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Domingo, 22 de julio de 2007

BUENA MONEDA

Otra profecía fallida

 Por Alfredo Zaiat

La torpeza de la intervención del Gobierno en el Indec ha dejado el terreno libre para el negocio de los indicadores de las consultoras privadas. Tanto se ha subvertido el orden en esa cuestión que índices de mediocres a malos, por la extensión de la muestra y las deficiencias metodológicas, se presentan con más autoridad que los producidos por el organismo oficial de estadísticas. Indices de precios al consumidor paralelos, cuantificación de canastas básicas de alimentos, indicadores de producción industrial y hasta análisis de la “inflación real” por la evolución de los precios en los supermercados se han convertido en el menú de ofertas de las consultoras privadas. El desarrollo de ese nicho de facturación no fue voluntario sino que fue entregado en bandeja de plata por la administración Kirchner con su insólita política de castigar la credibilidad del Indec. Pocas consultoras tienen historia propia con indicadores que ya estaban en el mercado y no aparecieron ahora como oportunistas, por caso la ortodoxa Fiel con su Indice de Producción Industrial. Pero la distorsión aparece cuando ese indicador es presentado a la sociedad por encima del elaborado por el Indec en cuanto a confiabilidad y rigurosidad. Resulta relevante esta precisión porque, el viernes pasado, el Indec difundió el Estimador Mensual Industrial –preparado por un departamento del Instituto que no está intervenido–, reflejando que la situación de máxima tensión en el régimen energético generó muchísimos trastornos a las empresas, pero no tantos como los que se expresaron en tono apocalíptico durante varias semanas. En cambio, el índice de Fiel muestra un efecto impactante sobre la industria por las restricciones energéticas. Así se genera una falsa controversia, que es de responsabilidad exclusiva del Gobierno por su bochornosa política con el Indec.

La principal diferencia metodológica entre IPI-Fiel y el EMI-Indec refiere a la ponderación de la industria automotriz. Mientras que la primera la subestima, en la segunda ocupa un lugar relevante, criterios dispares que pueden resultar apasionantes para debates de seminarios de profesionales de las estadísticas. Pero que ahora adquieren importancia porque junio fue el mes donde se expresaron varios episodios de estallidos en la provisión energética (GNC a las estaciones, faltante de gasoil, reducción del consumo de 16 a 24 horas en las plantas, entre otros). El mes pasado, IPI-Fiel reflejó con más intensidad la caída de la industria de agroquímicos-fertilizantes, mercado controlado por tres empresas que son ciento por ciento dependientes del gas. En cambio, el EMI-Indec expuso en forma contundente el boom de las terminales, que en ese mes alcanzaron su record histórico para junio al fabricar 47.573 unidades, 32,7 por ciento más que en el mismo mes del año anterior pese a las restricciones energéticas. Más allá de las entretenidas discusiones de técnicos sobre aspectos metodológicos, en primera instancia se presenta bastante más representativo el sector automotor que el agroquímico, por su importante encadenamiento a una serie de industrias proveedoras desde la chapa hasta decenas de piezas y partes para el auto. El IPI-Fiel reflejó una caída de 0,8 por ciento en junio con respecto al mismo mes del año anterior, mientras que el EMI-Indec mostró un alza del 5,0 por ciento. Con respecto a mayo, las cifras fueron negativas: 1,3 y 0,1 por ciento desestacionalizado, respectivamente. Una brecha que es bastante amplia como para que Fiel no evalúe revisar su metodología, teniendo en cuenta las transformaciones en la industria de los últimos años, y evitar –injustamente– que se lo considere “un dibujo”.

Las restricciones energéticas provocaron sin duda complicaciones a la industria, generando costos adicionales no previstos y problemas de organización de la producción, con más o menos impacto según subsectores. Pero una cosa es padecer dificultades y otra muy distinta atemorizar con el colapso industrial, pérdida de mercados y despidos de personal. Se sabe que las reglas de juego en la sociedad argentina indican que se deben dramatizar los inconvenientes para obtener respuestas a los reclamos, pero tampoco hay que exagerar porque se corre el riesgo de concluir luego que habían sido falsas las quejas. En su último informe mensual, el economista Miguel Bein se pregunta cuál ha sido el impacto de las restricciones de abastecimiento de energía sobre el nivel de actividad y se responde que “afecta más en la micro que en la macro e impacta más en la política que en la economía y en las finanzas”. Informa –virtud que carecen muchos gurúes de la city– que en el país, salvo 25 empresas, el resto tiene funciones de producción de proceso no continuo, por lo tanto con margen de recuperar producción a medida que se vaya normalizando la provisión de gas y electricidad a las plantas. Estima que la industria en junio y julio –los peores meses de limitaciones energética– crecerá entre 4 y 5 por ciento, aclarando que menos de lo que se esperaba pero igualmente con saldo final positivo, y que en agosto continuará con esa misma tendencia, pero con menor efecto. Adelanta que en octubre y noviembre la industria crecerá entre 8 y 9 por ciento porque –explica– en esos meses nunca hay faltante de gas, ni de electricidad. Bein indica que “ya en julio empieza a operar gradualmente la ampliación de la planta de aluminio de Aluar, que una vez en régimen permitiría ampliar 40 por ciento la producción, con un impacto de casi 1 punto porcentual sobre el EMI”. Para concluir que, “con la demanda firme, lo que vamos a ver es un cambio de estacionalidad, pero la producción va a seguir fuerte”, que lo lleva a pronosticar que la industria crecerá cerca del 7 por ciento en 2007.

Si finalmente ésa es la performance de la industria en un año que se ha convocado a comprar velas, ¿los profetas del miedo no estarán abusando de una sociedad que ha sido muy castigada durante décadas y por eso ha quedado llena de temores vinculados con la economía?

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