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Domingo, 7 de abril de 2002

EL BAúL DE MANUEL

BaúL I y II

I
Por detrás

Por M. Fernandez Lopez
Hay cosas que acaecen por delante, que se perciben como claramente distintas de otras que ocurren por detrás. Tome cualquier refrán de su preferencia (“quien mal anda / mal acaba”; “a quien madruga / Dios lo ayuda”) y córtelo por la mitad, como se indica; luego intercale en el medio la frase “por delante”, y al final, “por detrás”. Comprobará interesantes diferencias, sólo con saber si alguien está yendo o viniendo. Por ejemplo: un diez por ciento de los automovilistas revela una doble personalidad: cuando vienen, su vehículo luce respetable. Cuando se van, son Jack el Destripador. Ocultan el código alfanumérico de la chapapatente trasera de múltiples formas: un colgajo que asoma misteriosamente del baúl y tapa una letra o número; un compact insólitamente incrustado detrás de uno de los tornillos de la chapa, presuntamente para que obre como espejo reflector; una gruesa salpicadura de barro que, por casualidad, tapa una letra; un número retocado apenas con pintura negra, que motiva una lectura engañosa (un 8 convertido en 3); la chapa misma arqueada, doblada sobre sí misma, o cortada; una placa plástica azulada semitransparente que cubre la patente; el código lijado e irreconocible. No es que algunos automovilistas sientan pudor por mostrar su retaguardia, sino que, en el caso de avenidas o autopistas con sistemas de multas fotográficas, la identidad se constata por la chapa-patente trasera, y quienes no desean ser identificados hacen ilegible su patente, como los canes, que meten el rabo entre sus piernas cuando no desean exhibir su identidad a otros canes a los que presumen inamistosos. ¿Para qué se oculta la identidad? Quien antes de salir a la calle trabaja en desfigurar la patente revela un designio de salir a violar normas de tránsito sin pagar multa. El ocultamiento perfecto es quitar la patente, que también se hace, y lleva a recordar los Falcon verdes de la dictadura, sin patentes, para poder delinquir con impunidad. El que busca delinquir debe antes crear condiciones de impunidad. Aun en los niveles más altos del orden social: no hay otro motivo que explique ampliar la CSJ para llenarla de amigos, eliminar la Contaduría General de la Nación y la Auditoría General de la Nación. Quien delinque debe huir y tratar de no ser reconocible por detrás. Si este botón es una muestra válida, ¿cómo puede extrañar que nos consideren no confiables?

II
Disponible

Viste la cantidad de carteles enormes, al costado de la ruta, vacíos o con un gigante número telefónico, o con las leyendas “Publicite”, “Anuncie aquí”, “Disponible”? Pasa que las empresas en este momento no pueden gastar en publicidad, me explican. Yo sigo sin entender, pues si algo distingue a un producto de otro es su envase o ciertas cualidades que la publicidad nos enseña a valorar; salvo productos primarios, como el trigo, el petróleo, el pescado, la madera, el carbón, las empresas necesitan diferenciar su producto del de otras empresas, para crear clientes y atraer hacia sí su gasto. Es cierto que el gasto en publicidad es muy oneroso, pero la empresa no mira cuánto le cuesta, sino si con ese gasto hace alguna diferencia. Es decir, si genera un incremento de ventas superior al incremento de gastos que supone hacer publicidad, o para el caso, comprar una máquina o contratar a un obrero más. Y ese incremento de ventas no depende de lo que la empresa haga o deje de hacer, sino de decisiones de consumidores a los que ni conoce, ni puede influir sobre ellos para que gasten. Y el gasto de la gente depende en parte de su realidad presente y en parte de sus expectativas hacia el futuro: si muchos ven que las cosas suben y sus ingresos no, que sus ahorros están incautados por los bancos, que el gobierno se prepara para repetir la durísima experiencia indexadora de la Circular 1050 del Banco Central, y así siguiendo, más que gastar tratará de cavar una trinchera pararesistir. Esa trinchera es la abstención de consumo, que en la medida posible se complementa con ahorrar en dólares. La no-compra de la gente es no-venta para las empresas y, al venir mal las ventas, no hacen inversión en equipos, o en personal, o en publicidad. Si una empresa espera no vender, no hay capacitación laboral ni reducción salarial que haga óptimo tomar un trabajador. Aun a salario cero, un trabajador más no se recupera con las ventas. Si una empresa toma un empleado, éste gastará una parte del sueldo, pero difícilmente lo haga en productos de su nuevo empleador. Si muchas empresas toman empleados, sí generarían una capacidad de compra dirigida hacia ellas mismas, pero ninguna puede concertar ese amplio frente, salvo el Estado en nombre de la sociedad. Pero aquel, al congelar salarios, recortar salarios, echar empleados, crear corralitos e indexar deudas, difícilmente ayude a crear empleo nuevo.

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