exposición mediática es cada vez menos interesante. No sólo porque han distorsionado su labor cuando realizan pronósticos, que en gran parte de los casos son fallidos, sino por la escasez de matices, ideas originales y, fundamentalmente, por la carencia de información relevante –por la modorra en la búsqueda– para entender la dinámica de los procesos. Muchas consignas con lugares comunes y pocos datos estadísticos sólidos constituyen el corazón de sus exposiciones. En cambio, existe un ejército de economistas, con poca o nula difusión pública de sus estudios, que habita en universidades y centros de investigación, que merece ser rescatado. No sólo como reivindicación al trabajo riguroso y casi siempre mal pago, sino como aportes para una sociedad que merece y necesita debatir ideas para pensar su desarrollo y, en especial, para no caer en errores del pasado, cuyas consecuencias son bien conocidas. En esa línea, aunque con un estilo informal e irreverente, varios economistas jóvenes han construido en la red sus propios blog, que, al margen de sus inquietudes muy personales sobre la vida (en rigor, con excesivo yoísmo, que es un vicio de todos los blogs), ofrecen lecturas de la realidad novedosas, hacen referencia a papers muy interesantes y disparan debates abiertos y entretenidos. Además, escriben de economía sin el formalismo de la academia ni la contaminación de los profesionales de la city. (Al final del artículo se mencionan blogs atractivos.)

Uno de esos blog es lacienciamaldita, de Lucas Llach (Rollo Tomasi, en su identidad en Internet), que en un post (nota) del 24 de julio escribió, en referencia al fracaso de la Ronda de Doha de liberalización del comercio internacional: “Cuando se trata de boludeces, las teorías conspirativas antiargentinas las ponemos en las tapas de los diarios. En cambio, cuando los poderosos del planeta deciden mantener ciertas políticas que tienen a Argentina como el país más perjudicado del mundo, mutis por el foro. Y eso que el NYTimes lo pone en primera plana. ¿Exagero con decir que somos el país más perjudicado del mundo? No”. Y remite a un trabajo que consiguió sobre el tema reproduciendo un cuadro estadístico impactante sobre el efecto en los países de una apertura de los mercados agropecuarios. El documento al que hace referencia se publicó en The World Economy (abril 2005) como Who bears the lost of agricultura support in OECD countries?, de Stephen Tokarick, economista vinculado con el FMI.

En un extenso y minucioso análisis sobre los efectos de la liberalización del comercio internacional en el área de la agricultura, Argentina lidera por lejos el país que más se beneficiaría por ejemplo, de la reducción o eliminación de los multimillonarios subsidios que Estados Unidos y Europa destinan a sus “ineficientes” productores. Según el cuadro de Tokarick, detallando países y regiones del planeta, Argentina mejoraría en 5 puntos en las relaciones comerciales con una liberalización global –de países desarrollados y en vías de desarrollo–, y en ese ranking lo siguen bastante más atrás Australia, Nueva Zelanda y Canadá con un beneficio de 2,8 puntos y luego Brasil, con 2,6. Para Argentina se traduciría en un beneficio de unos 2000 millones de dólares.

En un post posterior, del 7 de agosto, cuando el titular de la Organización Mundial de Comercio, Pascal Lamy, admitió el fracaso y el colapso de las negociaciones sobre el comercio mundial, Rollo-Llach escribió que “la Ronda de Doha se inició hace casi cinco años como un medio para mejorar la integración de los países pobres en la economía mundial. El comercio puede ser un instrumento poderoso para el desarrollo y ha desempeñado un papel determinante para sacar a cientos de millones de personas de la pobreza en países como China, India, Corea del Sur y Malasia”. En todo caso, con independencia del mayor o menor beneficio del comercio internacional, lo que emerge con claridad es la aguda hipocresía de las potencias económicas. De todos modos, ese comportamiento no es novedad, pero lo que sigue siendo increíble, teniendo en cuenta las enseñanzas que brinda la historia, es que el establishment local y los voceros que lo acompañan se rasguen las vestiduras por la apertura de mercados, por caso el de Venezuela, y digan muy poco sobre el proteccionismo de las naciones centrales. Y esa política no se transforme en una bandera de protesta permanente.

El historiador Mario Rapoport, en el libro de recopilación de artículos Crónicas de la Argentina sobreviviente. El presente en el espejo de la historia (editorial Norma), ilustra en uno de ellos (“El libre comercio y otras fábulas”) que “las naciones que lideran el planeta han sido alternativamente partidarias del libre cambio o del proteccionismo, cuando les convino y siempre en defensa del tipo de productos que les interesaba proteger”. Precisa esa política en Gran Bretaña en 1846 –con la abolición de las leyes de granos–, cuando ya era la principal potencia mundial, luego en Alemania en el siglo XIX, Japón en el siglo XX, los países asiáticos después de la Segunda Guerra Mundial. Todos practicaron el más cerrado proteccionismo para defender sus industrias y priorizaron su desarrollo científico y tecnológico. “Cuando ya no necesitan proteger sus industrias –aclara Rapoport–, como ocurre con los países de la Unión Europea, aparece el proteccionismo a sus no competitivos bienes agropecuarios a través de la Política Agraria Común”.

El fracaso de la Ronda de Doha, con el saldo negativo para Argentina, revela que como nunca existió una completa libertad de comercio tampoco existirá con la actual relación de poder económico en el mundo. Simplemente hay que saber que cuando se habla de libre comercio el discurso siempre está alejado de la realidad.

(Algunos blogs de economía, todos con la extensión .blogspot.com: homo-economicus; lacienciamaldita; olivera; rambletamble; abueloeconomico; bogieconomico).

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