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Domingo, 27 de agosto de 2006

E-CASH DE LECTORES

Adolfo Silenzi de Stagni

En momentos en que nadie discute en el mundo el carácter de bien estratégico de los hidrocarburos y donde Argentina es el único país donde las multinacionales del petróleo definen la política petrogasífera, adquiere singular importancia recordar a quien fuera uno de los más grandes defensores, en términos yrigoyeneanos, de nuestra segunda riqueza nativa: el petróleo. Para quienes ingresamos a la Universidad en el final de la década del ‘50, su nombre se suma con carácter relevante a una serie de compatriotas que asumieron la defensa de YPF ante la firma de los delictivos, irracionales y perjudiciales contratos por parte del presidente Arturo Frondizi. Asumido el gobierno por parte del Dr. Illia, en su carácter de asesor del mismo Silenzi colabora activamente en la elaboración de los decretos anulatorios 744 y 745 de noviembre de 1963 –documentos de eterno valor jurídico, moral y económico– juntamente con Carlos Alconada Aramburú, Acdel Salas, Antulio Pozzio, Juan Sabato, Roque Carranza y Amílcar Mercader. El trabajo fue elaborado por quienes fueran sus amigos Alberto Orol y Rodolfo Bledel –y publicado por la Comisión de Homenaje en noviembre del año 2000–. Resume con claridad las ideas básicas de su pensamiento, cuya vigencia está fuera de cualquier cuestionamiento, ante un gobierno nacional que profundiza la extranjerización de nuestra riqueza hidrocarburífera ante la pasividad de la gran mayoría de quienes se dicen opositores políticos partidariamente organizados y las críticas formales de los voceros del establishment. Incluso, el actual Presidente ha adoptado del frondizismo una parte del nombre que aplica a su gobierno: desarrollismo nacional. Lo señalado es una clara muestra de una crisis de representación ciudadana donde la defensa del patrimonio nacional pasa más por las organizaciones no gubernamentales que por partidos cuyos dirigentes están ocupados en llegar al poder para gerenciar el modelo neoliberal vigente, sin olvidarse de su salvación personal. Con algunas excepciones. Ante una situación como la descripta, el ejemplo de Silenzi de Stagni se agiganta, pues sacrificó su vida en defensa de sus ideales; habiendo sido un profesional poseedor de un buen pasar, murió en la estrechez económica. Nos corresponde a nosotros no dejar que mueran sus ideas.

Gustavo A. Calleja
Presidente
Fundación Arturo Illia para la Democracia y la Paz

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